| 9/15/2016 12:00:00 AM

La hora de Cárdenas y sus cartas para la reforma tributaria

El Ministro de Hacienda está preparando la gran reforma tributaria que busca garantizar la sostenibilidad fiscal del país. En entrevista con Dinero, plantea cómo está viendo la economía y cuáles serán los contenidos generales del ajuste en impuestos.

Después del plebiscito del 2 de octubre, un miembro del gabinete del presidente Santos se llevará todas las luces del debate público hasta que finalice el año. Se trata del ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, quien deberá liderar uno de los proyectos clave para el futuro de las finanzas públicas: la reforma tributaria estructural.

En entrevista con Revista Dinero, el funcionario explica su perspectiva sobre el devenir económico y advierte a los empresarios sobre el sentido del esperado ajuste de impuestos.

¿Cómo recibió las recientes cifras de inflación?

El dato de inflación de agosto fue, sin duda, una buena noticia y así lo reflejaron los mercados, porque tan pronto bajó la inflación –que estaba en 8,97%, a 8,1%– el mercado de los TES tuvo una reacción positiva, porque esos títulos se valorizaron: logramos tasas de 6,8% para 2024, la menor tasa que hemos tenido este año. 

¿Cree que hay que dejar quieta la tasa del Banco de la República?

Desde hace tres sesiones de la Junta del Banco mi postura ha sido mantener estables las tasas. En especial cuando terminó el Fenómeno del Niño y empezamos a ver estabilidad en la tasa de cambio y que se estaba desvaneciendo el efecto sobre los precios. En la última sesión esa ya fue una posición mayoritaria. De hecho, este ha sido un año de revaluación, y eso le ayuda a la inflación porque se reduce la presión sobre los importados. La inflación va a ser cada vez menor: al final del año podemos estar entre 7% y 6,5%.

¿Cómo vio las cifras de crecimiento?

El dato del segundo trimestre fue inferior al esperado por el mercado, por el Gobierno y por el Banco de la República. Ese dato estuvo afectado por la baja producción agrícola, la menor generación de energía eléctrica y siguió jugando en contra el sector petrolero, que tuvo una caída en la producción que le pega directamente al crecimiento, así como una caída en inversión y exploración, lo que afecta el rubro de obras civiles. En el segundo semestre esperamos 2,8% para poder terminar el año en 2,5%. Ese sería un crecimiento superior a Chile y México, inferior al de Perú y muy superior a lo que está pasando con los vecinos: Brasil -3%, Ecuador -3% y Venezuela -10%. En un contexto regional difícil, el 2,5% de Colombia no es mala cifra.

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¿Ese es el piso de crecimiento para Colombia?

Las proyecciones de prácticamente todos los analistas apuntan a que este es el año más difícil. El año entrante las cosas mejoran, entre otras cosas porque en 2017 tendremos más obras asociadas a las 4G y el segundo año de obras de los mandatarios regionales. Eso debe ayudar a mejorar el rubro de obras civiles por el lado de la inversión territorial. 

¿El plan de ajuste ha sido exitoso? ¿Se puede cantar victoria?

En esto uno tiene que ser muy prudente, hasta que no terminen los procesos de ajuste de la economía. Pero hasta ahora, yo no dudaría en decir que el ajuste colombiano ha sido exitoso, porque ha permitido que la economía absorba una caída de más de 3 puntos del PIB en sus ingresos fiscales y de más de US$20.000 millones en sus ingresos por exportaciones. La magnitud del ajuste en esos dos rubros  no tiene un paralelo en nuestra historia reciente. 

Pero el déficit en cuenta corriente sigue siendo un riesgo...

A comienzos de este año era la gran preocupación, llegamos a tener unos pronósticos de cuenta corriente para 2016 cercanos a 6% del PIB. El pronóstico más reciente del Banco de la República es de 5,3% del PIB y 4% del PIB para 2017, con lo cual se muestra que el déficit en cuenta corriente está en una clara senda de corrección y ya no genera el mismo nivel de preocupación que hace unos meses. 

¿Qué explica eso?

Algo que le ha ayudado a la economía colombiana a hacer el ajuste de forma gradual y ordenada, sin que haya generado una crisis o una desaceleración excesiva, han sido las entradas de capitales; hemos perdido exportaciones y se aumentó el déficit en cuenta corriente, pero también hemos recibido más inversión extranjera, especialmente de portafolio. Ha habido un aumento considerable: Colombia pasó de tener 3% de los TES en manos extranjeras en 2012, a 23% hoy. Eso quiere decir que han ingresado al país para comprar TES cerca de US$15.000 millones.

¿No es ese un riesgo emergente, por una eventual salida de capitales, si la FED sube tasas?

Esta es una economía abierta y no solo hay que tener en cuenta las entradas de inversión de portafolio, también la inversión extranjera, al igual que el financiamiento que recibe el Gobierno por las emisiones de sus propios bonos en el exterior. Por eso es necesario mantener un manejo macroeconómico sano, prudente y responsable. Esto nos pone un nivel de exigencia adicional, que se traduce en que debemos hacer todo lo necesario para mantener la calificación BBB.

¿La meta es mantener el grado de inversión?

Aquí quiero hacer una precisión. La República de Colombia tiene una calificación BBB; si la llegaran a reducir, quedaría en ‘BBB-’ que todavía es grado de inversión. El problema es que hay otros emisores en Colombia que son calificados internacionalmente, como Ecopetrol, Grupo Aval y Bancolombia. Ellos tienen la calificación triple ‘BBB-’ y, por ende, si a la Nación le bajan la calificación, los emisores colombianos que están en ese nivel pasarían a ‘BB+’, que ya es inferior al grado de inversión. Eso no lo podemos permitir, porque aumentaría el costo de financiamiento para el sector corporativo.

¿La paz ayuda algo en la calificación?

Las calificadoras le dan mucho peso a lo fiscal, pero también le dan peso a los temas de calidad y fortaleza de las instituciones o los indicadores de imperio de la ley, respeto por los derechos y sobre todo aspectos relacionados con la seguridad (legal y física). La paz con una reforma tributaria estructural y que consolide la situación fiscal del país nos permite asegurar la calificación ‘BBB’ hacia adelante.

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Así que el tema central es la tributaria. ¿Qué están pensando al respecto?

Las calificadoras no están pensando en que Colombia haga una reforma para cubrir las necesidades de 2017. El objetivo es de mediano y largo plazo, para garantizar la sostenibilidad fiscal del país. Es una reforma no para un gobierno sino para una Nación; no es una reforma para tapar huecos o conseguir recursos adicionales en 2017. Es una reforma estructural pensando en lo que va a generar hacia adelante. De eso depende que el país pueda consolidar su calificación ‘BBB’.

¿Cuál es el papel del presupuesto en esa estrategia?

Es un papel muy importante, porque el monto total aprobado esta semana en el Congreso es el monto que propuso el Gobierno a pesar del llamado de muchos sectores para aumentar el presupuesto. Pero lo que aprobó el Congreso fue lo que propuso el Gobierno, que es el monto consistente con la regla fiscal. Ese presupuesto permite lograr un déficit de 3,3% del PIB, que es una excelente señal a las calificadoras. Aprobamos un presupuesto con los ingresos que existen y con los ingresos que se esperan. Un gasto recortado nos permite llegar a ese déficit. El monto del presupuesto lo veo como la cuota inicial para consolidar la calificación y a eso se le debe sumar la paz y la tributaria.

¿Qué decirles a los que piden abandonar la regla fiscal?

No podemos pasar de ser un país en guerra pero con responsabilidad fiscal, a ser un país en paz pero con un manejo desordenado de las finanzas públicas. Eso significa que todos los gastos asociados a la paz tienen que hacerse dentro de los parámetros que brinda la sostenibilidad fiscal del país. 

¿Qué se necesita para el posconflicto? ¿Por qué no flexibilizar regla fiscal?

El acuerdo de paz establece en su punto sexto la necesidad de diseñar un plan de implementación que incluya las fuentes y los usos y da un plazo de 4 meses a partir de la instalación de la comisión de verificación. Ese plan tendrá que proponer inversiones que cumplan con los acuerdos pero que lo hagan de una forma espaciada en el tiempo, que permita cumplir con la sostenibilidad fiscal. Ese plan debe responder a las verdaderas posibilidades fiscales del país, no podemos forzar gastos para los que no tengamos un financiamiento adecuado.

¿Cómo se va a lograr la financiación?

La discusión sobre ese plan es uno de los puntos claves del debate público próximo. Se necesita establecer un tiempo amplio, unos 10 años, y lo más importante es la priorización del gasto –buscar que se concentre la inversión en las zonas más afectadas por el conflicto– y, naturalmente, la cooperación internacional.

Así que no van a flexibilizar la regla fiscal.

No, la paz tiene que sumar a ese gran atributo que tiene Colombia que es su responsabilidad fiscal.

Los empresarios han manifestado preocupaciones para tomar decisiones de inversión por dos temas: la paz y la tributaria. ¿Qué les dice?

Los empresarios van a tener un país en paz y un estatuto tributario más competitivo, con una perspectiva más duradera, porque es una reforma pensada en el mediano plazo, que despeja el panorama fiscal por lo menos durante la próxima década. Los empresarios van a estar llenos de argumentos para aumentar sus inversiones. Paz y economía van de la mano para generar un escenario más atractivo.

¿Qué es un estatuto tributario competitivo?

Un estatuto tributario que no genere decisiones por parte de los empresarios que optan por llevarse sus recursos a otros países.

¿Eso significa renta al 25%?

No logramos una cosa de ese nivel, porque por otro lado está el objetivo de la sostenibilidad fiscal. Pero sí buscamos que haya más competitividad y una parte de eso se logra simplificando. Por ejemplo, tenemos, en personas jurídicas, impuesto a la renta, Cree, sobretasa al Cree e impuesto a la riqueza. Lo ideal sería sintetizar todo esto en un solo impuesto. Tal vez el mensaje que les podemos dar a los empresarios es que lo que hoy se logra con cuatro impuestos se debe lograr con un único impuesto.

Los petroleros han pedido reducir el government take, ¿se les puede ayudar? 

El government take ya ha venido cayendo porque hemos permitido la creación de zonas francas costa afuera en El Caribe, lo que reduce la tarifa en impuesto de renta. Pero, en términos generales, la visión que tiene la comisión de expertos y que yo comparto es que se pueda hacer una reducción en la carga tributaria al sector empresarial independiente de si está en las confecciones, en el sector petrolero, o en los servicios o en siderurgia. Que logremos la tributación que permita la competitividad para todos, no para unos en particular.

¿En personas naturales qué han pensado?

Tenemos que lograr una reforma que sea más equitativa: que quien tiene más capacidad económica pague más. Es decir, que el estatuto tributario colombiano tenga aún más progresividad.

¿Con más gente declarando?

No necesariamente, estamos evaluando eso.

¿Se puede esperar algo en reducción de impuestos a la nómina?

Los resultados de la reforma de 2012 han sido tan efectivos y palpables, que uno sí quisiera avanzar más en esa dirección. No tenemos una propuesta específica ni la misión de expertos realizó recomendaciones en esa materia. Pero han salido varios estudios de entidades independientes como Fedesarrollo o el BID que muestran que los efectos de la reforma de 2012 sobre el mercado de trabajo han sido contundentes, porque redujeron la informalidad y aumentaron el empleo formal. Así que, si dio resultados, uno quisiera poder dar más pasos en esa dirección. Todavía nuestros impuestos a la nómina siguen siendo altos.

Se ha hablado de propuestas polémicas, inclusive subir el IVA.

La reforma tiene que ser vista integralmente y eso ocurrirá cuando el Gobierno la presente como un solo paquete. En este momento estamos en acuartelamiento de primer grado, trabajamos sin parar y sólo descansamos los domingos. Evaluamos el impacto en los sectores y analizamos todas las propuestas que se resumirán en el proyecto que vamos a presentar en octubre.

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