| 8/29/2012 6:00:00 PM

Entre cejas

Alberto Calderón, segundo a bordo de la multinacional minera BHP Billiton, enfrenta un momento difícil: lograr la prórroga de Cerro Matoso y lidiar con la caída en los precios de los commodities.

Alberto Calderón Zuleta, el ejecutivo colombiano con el más alto cargo a nivel mundial, está pasando por uno de los momentos más retadores de su meteórica carrera.

Calderón es el Chief Executive Aluminium, Nichel and Corporate Development de BHP Billiton, la minera que hoy se encuentra en el centro de la polémica por la prórroga del contrato para la explotación de ferroníquel en Cerro Matoso (Córdoba), que vence el próximo 30 de septiembre.

No extender el contrato de la mina de níquel a cielo abierto más grande del continente –y la cuarta en el mundo–, sería un duro golpe para la división que maneja el colombiano, pues es uno de sus activos más valiosos.

La mina produce hoy 50.000 toneladas anuales de ferroníquel y en los 30 años de explotación ha exportado 910.000 toneladas de níquel, lo que ha significado ingresos brutos por ventas para la compañía por $20,9 billones (US$11.000 millones) a junio de 2012.

Sin embargo, congresistas, entes de control y el mismo Gobierno parecen coincidir en que los beneficios económicos, ambientales y sociales para el país no han sido de la misma magnitud.

Pero esa no es su única preocupación. La multinacional acaba de anunciar una fuerte caída en sus utilidades debido a los crecientes costos y al declive en los precios de las materias primas como el hierro, cobre, carbón, níquel y aluminio ante la desaceleración de su mayor cliente: China. Las ganancias de BHP para el año fiscal que finalizó en junio se redujeron 21,2% al pasar de US$21.700 millones a US$17.100 millones (durante la segunda mitad del año la caída en la utilidad fue de 35%) ante problemas en sus diferentes líneas de negocio.

Frente a este panorama, el conglomerado minero con sede en Melbourne pondría en espera algunos de sus grandes megaproyectos, como la expansión de Olympic Dam, el cuarto depósito de cobre y la principal fuente de uranio del mundo ubicada en el sur de Australia, el proyecto de potasa Jansen en Canadá y el desarrollo de mineral de hierro y níquel en la Bahía Exterior en Australia, entre otros. Estos tres proyectos iban a representar inversiones por US$80.000 millones.

No obstante, la compañía anunció que mantendría la inversión anual de capital de US$22.000 millones para cerca de 20 proyectos en marcha que impulsarían sus volúmenes de producción para fines de 2015. Un panorama que aumenta la presión sobre el presidente ejecutivo de BHP, Marius Kloppers, y su comité ejecutivo, del cual hace parte Calderón desde hace seis años, pues la acción de la minera ha caído a mínimos de tres años.

Y si bien la caída del precio de los minerales ante la desaceleración china es un problema para la industria en general –prácticamente todas las grandes mineras mostraron un detrimento en sus resultados–, factores como la no extensión del contrato de Cerro Matoso, el cierre de algunas minas en el mundo y hasta la revaluación del dólar australiano, representan problemas para la multinacional y concretamente para Calderón, responsable máximo por todo el tema del níquel.

Sin embargo, este abogado y economista bogotano es perseverante en las grandes metas que se propone y un hombre de resultados. Ya lo demostró en la Empresa de Energía de Bogotá, donde logró encender el proyecto hidroeléctrico de El Guavio, que terminó el apagón de principios de los 90; en Ecopetrol, donde no solo manejó los sindicatos sino que incentivó la exploración y fue protagonista de la expansión que tuvo Cerrejón bajo su dirección.
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