| 4/11/2017 6:00:00 PM

Con la desaceleración, ¿aumentará el desempleo en 2017?

Ante la desaceleración de la economía, el comportamiento del mercado laboral no ha desmejorado todavía. ¿Cuáles son sus perspectivas?

En la actual coyuntura de desaceleración de la actividad económica, como resalta Fedesarrollo, el mercado laboral ha exhibido una gran resiliencia, con pequeños aumentos del desempleo y sin una mayor informalidad.

De esta manera, a pesar del pronunciado descenso del crecimiento del PIB entre 2013 y 2016 (de 4,9% a 2%), el desempleo nacional y urbano desestacionalizados promedio (9,2% y 10%) se incrementaron de un modo leve el año pasado (0,3 y 0,2 puntos porcentuales –pp–).

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En febrero de 2017, el impacto del estancamiento económico en el mercado laboral se sintió con una intensidad algo más alta, pues el desempleo nacional y el urbano (9,3% y 10,3%, respectivamente) se elevaron un poco más (0,5 y 0,7 pp por encima de un año atrás).

Las consecuencias de la desaceleración de la economía sobre el desempleo serían un tanto mayores si la proporción de la población activa respecto de la que está en edad de trabajar –la tasa global de participación (TGP)– no hubiera disminuido el año pasado (0,3 pp la nacional y 0,5 pp la urbana) y en el último trimestre móvil a febrero (0,5 pp la nacional y 0,7 pp la urbana).

El efecto de la ralentización del crecimiento es más evidente en la tasa de generación anual promedio del empleo, que disminuyó de 2,4% en 2015 a 0,6% en 2016, en el caso del nacional; y de 1,9% a 0,4%, en el caso del urbano.

En el trimestre móvil más reciente, las repercusiones del menor crecimiento sobre la expansión de la ocupación también se intensificaron. En este periodo el número de ocupados aumentó apenas 0,4% anual a nivel nacional, mientras que un año antes lo había hecho 2,1% anual, al tiempo que a nivel urbano se incrementó 0,3% anual, con un descenso de 0,1 pp.

Las perspectivas del mercado laboral no lucen preocupantes, siempre que la expansión de la actividad económica se torne más dinámica. El promedio de los analistas encuestados por el Latin Focus Consensus Forecast, en marzo, proyecta que el desempleo permanecerá estable (9,3% en 2017 y 9,1% en 2018), bajo el supuesto de que el crecimiento se acelere (a 2,4% y a 3%).

Sin embargo, las señales preliminares de estancamiento del primer trimestre podrían desmejorar también este comportamiento esperado del mercado laboral.

Por el momento, otra señal de su resiliencia es que la informalidad no se ha incrementado todavía. Sin duda, la disminución de los altos costos laborales no salariales (CLNS) en el país, llevada a cabo en la reforma tributaria de 2012 –las contribuciones al ICBF (3%) y al Sena (2%), junto con el aporte a la salud hecho por los empleadores (8,5%)–, ayudó a que la ocupación formal aumentara desde 44% ese año a 49% el pasado y a que el mercado ganara alguna flexibilidad.

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No obstante, según la Anif, los CLNS en Colombia representan todavía cerca de 50% de un salario formal. Esta elevada magnitud impide un ajuste eficiente del mercado laboral. Con unos CLNS menores el ajuste ocurriría con unas tasas de desempleo más bajas, incluida la de pleno empleo, que continúa alta (9%). Esa magnitud de CLNS contribuye también a mantener una alta segmentación del mercado, que en la actualidad se divide por mitades entre el formal y el informal.

La reforma tributaria que se aprobó a finales del año pasado hizo extensiva a las empresas de las zonas francas la reducción de CLNS de 2012. Es una lástima que no hubieran disminuido otros CLNS para todas las empresas que operan en el territorio nacional, como los aportes de los empleadores a las cajas de compensación familiar (4%) y la parte de la contribución a la salud y las pensiones de los empleados formales, que constituye un subsidio para los que no contribuyen. Haberlo hecho facilitaría que el mercado se ajustara mejor en esta coyuntura y que las tasas de desempleo e informalidad disminuyeran más en el mediano plazo. Sin embargo, eso hubiera requerido financiar con impuestos generales esos subsidios, lo cual hubiera implicado incrementar la carga tributaria. Si se hubiera elevado de una manera más progresiva la que grava a las personas, quizá se habría contribuido un poco a disminuir la inequidad.

Foto: El mecanismo de determinación del salario mínimo en Colombia no es adecuado, porque lo convirtió en un instrumento de exclusión del mercado formal para los trabajadores menos productivos.

Desde el punto de vista de la resiliencia del mercado laboral, no parece una buena idea encarecer el trabajo en términos reales en una fase de aguda desaceleración de la actividad económica, al incrementar el salario mínimo por encima de la inflación y de la productividad laboral, como se hizo en los dos últimos años. Con ello se dificulta la generación de empleo formal.

Con un aumento del salario mínimo por encima de la inflación tampoco se favorece la convergencia de ésta ni la de las expectativas de incremento de los precios a las metas del Banco de la República. Esto no facilita la reducción de la tasa de interés de la política monetaria, para estimular el consumo y la inversión, en una época en la cual la economía carece de fuentes de demanda y de motores de crecimiento.

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Esos incrementos del salario mínimo ponen en evidencia que el mecanismo por medio del cual se determina no es el más adecuado, porque puede evitar que la remuneración del trabajo se ajuste de una manera contracíclica. Si pudiera hacerlo de una manera flexible y de acuerdo con una reglas menos discrecionales, se podría evitar un descenso en la generación de empleo y un incremento en la tasa de desempleo, cuando languidece la actividad económica.

Ese mecanismo condujo, además, a un salario mínimo demasiado alto en el país, que representaba según la Ocde 96% del mediano en 2013. Por este motivo, se convirtió en una barrera de entrada para los trabajadores poco productivos –que con frecuencia son los menos calificados y los más jóvenes– al mercado formal, debido a que emplearlos en esas condiciones no resulta rentable para los empresarios.

De esta manera, el mecanismo de determinación del salario mínimo en Colombia lo convirtió en un instrumento de exclusión, que contribuye también a mantener una alta segmentación del mercado laboral y no ayuda a reducir la pobreza ni la inequidad.

Como consecuencia de la supervivencia de unos elevados CLNS y de un mecanismo inadecuado de terminación del salario mínimo, la ineficiencia del mercado laboral no ayuda a mejorar la competitividad ni la productividad de la economía y contribuye a que el país tenga unas elevadas tasas de desempleo e informalidad. Unos menores CLNS y un salario mínimo menos excluyente contribuirían a que el trabajo se pudiera emplear de una manera más intensa en el país, lo cual mejoraría la capacidad de crecimiento de la economía y el bienestar de la población en el mediano plazo.

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