| 7/18/2012 7:00:00 PM

El vacío de Angelino

Independientemente de razones de tipo humanitario, el tema de la eventual sucesión en la Vicepresidencia ya no da espera. Posibles escenarios.

El 4 de julio, dos días antes de que los médicos de la clínica Reina Sofía le dieran de alta y enviaran a rehabilitación al vicepresidente Angelino Garzón, el presidente Juan Manuel Santos hizo un pronunciamiento que lo dejó entre dos fuegos: se declaró partidario de una reforma constitucional para restablecer la figura del designado presidencial.

Una parte de la clase política consideró que sus palabras constituían un irrespeto para su coequipero que busca reponerse de las secuelas de una isquemia cerebral. Otra, encabezada por una disidencia del Partido de La U, lo acusó de estar saboteando el proyecto del expresidente Álvaro Uribe de convertirse en fórmula vicepresidencial de su exministro Óscar Iván Zuluaga para 2014.

Como quiera que haya sido, el tema de la eventual sucesión en la Vicepresidencia ya no da mayor espera. Constitucionalistas consultados coinciden en que, en la medida en que se prolongue la convalecencia de Garzón, se abre un vacío legal que no será fácil de llenar y que podría producirle daño al sistema institucional concebido por los constituyentes de 1991. El hecho es que hoy no hay un Vicepresidente en funciones y que, en el caso hipotético de una falta absoluta del Presidente, no habría cómo sucederlo.

Juan Manuel Charry Urueña, exprocurador y asesor de la comisión especial legislativa conocida como Congresito, explica que la gente tiende a creer que cuando la Constitución habla de “falta absoluta” se refiere a la muerte de un funcionario.

“No, la falta absoluta también se relaciona como una incapacidad permanente”, observa el experto, aunque aclara que el suyo es un pronunciamiento en abstracto.

Más allá de los debates bizantinos, a los que está acostumbrado el país, otros especialistas opinan que ha llegado el momento de considerar los escenarios para una sucesión, en caso de que Garzón, de 65 años, deba alejarse al menos por un tiempo de la vida pública.

En manos del Congreso

María Cecilia Lafaurie, profesora de derecho público, dice que cualquier opción que se aplique para hacer efectiva la sucesión tendrá que pasar por el cedazo del Congreso. Incluso si el gobierno insiste en promover el regreso a la figura del Designado, dignidad que ya ostentó Santos.

El artículo 205 de la Constitución prevé que, en caso de falta absoluta del Vicepresidente, el Congreso, convocado por el Presidente o a iniciativa propia, se reunirá para elegir a su sucesor. La Ley orgánica mediante la cual fue adoptado el reglamento del Congreso prevé que el elegido debe ser del mismo partido o movimiento político que eligió al Presidente.

Esta exigencia podría convertirse en la práctica en un galimatías porque, aunque fue avalado por el Partido de la U, no está claro que Garzón pertenezca a ese partido. Eso plantearía un predicamento al Presidente que, por razones obvias, querría tener un margen de maniobra para hacerle el guiño a alguien de su absoluta confianza. Las cámaras legislativas no son convidadas de piedra en el proceso y es seguro que querrían convertir el evento de la elección en un escenario de acuerdos políticos.

La reforma constitucional para volver a la figura del Designado también debería tener trámite en el Congreso y podría dilatar una solución en la actual coyuntura. Charry y Lafaurie están de acuerdo en que hay una dificultad adicional: la ley no prevé reemplazos para faltas temporales del Vicepresidente, por lo cual sería necesario aplicar por analogía la legislación común que rige para los demás servidores públicos, y el Presidente tendría que designarlo por decreto.

¿Se animaría a correr riesgos constitucionales para hacerlo? El debate todavía está crudo, pero parece haber llegado la hora de que se cocine.

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