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El ministro Gaviria está en acuartelamiento de primer grado, preparando la nueva reforma al sistema de salud. Ese es su reto principal para este año.

| 2/21/2013 10:00:00 AM

El quemadero

Alejandro Gaviria es el ministro peor calificado por los empresarios del país, según la encuesta de Dinero e Invamer Gallup. A pesar de sus buenas credenciales, es la nueva víctima de la cartera más problemática que tiene Colombia: la de Salud.

Tal vez esta sea la primera vez que Alejandro Gaviria, uno de los más reputados economistas colombianos, saca una mala nota. Así fue en el más reciente Ministrómetro de Revista Dinero, en el que se encuesta a 200 presidentes y vicepresidentes de las empresas más grandes del país sobre el balance de gestión de los Ministros de Santos. Según la encuesta, Gaviria tiene la peor calificación de todos.

El tema no sería noticia si se tratara de un funcionario sin credenciales o sin amplio bagaje académico. Pero Gaviria es uno de los economistas más respetados del país, con un nivel de independencia que le reconocen hasta sus más reacios críticos. Así lo demostró siendo profesor universitario, investigador y subdirector de Fedesarrollo y de Planeación Nacional, y recientemente decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes.

Pero todo parece indicar que Gaviria es la nueva víctima del principal quemadero de grandes figuras que tiene Colombia hoy: el Ministerio de Salud. Desde la desafortunada desaparición de Juan Luis Londoño, quien todos coinciden era la persona que más sabía sobre el sistema de salud en Colombia, por ese despacho han pasado Diego Palacio, Beatriz Londoño y Mauricio Santa María, todos ellos funcionarios de muchos quilates. Pero ninguno ha logrado torcerle el cuello a los grandes problemas del sistema.

Resolver los huecos financieros de la salud suena a tema recurrente en la agenda nacional. Y, año tras año, se realiza alguna reforma para mejorar las cuentas de los hospitales y las EPS. Al final del día, ninguna medicina parece servir.

En el caso de Gaviria, es verdad que apenas lleva cinco meses al frente de la cartera. Y algunos expertos aseguran que sería injusto decir que él no ha hecho nada. Por ejemplo, Jaime Arias, presidente de la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (Acemi), que representa a las EPS del país, señala que, por el contrario, Gaviria ha tomado varias decisiones clave durante estos cinco meses.

El Ministro le ha inyectado recursos al régimen subsidiado, no sólo con plata del presupuesto, sino con un aumento en el valor de la Unidad por Capitación (UPC); es decir, el valor que se le reconoce a las EPS por cada paciente afiliado. Además, ha buscado mecanismos para destrabar dineros del régimen subsidiado y formas para salvar los hospitales públicos.

Sin embargo, hasta el momento, es posible asegurar que las expectativas en torno del nombramiento de Gaviria fueron mucho más altas que los resultados mostrados. Así, por lo menos, lo deja ver la calificación que los empresarios le dieron a Gaviria.

En el sector se siguen quejando básicamente de lo mismo: grandes cantidades de dinero no están llegando rápidamente a las instituciones de salud, los usuarios mantienen serios reparos acerca de la calidad del servicio, persisten las demoras y las glosas a los recobros que hacen las EPS por tratamientos y medicamentos no incluidos en el Plan de Salud (POS). ¿Qué es lo que pasa y por qué es tan difícil superar estas barreras?

Las respuestas parecen muy sencillas: que la cirugía que necesita el sistema es mucho más grande de lo que cualquier Ministro pueda impulsar. Y a esto se le suma que el sistema, por la cantidad de recursos que maneja, cerca de 6% del PIB, está capturado por muchos intereses.

El principal problema de todo Ministro de Salud es que su trabajo no solamente tiene que ver con asuntos técnicos. Por ejemplo, el propio Gaviria ha tenido demasiadas dificultades para completar su círculo de confianza. Solo dos meses después de nombrado, pudo posesionar a un hombre de su cuerda en la Superintendencia de Salud. En el sector se rumora que fueron muchas las presiones de congresistas que buscaban colocar sus fichas en esa institución. Así pues, uno de los frentes de batalla permanente es el político. En este sentido, a Gaviria le toca vivir concentrado en impedir que le metan goles.

Pero esa es apenas una cara de la moneda. Además, también es claro que los problemas financieros persisten. Ahora el caso más dramático es el de muchas EPS del régimen contributivo que están pasando aceite desde hace varios años. Según el balance preliminar del sector, a septiembre del año pasado las pérdidas operativas ya iban en $89.000 millones. Esto es así, fundamentalmente, por los pagos no POS que hacen las EPS y cuyo recobro depende de la decisión del Gobierno. Esa ha sido la historia desde hace varios años.

Aquí el asunto es muy claro: el país tiene que definir a rajatabla hasta dónde va a financiar la salud de los colombianos. No es posible que contra las finanzas de la salud se estén pagando todos los procedimientos, hasta los cosméticos y estéticos.

Estos factores sumados han hecho que la sensación generalizada hoy entre los actores del sistema sea la incertidumbre. La reforma tributaria movió las placas tectónicas del régimen de salud, al señalar que no se financiará con recursos parafiscales sino con recursos del Presupuesto. Por eso apareció el Impuesto sobre la Renta para la Equidad (Cree). Eso implica que el Ministro deberá concentrarse en promover una reforma a la Ley 100 para ponerla a tono con la nueva realidad presupuestal de la salud en Colombia: que los servicios ya no se financiarán con parafiscales a la nómina sino con recursos fiscales incluidos en el Presupuesto.

Eso implica, por ejemplo, que será necesario revisar el rol de las EPS en el sistema y redefinir la manera como la liquidez llegará a quienes presten los servicios.

Además de esta reforma, Gaviria debe impulsar, también en el Congreso, la reglamentación del derecho a la salud, una reforma estatutaria que está engavetada desde hace varios años y que no se ha podido impulsar. Esta nueva ley definirá los límites del derecho a la salud para todos los colombianos: es un tema demasiado sensible y políticamente incorrecto, porque significa ponerle talanquera al gasto en salud.

Para muchos, la mala nota de Gaviria no está asociada a su ejecución, sino a la enorme incertidumbre que hay sobre el futuro del sistema. Así que, por ahora, el Ministro sale rajado por lo que no ha hecho todavía y deberá hacer en los próximos meses. Todo indica que la mayoría piensa que no lo va a lograr. Eso será lo que más jugará en su contra.

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