Revista Dinero

Juan Manuel Santos, Presidente de Colombia.

| 6/6/2012 6:00:00 PM

El precio de la paz

Hacía mucho tiempo el país no contemplaba, con tanta firmeza como ahora, la posibilidad de un acercamiento con las Farc. ¿Qué es lo que hay en juego para la economía y el país?

Luego de los fallidos intentos de negociar la paz con las Farc en épocas del Caguán, durante el gobierno de Andrés Pastrana, el país no había vuelto a contemplar la posibilidad de un nuevo acercamiento con ese grupo ilegal. Pero los debates que en las últimas semanas se vienen suscitando dentro de los círculos de poder, la prensa nacional e incluso entre los ciudadanos de a pie, terminan siempre en lo mismo: la necesidad de buscar la paz.

Y no solo por el proyecto que se está cocinando en el Congreso de la República sobre el marco jurídico para una eventual transacción con las guerrillas, sino porque cada vez toma mayor fuerza una versión según la cual esas aproximaciones con los grupos insurgentes estarían más adelantadas de lo que hasta ahora se sospecha.

Sobre el asunto ha habido toda suerte de especulaciones. A comienzos de mayo el expresidente Álvaro Uribe –por mencionar un caso– dijo que fuentes del Ejército le aseguraron a puerta cerrada que el mandatario venezolano, Hugo Chávez, estaría sirviendo de intermediario para propiciar un posible diálogo. Otros, por su parte, están convencidos de que el Gobierno tiene conformado un equipo que, por debajo de la mesa, ya habría dado varios pasos en ese mismo sentido.

El general retirado del Ejército, Jaime Ruiz Barrera, actual presidente de la Asociación Colombiana de Oficiales en Retiro (Acore), va más allá de esas conjeturas. En una larga conversación con Dinero, el ex oficial apuntó que en varios sectores, especialmente políticos, militares y de pensamiento, se oye mencionar con mucha insistencia el nombre de un alto consejero presidencial que, al parecer, estaría trabajando en esos acercamientos con las Farc.

De ser cierto ese rumor, las preguntas que quedan en el aire no son pocas: ¿cómo y qué es lo que están negociando?, ¿hasta dónde está dispuesto el Estado a ceder ante las peticiones de las Farc?,¿tiene la guerrilla la suficiente legitimidad para sentarse de tú a tú con el Gobierno?, ¿es conveniente para el país –en el evento de existir esos diálogos– negociar de forma clandestina? y, finalmente, ¿llegarán los líderes de la insurgencia a ocupar cargos en las instituciones democráticas, por cuenta del marco jurídico para la paz?

Las respuestas son tan complejas como abstractas. Y para entenderlas es necesario remontarse a los años de los diálogos en el Caguán. Bajo el liderazgo del desaparecido Manuel Marulanda Vélez, ‘Tirofijo’, por esos días las Farc no solo hablaban de su deseo de participar activamente en la política del país sino de sentarse a discutir con el Gobierno varios puntos cruciales de la agenda nacional. Reformar, por ejemplo, la doctrina militar y el modelo de desarrollo económico, así como revisar la conveniencia de la inversión extranjera y las privatizaciones.

El entonces presidente Pastrana, convencido de que el entorno era el propicio para avanzar en el diálogo, no dudó en meterle el hombro a los acercamientos con la guerrilla. Por eso contrató como asesor del proceso al estadounidense Roger Fisher, el hombre más influyente del mundo en temas de negociación y, al mismo tiempo, un respetado profesor de la facultad de derecho en la Universidad de Harvard.

Pero pese a su innegable experiencia en países en conflicto, fue muy poco lo que Fischer pudo hacer en Colombia. Tras varias reuniones con la plana mayor del secretariado de las Farc, el emisario se dio cuenta de que las peticiones de los guerrilleros no eran más que una mera formalidad. Por eso, a los pocos días le dijo a Pastrana que abandonaba el ‘barco’, pues se trataba de un grupo con el que no había condiciones para negociar.

Quienes conocen el tema de la paz creen que en la actual coyuntura los planteamientos de las Farc poco o nada han cambiado en relación con aquellos años. Así que más allá de volver a discutir sobre reformas agrarias y apuntarle a grandes transformaciones de los modelos económicos del país, lo que señalan los analistas es que en los diálogos que se estarían adelantando, el Estado debería concentrarse en el desmonte del narcotráfico.

De lo contrario, una eventual desmovilización de las guerrillas terminaría en la atomización de pequeñas células dedicadas al tráfico de drogas, tal y como ocurrió con los paramilitares con la no muy bien ponderada Ley de Justicia y Paz.

¿Un guiño a las FARC?

Otro tema que, a la luz de los expertos llevaría a pensar que sí ha habido acercamientos con la guerrilla es la reforma constitucional del Marco Jurídico para la Paz. Una propuesta a la que el gobierno Santos le está metiendo el acelerador a fondo, con el ánimo de que el próximo 20 de junio sea aprobada en el Congreso.

Las críticas al espíritu de la iniciativa han estado a la orden del día. Los más radicales la han calificado como un indulto disfrazado, que perdonaría crímenes atroces. Afirmaciones que, según el senador Roy Barreras, autor y ponente del proyecto, son falsas (ver entrevista).

Pero más allá de ese debate, lo cierto es que las experiencias del pasado demuestran que este tipo de trámites no necesariamente dan los resultados que se esperan. Fue el caso de la amnistía que durante el gobierno de Belisario Betancur se aprobó en el Congreso a instancias del gobierno Nacional. “Era una amnistía incondicional para todo el mundo, con la esperanza ilusa de que iba a ocasionar la desmovilización de las Farc. Pero al final, la misma guerrilla se encargó de decir que esa no era la fórmula para alcanzar la paz”, dice Alfredo Rangel, director del Centro Seguridad y Democracia.

En España, ocurrió algo similar. En 1977, el gobierno de ese país puso en marcha una ley que a la postre perdonaría los crímenes de grupos como la Eta y el Grapo. A diferencia de lo que se había presupuestado, la violencia se multiplicó.

Así pues, a la hora de sentarse a negociar con las Farc, los asuntos que deberá enfrentar el Gobierno no serán pocos. Y si realmente los rumores en el sentido de que el Estado ya está trabajando en un acercamiento con la guerrilla, el llamado es a no repetir los errores del pasado y a tener en cuenta las necesidades del presente.

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