Revista Dinero

Gustavo Petro, alcalde de Bogotá encomendó la tarea de constituir una Asociación Público Privada a hombres de su entera confianza para reinventar el Transmilenio.

| 3/8/2013 2:00:00 PM

El plan B

Dinero revela detalles inéditos de los planes que tiene Gustavo Petro para reemplazar los viejos y contaminantes buses articulados de Transmilenio de la Caracas y la Calle 80. Exclusivo.

Mientras los ojos de los bogotanos se posan por estos días sobre la revocatoria del mandato de Gustavo Petro, el desmadre desatado por el impuesto de valorización y el escándalo de los concejales involucrados en el carrusel de contratos; silencioso, se gesta un plan dentro de Transmilenio. En líneas gruesas, el asunto va encaminado a crear una asociación público privada (APP) con el único propósito de reemplazar los viejos y contaminantes buses articulados que hoy ruedan por las fases I y II del sistema. En su lugar, llegaría una moderna flota de vehículos híbridos y eléctricos.

De finiquitarse la negociación, sería la más grande que haría Bogotá durante la era Petro. Pero, ¿en qué consiste exactamente el asunto? Para entenderlo, lo primero a tener en cuenta es que en diciembre de este año la vida útil de los buses rojos que recorren las troncales de la Avenida Caracas y la calle 80 habrá llegado a su fin. Ese detalle significa, ni más ni menos, que la administración Distrital –en cabeza de Transmilenio S.A.– deberá abrir en los próximos meses una megalicitación con miras a remozar esa desvencijada flota.

El gerente de Transmilenio, Fernando Sanclemente, sabe con certeza lo que le viene cuesta arriba. Por eso, ya dejó claro ante la opinión pública que sus esfuerzos se concentrarán en dejar listos los prepliegos que darán vía libre a la famosa licitación.

Lo que muy pocos saben, sin embargo, es que al tiempo que Sanclemente trata de dejar sentadas las bases del negocio, intermediarios de la Alcaldía tienen en la puerta del horno lo que podría ser la carta escondida de Gustavo Petro para reinventar el Transmilenio. La idea es realmente revolucionaria: constituir una APP entre los operadores del SITP, los operadores de la fase I y II de Transmilenio y la Empresa de Energía de Bogotá (EEB).

Esa especie de ‘consorcio’ estaría bajo la batuta de la EEB, con una participación accionaria de 51%. El resto quedaría en manos de los operadores privados. Se trata, pues, de un coqueteo que apenas florece y que, tal como quiere hacerlo Gustavo Petro, tendría la supervisión de la Cámara de Comercio de Bogotá e Invest in Bogotá.

Pero, ¿cuál es el objetivo de crear esta particular alianza? Fundamentalmente, replicar algo que en París es conocido como Compañía Arrendataria Autónoma de los Transportes Parisinos (RATP, por su sigla en francés). Un modelo público encargado de gestionar las redes del metro de la capital francesa, así como de otros sistemas de transporte urbano de esa ciudad.

Guardadas las proporciones, lo que busca la APP capitalina es implementar la versión ‘criolla’ de la RATP de París en Bogotá. Su nombre sería Empresa de Transporte Masivo del Área Metropolitana (Etmam) y su misión estaría concentrada en desarrollar y operar el Metro, el Transmilenio, los metrocables, el tranvía... en fin, todos los modelos de transporte que por décadas vienen anhelando los bogotanos.

A primera vista el proyecto suena atractivo. No obstante, para nadie es un secreto que antes de 2019 la capital no cristalizará el sueño de ver andando un metro pesado. Así como tampoco verá, en el corto plazo, un tranvía por la 7ª. Por ello, para poner en marcha la Etmam, la única opción es construir sobre lo construido. O, en otras palabras: transformar las fases I y II de Transmilenio.

La era de la electricidad

La reingeniería de la que sería objeto Transmilenio –por parte de la APP– gira alrededor de tres premisas. La primera, cambiar paulatinamente los buses de las fases I y II por vehículos eléctricos y catenarias (buses que reciben energía mediante líneas aéreas, como los trolebuses). La segunda, construir los pasos deprimidos de las troncales, los más de 3.000 paraderos que requeriría el modelo y poner en pie las obras urbanísticas que acompañan este tipo de apuestas. Y, por último, desarrollar una tecnología de punta para el tema del recaudo.

A mano alzada, el costo total del proyecto podría superar los US$1.000 millones. Una multimillonaria partida que se explica con un simple ejercicio de aritmética: cada bus cuesta US$500.000 y hoy el sistema necesita 2.000 y al menos 500 alimentadores.

Pero ante semejantes números queda un interrogante en el aire: ¿qué tantos avances ha habido con este proyecto de APP? La respuesta es contundente: más de lo que algunos alcanzan a sospechar. Y se sustenta en el hecho de que Petro encomendó a hombres de su entera confianza la tarea de dejar totalmente estructurado el plan antes de junio próximo.

Dinero pudo establecer que los ‘emisarios’ del Alcalde se han reunido en varias oportunidades con representantes del SITP y de Transmilenio, así como con la presidente de la EEB, Sandra Fonseca. Todos ellos deberán emitir un concepto en las próximas semanas sobre la viabilidad de la APP. De llegar a un acuerdo, el transporte público de Bogotá entraría en la era de la electricidad y Transmilenio empezaría a transitar por una nueva ruta.

Quienes conocen el tema lanzan una frase lapidaria: es la oportunidad de oro para que el Alcalde revierta su imagen negativa y los operadores no tengan que participar en una licitación engorrosa. Y rematan con algo más contundente: es una obra de infraestructura que no dependerá de la cuestionada capacidad de ejecución que tiene Gustavo Petro.

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