| 10/3/2013 11:00:00 AM

El plan maestro

Dinero revela en exclusiva los planes que tiene la Alcaldía de Bogotá con cinco de las constructoras más importantes del país para poner en pie un megaproyecto urbanístico que sobrepasaría los $4 billones. ¿De qué se trata?

Durante las últimas semanas de septiembre, un temporal cargado de críticas, demandas y voces en contra del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá (POT) agitó con fuerza los cimientos de la administración distrital. Al unísono, el Consejo de Estado, el Ministro de Vivienda, el gremio de los constructores, algunos concejales y hasta ciudadanos del común, no solo pusieron en tela de juicio la legalidad del decreto sino que advirtieron sobre las consecuencias negativas que, a su buen criterio, podría acarrear en materia de empleo, costos de vivienda y desarrollo urbanístico.

El malestar, sin duda, fue generalizado. No obstante, mientras los ánimos seguían crispándose, en silencio el alcalde, Gustavo Petro, su secretario de Planeación, Gerardo Ardila, y los representantes legales de cinco renombradas constructoras del país fraguaban quizás el proyecto urbano más ambicioso de los últimos tiempos en Bogotá: un complejo de cuatro megaciudadelas -al mejor estilo de los barrios el Salitre o la Felicidad- erigidas sobre una vasta porción del centro capitalino. ?Pero, ¿de qué se trata exactamente el plan, cómo empezó a cocinarse y a estas alturas qué tan avanzado luce? Pues bien, todo se remonta a finales de agosto, cuando instalado en Ciudad Bolívar, el Alcalde adoptó el POT por decreto y –de paso- abrió uno de los mayores debates que recuerden los bogotanos.

No terminaban de conocerse los alcances de la disposición, cuando a los pocos días de entrar en vigencia, los gerentes de las constructoras Bolívar, Pedro Gómez y Cia., Ospinas, Amarilo y Cusezar, concertaron una cita con el burgomaestre y su secretario de Planeación para encontrar una fórmula encaminada a usufructuar el polémico Plan de Ordenamiento.

De punta en blanco y transportados en una pequeña camioneta, los cinco ejecutivos finalmente llegaron a una improvisada oficina donde entonces despachaba el mandatario local, en el sur de la capital. En compañía del presidente de Naturgas, Eduardo Pizano, y del respetado urbanista Camilo Santamaría –también presentes en el encuentro-, por horas discutieron opciones de negocios alrededor del POT.

A lo largo de la charla, que cada vez se tornaba más cálida, al punto que los asistentes decidieron despojarse de sus corbatas, las partes llegaron a un acuerdo: apostarle a un plan de renovación urbana en el centro ampliado –desde la calle 100 hasta la 1ª y entre la circunvalar y la Boyacá-, con vivienda, usos mixtos de suelo, centros comerciales y colegios.

La idea es realmente ambiciosa: poner en pie todo lo anterior, sobre cuatro lotes de por lo menos 10 hectáreas cada uno. Su construcción demandaría más de 15 años y, por supuesto, estaría en cabeza de las constructoras mencionadas. Y aunque su valor definitivo aún no se ha definido, quienes conocen el tema de primera mano se atreven a señalar que podría bordear los $4 billones.

Por su parte, una comisión de la Secretaría de Planeación Distrital se encargaría de supervisar la megaobra y, al mismo tiempo, de imprimirle el sello y los componentes contenidos dentro del nuevo POT. Dinero también pudo establecer que en el proyecto estaría presente el director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, Salvador Rueda, un prestigioso urbanista catalán que defiende a capa y espada las ciudades compactas y sostenibles.

Incluso hasta para los más escépticos, es una apuesta tan beneficiosa como necesaria para Bogotá. Pero, ¿qué tan viable es y en qué estado se encuentra?

Camino culebrero
Antes de que termine octubre, los gerentes de las cinco constructoras involucradas en el plan se reunirán nuevamente con el Alcalde. Ese día tendría que quedar firmado un acuerdo según el cual los privados asumirían la financiación de la obra y su construcción, bajo los mandamientos del Plan de Ordenamiento Territorial hoy vigente. El Distrito, a su vez, quedaría comprometido a gestionar los cuatro lotes cuya ubicación exacta es confidencial. Y, si las cosas marchan según los presupuestos, pasados 60 días de la reunión, la iniciativa vería luz verde.

Suena sencillo. Sin embargo, una talanquera de enormes dimensiones ya se asoma en medio del camino: las demandas que tiene el POT en contra y las que dentro de poco serán radicadas. Bajo ese panorama, la pregunta que surge es más que obvia: ¿tiene futuro el plan de los constructores y la Alcaldía si prospera tan solo alguna de las acciones legales interpuestas?

Lo primero para tener en cuenta es que en estos casos generalmente los fallos se demoran más de un año. No obstante, el alboroto desatado por el POT ha sido tal que es muy probable que los tribunales sientan presión y terminen emitiendo un concepto antes de lo previsto. Así las cosas, si este escenario resulta cierto y el decreto del POT es derogado, sin lugar a dudas, el megaproyecto iría a dar al traste.

El Alcalde es consciente de la situación y sabe que en este momento el tiempo es su mayor enemigo. Por eso, si quiere llevar a buen puerto la iniciativa, su opción es sellar el pacto con los constructores cuanto antes. ¿Por qué? Porque si el POT es derogado después de haber firmado el acuerdo, la decisión en nada afectaría lo ya convenido.

Si bien es cierto que el Plan de Ordenamiento Territorial de la administración Petro ha generado preocupación dentro de algunos sectores, hay que admitir que se trata de una propuesta técnicamente bien sustentada y estructurada. De hecho, en buena parte de la academia ha recibido sonoros aplausos. Y es por ello que el caso puntual del megaproyecto de la Alcaldía y los constructores, deja un interrogante en el aire: ¿será el nuevo POT tan malo como lo pintan?
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?