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Con la creación del Banco Muisca, Gustavo Petro pretende apoyar las economías de los sectores populares de Bogotá.

| 9/27/2012 10:00:00 AM

El ‘Petrobanco’

Por estos días, la Administración de Gustavo Petro avanza en la compra de una entidad financiera para convertirla en el Banco de los Pobres. ¿Qué esconde el negocio y qué tan viable es?

A pocos días de cumplir diez meses al frente de la Alcaldía de Bogotá, Gustavo Petro podría estar ad portas de cerrar un multimillonario negocio en el sector financiero de la ciudad y, de paso, revivir una promesa que parecía dormir el sueño de los justos: la creación de un banco de primer piso encaminado a democratizar y apoyar la economía popular de la capital. Una apuesta de marca mayor que a estas alturas está más avanzada de lo que muchos sospecharían.

En conversación con Dinero, Ernesto Bettín, subdirector de Financiamiento de la Secretaría de Desarrollo, aseguró que el Distrito ya está trabajando en la eventual compra de una entidad financiera para convertirla –en el corto plazo– en lo que Petro ha denominado el Banco Muisca o banco de los pobres. “Aunque existen acuerdos de confidencialidad con las firmas que hemos conversado, aparece Mi Plata”, explica el funcionario.

La afirmación de Bettín parece coincidir con la de diversas fuentes de la Secretaría de Desarrollo en el sentido de que Mi Plata sería la entidad más atractiva para la Administración. Un juego de seducción que, no obstante, podría ser más que arriesgado para Bogotá. Básicamente porque, según el informe de 2011 a la asamblea general de accionistas de Mi Plata, esa organización arrojó pérdidas por $ 7.800 millones el año pasado, un monto para nada despreciable si se tiene en cuenta que equivale a 40% de su patrimonio. Y a pesar de que se trata de una compañía vigilada por la Superintendencia Financiera, no tiene un récord significativo en materia de clientes ni en colocación de créditos.

Entonces, ¿por qué la Secretaría de Desarrollo –despacho encargado de adelantar la negociación– estaría interesada en comprar una entidad que no cuenta con la suficiente solidez ni experiencia? La respuesta apunta en una sola dirección: “porque los bancos cuestan billones de pesos y no hay ninguno a la venta; mientras que adquirir este tipo de entidades, que requieren menos exigencias de capital, pueden costar tan solo unos $20.000 millones y de esas sí hay a la venta, tal y como podría ser el caso de Mi Plata”, asegura un funcionario de la Secretaría que prefirió mantener su nombre en reserva.

Consultado sobre el tema, el presidente de Mi Plata, Rolando Salcedo, admitió que su compañía inició un proceso de capitalización en el que inversionistas de diversos sectores han mostrado interés. “Todos han llegado atraídos por nuestro modelo único que permite la inclusión financiera de la población no bancarizada. Sin embargo, hoy por hoy solo hemos hecho negociaciones con el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), que este año hizo un aporte patrimonial de US$5 millones”.

El Distrito, según lo establecido en los acuerdos de confidencialidad con Mi Plata, podría ser el próximo en entrar en el proceso de capitalización que menciona Salcedo. Pero mientras eso ocurre, y si la Administración sigue empeñada en abrir las puertas del Banco Muisca, Gustavo Petro deberá salirle al paso a un parágrafo que incluyó el Concejo de Bogotá en el Plan de Desarrollo cuando fue discutida esa iniciativa.

“Siempre nos pareció equivocado que el Distrito se embarcara en la aventura de comprar una entidad financiera para competir con la banca tradicional. Por eso yo, en particular, propuse incluir un parágrafo al artículo 18 del Plan de Desarrollo en el que exigimos a la Administración que al momento de adquirir un banco debería tener la autorización de la Superintendencia Financiera, acatar las normas presupuestales de la ciudad y realizar los estudios técnicos y financieros correspondientes, algo que no se está cumpliendo con la eventual compra de Mi Plata”, señala Antonio Sanguino, concejal del Partido Verde.

En otras palabras, eso quiere decir que si Petro insiste en hacerse a una entidad que genera pérdidas anuales por $7.800 millones, difícilmente podrá llevar al Concejo los estudios técnicos que le exigen para una negociación de este calibre. Pero además deberá modificar un artículo del Plan de Desarrollo que, palabras más palabras menos, dice que en el evento de que la Administración resuelva adquirir una entidad financiera esta deberá ser única y exclusivamente un banco y no una compañía con las características de Mi Plata.

Pero más allá de cuál va a ser la corporación que decida comprar el Distrito, la discusión de fondo se resume en una sola pregunta: ¿será un banco de primer piso una buena salida para apoyar a las economías populares de la ciudad?

Lluvia de reparos

Analistas financieros consultados por Dinero advierten que apostarle a un banco de esta naturaleza podría resultar inoficioso para Bogotá. Fundamentalmente porque, según ellos, existen instrumentos mucho más eficaces para fortalecer los sectores populares y las iniciativas de emprendimiento. Por ejemplo, los fondos de capital de riesgo, los leasings o los convenios con entidades expertas en microcréditos como el Fondo Nacional de Garantías.

No está de más recordar que cuando el Estado colombiano ha decidido hacer las veces de prestamista –tal y como lo pretende hacer Petro con el Distrito– los resultados han sido catastróficos. Para la muestra están los casos de la Caja Agraria, el Banco del Estado, el Banco Central Hipotecario y el IFI, que terminaron en la quiebra porque su cartera fue irrecuperable: desde los préstamos pequeños hasta los más grandes.

Por eso, a la luz de los analistas, una alternativa podría ser la implementación de un modelo de segundo piso, como el de Finagro o Bancoldex. “Si llevamos estos ejemplos a la escala y necesidades de Bogotá, sin duda tendríamos mejores resultados que los de un banco de primer piso –explica uno de los expertos–. Corfo en Chile es un caso similar: es una entidad pública que además de fondear, da incentivos y subsidios sin ser prestamista de primer piso. En Chile es más importante el gerente general de Corfo que el Ministro de Economía”.

Gustavo Petro sabe que la discusión sobre el futuro del Banco Muisca apenas comienza. Así como también es consciente de que con este tipo de iniciativas empieza a perfilarse –al mejor estilo de Hugo Chávez– como un gobernante proclive a los modelos estatistas. Así las cosas, el interrogante que queda en el aire es más que obvio: ¿estará Bogotá preparada para repetir la experiencia de Venezuela?

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