| 4/28/2016 12:00:00 AM

¿Qué le espera al crecimiento económico colombiano?

Es difícil que la economía colombiana crezca de una manera más rápida en 2016 de lo que logró hacerlo en 2015, porque carece de fuentes dinámicas de demanda.

La actividad económica global permanece frágil y con riesgo de estancarse. La política económica en los países más grandes no logra el crecimiento sostenido con pleno empleo, ni conjura el peligro de deflación. Por ello, la confianza de los consumidores y los inversionistas flaquea alrededor del mundo. La falta de confianza debilita la demanda porque menoscaba el consumo y la inversión. La baja inversión impide mejorar la capacidad de crecimiento de las economías. La escasa demanda interna y externa genera un estancamiento global. El gasto del sector privado no se incrementa porque sigue muy endeudado. Los mercados no toleran una expansión fiscal para sostener la demanda. Además, las autoridades no llevan a cabo las reformas estructurales necesarias para aumentar la productividad, recobrar la confianza y reavivar la inversión.

Por estos motivos, se prevé un bajo crecimiento mundial en 2016. En su informe sobre las perspectivas económicas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó el pronóstico de crecimiento global 0,2 puntos porcentuales, para dejarlo en 3,2%, que es similar al del año pasado. Como consecuencia de ello, el volumen del comercio mundial se incrementará a un ritmo (3,1%), que no es sustancialmente mayor que el del año anterior (2,8%).

En este entorno poco propicio es improbable que las exportaciones sean un motor para la economía colombiana. Tanto las economías avanzadas como las emergentes crecerán este año lo mismo que el pasado, por lo cual su demanda por bienes y servicios colombianos será parecida. Es probable que la depreciación del peso no mejore la competitividad de las exportaciones, porque las divisas de los competidores también se devaluaron. América Latina continuará estancada, de manera que el mercado regional tampoco aportará una demanda en expansión. No es previsible que mejoren los términos de intercambio del país, porque los precios de las materias primas exportadas serán más bajos que el año pasado. Por tanto, no contribuirán a la expansión del ingreso nacional ni del gasto doméstico como antes. Por los bajos precios no mejorará la rentabilidad de la inversión en materias primas, por lo cual no atraerán inversión de una manera dinámica como en el pasado.

Tampoco es fácil que la demanda interna se expanda más rápido que el año pasado. El Banco de la República (BR) está empeñado en suavizar el incremento del gasto privado para estrechar el déficit externo, con el fin de disminuir la vulnerabilidad de la economía. La desalineación de las expectativas inflacionarias, el recrudecimiento de la inflación total y el desborde de la básica respecto de la meta auguran mayores incrementos de las tasas de interés.

En la actualidad, la tasa de referencia de la política monetaria (6,5%) en términos reales es negativa (-1,5%), incluso después de incrementarla de 200 puntos básicos. Eso implica, como sostiene el codirector del Banco de la República Carlos Gustavo Cano, que la postura monetaria es estimulante, lo cual es incompatible con el exceso de demanda interna que exhibe la economía. En su opinión, la tasa de interés neutral de la política es cercana al 2% real. En la coyuntura actual, por tanto, se podría esperar un incremento de 350 puntos básicos adicionales, o por lo menos de 150, si la inflación baja a 6% en diciembre, como proyectan en promedio los analistas encuestados por el BR.

El gobierno nacional no puede acometer un mayor gasto porque sus ingresos disminuyeron por las menores utilidades de las firmas petroleras y mineras, que aportarán menos impuestos; y por una transferencia de dividendos de Ecopetrol menos cuantiosa que en el pasado. Sin conseguir ingresos adicionales, el gasto público no puede incrementarse de una manera sustancial sin arriesgar las metas de déficit y deuda pública.

Los consumidores no tienen mucho espacio adicional para gastar, a pesar de que las tasas de interés siguen bajas en términos reales, porque su carga financiera es alta (9,5% de sus ingresos, un punto porcentual mayor que en 1999), sobre todo por el endeudamiento en créditos para consumo. Quizá por eso la expansión del crédito de esta modalidad se desacelera. Además, la confianza de los consumidores en el primer trimestre de 2016 se debilitó más que en el mismo periodo de 2009, cuando el gasto de los hogares se estancó. Tanto su percepción sobre las condiciones económicas actuales como sus expectativas a un año son malas y más débiles que en el mismo periodo de 2009. Su disposición para comprar bienes durables también cayó muy bajo. No es probable, por tanto, que el consumo dinamice la demanda.

De esta manera, la responsabilidad de impulsar la demanda recae en la inversión. Su tendencia no es alentadora. La formación bruta de capital fijo se desaceleró de un modo pronunciado el año pasado. Por fortuna, la confianza de los industriales y los comerciantes se sostuvo en el primer trimestre y sus expectativas de producción y ventas para el próximo mejoraron, a pesar de que la percepción de las condiciones económicas y sociopolíticas para la inversión desmejoró. Al mismo tiempo, la utilización de la capacidad instalada llegó a la mayor proporción para febrero en los últimos ocho años (73,8%). También los constructores tienen una mejor percepción de la situación de sus firmas y unas expectativas optimistas para el próximo trimestre, a pesar de que el ritmo de la construcción en el primero desmejoró respecto del año anterior.

Ni las perspectivas de la demanda externa ni las de la interna permiten concluir que la actividad económica en Colombia se acelerará en 2016. Por el contrario, es probable una desaceleración, como muestran las proyecciones del FMI y las de los analistas, que las recortaron hace poco hacia 2,5%. Para evitarlo, por la fragilidad del crecimiento mundial y la volatilidad del entorno financiero internacional, es vital preservar la confianza. Con el fin de reforzarla, el gobierno nacional debe despejar la incertidumbre sobre la posición fiscal por medio de una reforma tributaria estructural. El tránsito lento a la normalidad monetaria en los Estados Unidos, el regreso de los flujos de portafolio a las economías emergentes, la valorización de sus activos y la estabilización de sus monedas y del precio del petróleo abren un compás de espera para continuar de manera ordenada los ajustes que debe hacer la economía colombiana, no para evitarlos.

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