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Antonio Navarro, Líder del Movimiento Progresista.

| 5/29/2013 6:00:00 PM

El efecto Farc

Tras el acuerdo al que llegaron las Farc y el Gobierno en materia de tierras, Dinero habló con Antonio Navarro sobre los desafíos que le esperan al proceso de paz. Empresarios, economistas y políticos también opinaron.

El domingo 26 de mayo, las conversaciones que adelantan el Gobierno y las Farc en la Habana llegaron a un punto de quiebre: fue acordado el primer punto de la agenda, cuyo foco de discusión giró en torno a las políticas agrarias y rurales. Sin duda, un avance trascendental e histórico para el país por la simple razón de que fue el problema de las tierras el que precisamente desencadenó, hace más de cinco décadas, el conflicto que aún hoy sigue aquejando a los colombianos.

Incluso, hasta para aquellos que no han podido ocultar su escepticismo ante la viabilidad de las negociaciones, este hecho abrió las compuertas del optimismo y dejó en evidencia que la guerrilla parece estar dispuesta a avanzar en el empeño de ponerle punto final al conflicto. Sin embargo, el camino aún es largo y las preguntas por resolver no son pocas: ¿serán indultados los cabecillas de las Farc?, ¿se estará cocinando en Cuba un escenario de impunidad?, ¿es conveniente darles participación política a los guerrilleros?,¿qué pasará con los militantes rasos que se desmovilicen?,¿serán acogidos por el sector empresarial del país?

En fin, son cientos de interrogantes que solo el tiempo y quienes están al frente de las negociaciones podrán responder. Por eso, mientras llega ese momento, Dinero habló con Antonio Navarro Wolff, una de las voces más autorizadas del país en materia de paz, sobre los desafíos que le esperan a esta nueva etapa de conversaciones que gravitará alrededor de la participación en política de los guerrilleros. Además, un variopinto grupo de personalidades nacionales –de diversos sectores ideológicos– se atrevió a hacer una radiografía de lo que está por venir de Cuba. Esto dijo Navarro:

D-¿Cómo ha visto estos primeros seis meses de negociación?

Ha sido un tiempo en el que las dos partes han estado dedicadas, básicamente, a la búsqueda de un lenguaje común, de unos términos, unos conceptos y ciertos mecanismos de conversación entre actores que vienen de orillas opuestas. Y para llegar a hablar un mismo idioma, es apenas obvio que se requiere de un tiempo prudencial. Esta especie de tanteo fue el que se dio, por supuesto, en el marco del tema agrario que ya quedó cocinado.

D-A pesar de haberse acordado el tema agrario, hay quienes dicen que las Farc le están dando largas al proceso para cobrar estatus político y robustecer sus bases nuevamente...

Pues alargar este proceso no le conviene ni a las Farc, ni al Gobierno, ni al país. Los avances que ya se han dado van a paso lento porque las Farc no están entendiendo el proceso. Y la razón es simple: cuando uno está metido entre la selva y las montañas, lo único que ve son las hojas de los árboles y no alcanza a dimensionar el escenario nacional.

D-¿Y cuál es ese escenario nacional?

En este momento la discusión es si se debe insistir en el proceso de paz o no. Quienes se oponen a la negociación, se abstienen de dar un no rotundo, pero en cambio plantean condiciones que la hacen imposible. Dicen: “sí a la paz, siempre y cuando los guerrilleros se vayan a la cárcel y no participen en política”. Esa es una manera de decir que no haya paz.

D-En ese orden de ideas, ¿cuáles son los costos de decirle sí al proceso de paz pero sin participación en política?

Pues tan simple como que no haya acuerdo. Y si no lo hay, eso significa como mínimo diez años más de conflicto. Tiempo suficiente para que haya 80.000 desplazados por año, 2.500 muertos por año, 600 amputados por año; o, en otras palabras: miles de víctimas anuales. Y eso nos los podríamos ahorrar si se anticipa el fin del conflicto.

D-¿Y cuál sería el costo económico?

Además de lo anterior, dice el Ministerio de Defensa que el actual esquema de seguridad no es suficiente para retomar la estrategia de ataque a la guerrilla. Y agrega que para poder hacerlo, hay que subir el gasto militar en tres puntos del PIB en temas de defensa y seguridad.

D-Entonces, ¿cuál es el costo de hacer la negociación?

Hacer varias concesiones. Una sería encontrar –en el tema de justicia transicional– mecanismos para que las Farc tengan participación en política. Además, habría que priorizar la inversión económica en aquellas zonas rurales y marginadas que, por cuenta del conflicto, están sin presencia integral del Estado. Si no se hace esto último, pasará lo que dice el famoso bolero: otro ocupará tu lugar.

D-Bueno, y una vez se desmovilicen, ¿el paso a seguir será participar en política?

Pues ese sería el camino. Mire: en su momento, las Farc se alzaron en armas porque estaban convencidas de que la única manera que tenían de llegar a gobernar el país era ganando una guerra insurgente. Hoy está demostrado en el mundo que con el alzamiento en armas no van a llegar a gobernar. Además, en América Latina está confirmado que la única forma de llegar a gobernar es ganando elecciones. Los norteamericanos, durante el proceso de paz en El Salvador, acuñaron una frase contundente en ese sentido: balas por votos.

D-Pero hay quienes se rehúsan a ver guerrilleros que cometieron crímenes atroces dentro de las instituciones del Estado...


La gente dice aterrada: “los terroristas van a hacer las leyes del país”. Pero lo que no tienen en cuenta es que para hacer leyes se necesita la mitad del Congreso más uno, y ahí es cuando uno se pregunta: ¿lograrán las Farc sacar 51 senadores por voto popular? Sin duda, las Farc tendrán una representación proporcional al apoyo público que consigan. Entonces, ¿cuál es el miedo?

D-¿Cómo han sido las experiencias internacionales en materia de participación en política?

En cada uno de los países del mundo en que ha habido procesos de paz, el 81% de los casos ha terminado en negociaciones, mientras el 19% restante, en sometimiento de los Estados o en victorias de las guerrillas. Y fíjese que en ese 81% –que terminó en acuerdos– siempre se ha abierto la posibilidad de participar en política.

D-Bajo ese presupuesto, ¿cómo recibirán las víctimas de las Farc la decisión de permitirles participar en las instituciones del Estado?

La Universidad de los Andes hizo recientemente un estudio que demuestra que en Colombia más de 80% de las víctimas perdona. Ese no es un tema jurídico, ni una norma: es una actitud. Obviamente, eso no quiere decir que no haya una porción de la población que no esté dispuesta a perdonar.

D- Cambiando la página, ¿no cree que con el marco jurídico para la paz que produjo este gobierno se está ‘violando’ –hasta cierto punto– la esencia del Estatuto de Roma en el sentido de que habría impunidad?

Lo único cierto acá es que después de entrado en vigencia el Estatuto de Roma se han firmado decenas de acuerdos de paz. El último fue el año pasado en Filipinas, con el Frente Moro de Liberación Nacional, una guerrilla que llevaba 34 años alzada en armas. Esos guerrilleros hoy están participando en política con todo y Estatuto de Roma, y no tuvieron cárcel.

D-¿Cómo vislumbra un eventual escenario de posconflicto?


Uno de los efectos del conflicto colombiano es la insuficiente presencia del Estado en grandes regiones del país. Eso ha permitido la aparición de cultivos ilícitos y que los grupos armados controlen poblaciones. Entonces, si hay una desmovilización y una retirada va a ser esencial algo que nosotros hemos llamado Presencia Integral del Estado en el Territorio (PIET). Esto es una presencia del Estado en esas zonas para promover el desarrollo, la salud, la educación, la construcción de vías...

D-Pero, ¿qué hacer con los desmovilizados?

Pienso que es fundamental hacer un cambio en la doctrina militar para consolidar ese territorio que mencioné anteriormente. Bajo ese panorama, buena parte de los guerrilleros de las Farc se podría incorporar a organismos de Fuerza Pública en esas regiones bajo el mando del Estado.

D-Finalmente, si el acuerdo de paz llega a feliz término, ¿qué rol desempeñará la opinión pública para refrendar lo allí acordado?

Las Farc tendrán que ganarse un espacio dentro del corazón de los colombianos. Solo cuando llegue ese momento, muchas de las cosas que se convengan en la discusión actual van a poder volverse realidad. Pero si no lo logran, todo lo que escriban en la mesa va a cumplirse a medias.






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