| 3/3/2016 12:00:00 AM

Las críticas al nuevo billete de $100.000

Mientras en el mundo se discute parar las emisiones de billetes de US$100 y 500 euros, en Colombia el Banco de la República alista el lanzamiento del billete de $100.000.

El argumento de los opositores siempre ha sido el mismo: los billetes de altas denominaciones facilitan la evasión de impuestos, el terrorismo, el narcotráfico, los delitos financieros y el tráfico de seres humanos. Y si esta es una preocupación en naciones con menores niveles de corrupción y mejor seguridad que Colombia, valdría la pena pensar qué tanto ese temor se revive ad portas de que salga a circulación el billete de $100.000, que va a ser el de mayor denominación que hasta ahora ha tenido el país.

Desde que fue anunciado, el nuevo billete ha tenido una dura oposición por parte de los banqueros, agremiados en Asobancaria, así como de algunos académicos que mantienen su temor frente al hecho de que las altas denominaciones facilitan mover grandes cantidades de efectivo, no siempre con las mejores intenciones.

Justamente ahora cuando falta menos de un mes para que el nuevo billete entre en circulación –según el cronograma del Banco de la República debe salir a las calles en el primer trimestre de 2016–, se empiezan a escuchar críticas en otros países contra los billetes de alta denominación y se abre el debate sobre la necesidad de dejarlos de emitir.

Una de las más sonoras fue un blog publicado a mediados de febrero en el Washington Post por Lawrence H. Summers, exsecretario del Tesoro estadounidense, quien pidió matar al billete de US$100. Su solicitud se basa en un trabajo de académicos de la Universidad de Harvard, quienes aseguran que las actividades ilícitas se facilitan porque pesa menos transportar US$1’000.000. Si el millón se acumula con billetes de US$20 pesa 50 libras, pero si es con billetes de 500 euros pesa apenas 2,2 libras.

Los académicos de Harvard dicen que los billetes de altas denominaciones están vinculados con el crimen, por lo que no en vano a los de 500 euros se les conoce como los “Bin Laden”.

Summers recuerda que a finales de la década de los 90, cuando se alistaba el billete de 500 euros, él advirtió en una reunión del G7 sobre el peligro de tener un billete de tan alta denominación, “pues aunque esa sería su moneda, sería un problema para el resto del mundo”. Por eso propuso, como contraprestación a la no emisión de los billetes de 500 euros, que Estados Unidos hiciera lo propio con los de US$100.

Su propuesta no tuvo eco, pero 16 años después las cosas han cambiado y ahora es el mismo jefe del Banco Central Europeo, Mario Draghi, quien ha anunciado que estudian dejar de emitir los billetes de 500 euros, pues así como son usados para ahorrar, también son los favoritos de los criminales.

Voces en contra

La nueva propuesta de Summers es que se establezca una moratoria sobre el billete de US$100 para no emitir más e ir recogiendo los que están en circulación. No obstante, advirtió que en Europa hay resistencia a eliminar los billetes de 500 euros, en particular en Luxemburgo, “por su larga y desagradable tradición de recibir a los evasores de impuestos, los lavadores de dinero y a los defensores del secreto bancario y donde, además, se imprime 20 veces más dinero en efectivo que en otros países europeos”.

Con lo que no contaba Summers es que su idea fuera duramente criticada en su país. Un editorial de The Wall Street Journal advirtió que hay que tener cuidado con los políticos que tratan de limitar las emisiones de billetes de alta denominación, pues constituye una infracción contra el ejercicio de la actividad económica privada.

Summers calificó de exagerada la acusación y les preguntó a los editores del Journal si creen que la libertad económica estadounidense se vio limitada por la decisión en la década del 60 de no imprimir más billetes de US$1.000. “No es la obligación de un gobierno proporcionar todos los medios de pago o depósito de valor que alguien podría utilizar. Además, la abolición de los billetes de US$1.000 no nos puso en una perdición monetaria”, enfatizó.

Mientras el debate en Estados Unidos y Europa está en pleno vigor, en Colombia, en su columna en El Espectador, Santiago Montenegro, presidente del Consejo Gremial, pidió parar el billete de $100.000 con el argumento de la informalidad.

“La informalidad tiene que ver con los requisitos que se requieren para abrir empresas, con los costos parafiscales, con problemas de información y cruces de bases de datos y, sin duda, también con aspectos tributarios que inducen a muchas empresas a evadir impuestos y contribuciones. Pero muchas de estas actividades tienen también un elemento en común: viven del efectivo. Pagar en efectivo les permite no dejar traza y escapar, así, al control de las autoridades”, sostiene en su columna y propone que para compensar el no tener billetes de alta denominación, se mejore la bancarización.

Siguen firmes

Pese a estos pedidos, en el Banco de la República siguen firmes en su plan de emitir el billete de $100.000, pues están convencidos de que el país necesita una mayor denominación, debido a que han aumentado el ingreso per cápita y el salario mínimo, lo que implica una mayor demanda por efectivo. “Desde 2000, momento en el que se emitió el billete de $50.000, el PIB per cápita más que se triplicó y el salario mínimo más que se duplicó; sin embargo, las denominaciones de billetes en circulación se han mantenido inalteradas”, insisten en el Emisor.

Agregan que no hay ningún soporte válido que permita afirmar que el nivel de informalidad esté directamente relacionado con la estructura de denominaciones de los billetes en circulación y que no emitir el billete de $100.000 implica seguir atendiendo la creciente demanda de efectivo con más billetes de $50.000, generando mayores costos para los diferentes agentes económicos legales que hoy demandan efectivo, que en 99% son bancos comerciales. “Estas entidades tienen, en primera instancia, la responsabilidad de conocer a quiénes les demandan altas sumas de efectivo y reportar las operaciones que consideren sospechosas a los órganos de control”, subrayan.

El billete de $100.000 tiene buenas razones para salir a la calle, pero también son válidos los argumentos de los opositores a las altas denominaciones. La historia dirá cuál de las dos partes tiene la razón.

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