| 2/2/2017 12:00:00 AM

¿La caída de la inflación y la tributaria permitirán un mayor crecimiento?

El descenso de la inflación y la reforma tributaria permiten una mezcla favorable de políticas para el crecimiento. ¿Se podrá implementar con la rapidez necesaria?

La inflación al consumidor en Colombia en 2016 (5,75% anual) desbordó, por segundo año consecutivo, el rango objetivo fijado por la Junta Directiva del Banco de la República (JDBR ) (2%–4%). Sin embargo, a partir de agosto sigue una marcada tendencia decreciente, gracias al desvanecimiento de los choques que la sacaron de curso: la alta depreciación nominal del COP, por el deterioro de los términos de intercambio, y una menor oferta de alimentos, como consecuencia del Fenómeno del Niño.

De manera paralela, la expansión de la actividad económica se desaceleró en forma pronunciada, sobre todo en el tercer trimestre (a 1,2% anual), como efecto de la postración de la demanda interna (a -1,1% anual). Esta se resintió por la ralentización del consumo privado y por la caída de la inversión en maquinaria y equipo y en equipo de transporte, por cuarto trimestre consecutivo.

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Los indicadores adelantados de producción y de demanda sugieren que el crecimiento de la economía en el cuarto trimestre del año pasado también fue lento. Por ese motivo, tanto el Banco de la República (BR) como el promedio de los analistas que encuesta redujeron sus pronósticos de crecimiento en 2016, de 2% y 2,2% a 1,8%.

La abrupta desaceleración significa que la economía opera con una brecha del producto más amplia, que la hace generar menos bienes y servicios de lo que podría si empleara de manera plena sus recursos productivos. Sugiere también que las presiones de la demanda sobre la inflación son menores y no se acrecentarán mucho en 2017, pues a pesar de un ligero repunte –a unas tasas de 2% según el BR y de 2,3% de acuerdo con el promedio de los analistas– la economía no regresará a su producción potencial.

El descenso de la demanda interna ayudó también a estrechar el desbalance externo en 2016, debido a la reducción de las importaciones. Por ello, el BR proyecta que el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos se redujo a 4,5% del PIB el año pasado y algunos analistas esperan que baje a alrededor de 4% del PIB en este.

Gracias al descenso de la inflación, para enfrentar la inquietante debilidad de la actividad económica, causada por la postración de la demanda, en su reunión de diciembre la JDBR decidió, por una estrecha mayoría de cuatro a favor y tres en contra, reducir la tasa de interés de intervención en 25 puntos básicos, para dejarla en 7,5% anual.

Sin embargo, por la incertidumbre que hay en los mercados internacionales y la desalineación de las expectativas de inflación –que para diciembre de 2017 (4,51% anual) exceden todavía el rango objetivo del emisor y convergen a él solo al final de 2018 (3,62% anual)–, en su última reunión la JDBR decidió no modificarla.

La disposición, tomada también por una mayoría mínima pero inversa a la anterior, implica que el nuevo Gerente General del BR es quizá más agresivo que el anterior. Por tal motivo, el descenso de las tasas de interés domésticas que se requiere para estimular la demanda interna tal vez será más pausado de lo previsto. No obstante, hace falta ver qué pasará cuando el Gobierno nombre en las próximas semanas dos nuevos codirectores.

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Aunque la inflación sufrirá un leve choque transitorio al alza, por el incremento de la tasa del IVA –de 16% a 19%–, la reforma tributaria permitirá una mezcla de las políticas económicas mejor balanceada, lo cual beneficiará el crecimiento de la economía.

La postura fiscal será menos expansiva, en la medida en que el déficit del Gobierno seguirá una trayectoria decreciente, como ordena la regla fiscal, para preservar la solvencia del Estado y mantener bajo el riesgo soberano. Con un desbalance en la cuenta corriente todavía considerable, una perspectiva de aceleración del cronograma de incremento de las tasas de interés en los Estados Unidos y el riesgo de una mayor volatilidad en los mercados financieros internacionales, originada por la temeridad irresponsable de su nuevo gobierno republicano, una postura fiscal más neutral será vital para asegurar una financiación extranjera suficiente y a costos razonables, junto con un descenso gradual de las tasas de interés domésticas.

Foto: Juan José Echavarría, Gerente del Banco de la República y Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda

De manera paralela, la postura monetaria podrá tornarse menos contractiva, si la convergencia de la inflación y las expectativas al rango objetivo sigue el curso previsto y el déficit externo se estrecha de la manera esperada, de modo que faciliten la reducción de la tasa de expansión, hacia una más neutral en términos reales.

De esta forma, la nueva combinación de las posturas abrirá un mayor espacio para el gasto del sector privado, que fue el que más se contrajo para ajustar la demanda interna al incremento menos dinámico del ingreso nacional, como consecuencia del deterioro de los términos de intercambio por la caída del precio del petróleo.

En la nueva estrategia de estabilización macroeconómica se requiere que la reactivación de la inversión sea prioritaria, para mejorar la capacidad de crecimiento de la economía. Al reducir la carga impositiva efectiva sobre las empresas –de 43% a 33% entre 2017 y 2019– la reforma tributaria irá en la dirección correcta, aunque de manera lenta por la sobretasa temporal que se les mantuvo respecto del alivio contemplado en el proyecto original, la cual solo desaparecerá a partir del último año.

Quizá lo más difícil para recuperar la inversión sea generar unas buenas expectativas de demanda para los empresarios. Sin embargo, la confianza menos negativa de los consumidores, la estabilidad del desempleo, el descenso de la inflación y un incremento más dinámico del ingreso nacional, por el mayor precio del petróleo, favorecerán el incremento del consumo privado. De manera paralela, una ejecución más diligente de las obras públicas por los gobiernos regionales y locales, así como el buen suceso de los proyectos de infraestructura vial del 4G, generarán una mayor demanda por los insumos de otros sectores. Al mismo tiempo, una mayor expansión de los Estados Unidos, de América Latina y de la economía mundial significan una mejora de la demanda externa, con base en la cual podrán capitalizar la depreciación de la tasa de cambio real.

De esta manera, la menor inflación y el ajuste fiscal permitirán una combinación de políticas más favorable para la expansión de la actividad económica privada, que aceleraría el crecimiento. Sin embargo, quizá no se pueda llevar a cabo con la rapidez requerida, porque podría generar riesgos que desestabilizarían la economía. En tales circunstancias, restablecer el crecimiento tomará tiempo.

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