| 5/9/2012 6:00:00 PM

Educando a papá

En el segundo semestre estará lista la reforma a la educación. Mientras unos hablan de utilizar los recursos petroleros para financiar las matrículas, otros piensan que es una utopía. El Gobierno anuncia las primeras cifras.

Este 12 de octubre, cuando se cumplan 520 años del descubrimiento de América, estudiantes y Gobierno tienen previsto presentar ante el país el proyecto de ley que reformará el sistema de educación. Aunque parezca una coincidencia, todo está alineado para que ese día los estudiantes demuestren su independencia de un Gobierno que en un principio no los tuvo en cuenta para construir la propuesta.

Uno de los estudiantes más activos de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane), comentó que, de acuerdo con el cronograma compartido con el Ejecutivo, el próximo 9 de junio estará lista la exposición de motivos de la reforma y que se analizan varias fórmulas para financiar la gratuidad de las matrículas en universidades públicas.

Este tema es tal vez el más complicado debido a que no hay una fuente clara que permita subsidiar estos costos y no darle una estocada a las resquebrajadas finanzas de las universidades públicas.

“Nadie se ha tomado el trabajo de estimar cuánto vale la educación gratuita en Colombia. Chile se demoró un año en construir una propuesta, con los costos políticos y económicos que hoy conocemos”, deja claro el rector de la Universidad de Antioquia, Alberto Uribe.

La gratuidad es una vieja aspiración y un tema obligado en la reforma a la educación, pero no es un tema nuevo. La Universidad de Antioquia no les cobra un peso a los estudiantes de estratos 1 y 2, eso significa que 17.000 de los 37.600 alumnos estudian gratis.

La gratuidad en la Universidad Nacional representaría desembolsos del Gobierno por unos $25.000 millones al año, teniendo en cuenta los 40.000 estudiantes que tiene esta universidad en pregrado. “En lo que no estoy de acuerdo es en que sea para todos. Lo mejor es que la gratuidad sea para los estudiantes de estratos más bajos y que se la ganen con buen rendimiento académico”, señala el nuevo rector de la Universidad Nacional, Ignacio Mantilla.

En un país donde se van a entregar casas gratis a los más pobres, sería un exceso pagarles la universidad a los más ricos. En la Universidad Nacional, los estudiantes de estratos más altos pagan $5 millones de matrícula, que equivalen a tres meses de pensión en un colegio de renombre en Bogotá. “Subsidiar a estos estudiantes no tendría sentido”, dice el profesor Mantilla.

La otra cara de la moneda son los estudiantes de estratos más bajos cuya matrícula en la Nacional arranca en $50.000. Para ellos este alivio significa, en muchos casos, garantizar el transporte del mes o el almuerzo, un asunto de subsistencia.

Como el tema es de plata, varias voces piden que parte de los recursos que salen de las regalías se destine a financiar la gratuidad.

La educación sin costo no es un tema vetado en la reforma; es más, el viceministro de Educación Superior, Javier Botero Álvarez, ya tiene los datos en su portafolio. Se manejan varios escenarios: educación gratuita para todos, que es una de las exigencias de los estudiantes, está descartada pues significan $80 billones en 10 años. En cambio, si se subsidia solo a los estratos 1 y 2 de universidades y centros técnicos públicos, el cheque es de $7,1 billones en 10 años, unos $700.000 millones por año. Esta última cifra le suena más al gobierno nacional, teniendo en cuenta que beneficiaría a unos 350.000 estudiantes.

Sin embargo, detractores de esta iniciativa, como el director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun), Bernardo Rivera Sánchez, creen que la gratuidad no ha mejorado la calidad en educación básica y secundaria y que ningún favor le haría entonces a la superior.

“¿Con mis impuestos pagarle la universidad al nieto de Ardila Lülle o de cualquier otro empresario? Eso no tiene sentido. El Sena es gratis y no ha solucionado el problema de cobertura y calidad, así que no veo en la gratuidad la solución”, dice Rivera.

Muchos estudiantes con el estómago vacío y monedas en el bolsillo celebrarían el anuncio de gratuidad, pero analistas podrían calificar el tema como populista y pedirían que se premie con este beneficio solo a los alumnos más sobresalientes. La discusión está sobre la mesa y se debe estudiar con criterio técnico. A veces lo barato sale caro.

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