| 3/6/2015 7:30:00 AM

Bomba demográfica

La población colombiana se está volviendo cada vez más vieja. ¿Qué políticas se deben desarrollar para impedir que se nos acabe el bono demográfico?

Un país que envejece disminuye su capacidad productiva. Esta es la realidad que viven algunas regiones del mundo y a la que lentamente se acercan algunos países, incluido Colombia. Todo porque se está pasando de tener una mayor proporción de personas en edad de trabajar sobre la población total, a tener un creciente número de adultos mayores.

El diagnóstico no es nuevo. Pero se evidencia al contrastar las proyecciones de la pirámide poblacional colombiana de 2015 y 2050, utilizando información del US Census Bureau –Ver gráfico superior de la página 29–.

Dos hechos se deducen al analizar la información. El primero es que la pirámide se está invirtiendo, esto quiere decir que una reducida población en edad de trabajar deberá satisfacer las demandas de un número más alto de adultos mayores. El segundo es que, revisando estos pronósticos entre 2015 y 2050, la población mayor de 70 años pasará de 4,3% de la población total, a 13,8%.

Opuestas realidades vive el continente africano, países como Japón y algunos europeos. Según Howard French, autor del libro China’s Second Continent, África tendrá una oportunidad inmensa en las próximas décadas, al tener bono demográfico (la población en edad de trabajar es mayor que la dependiente).

Javier Díaz, presidente de Analdex, reseñó recientemente que: “a Colombia le falta una política de largo plazo para mirar a África, tema en el que países como China y Brasil llevan un camino adelantado”.

La otra cara de la moneda la representa Japón, que está en un proceso simultáneo de envejecimiento y reducción de la población (ver segundo gráfico de la página 29). Al final de 2015 el porcentaje de la población mayor de 70 años será de 19%, mientras en 2050 de 33%.

Causas, consecuencias y acciones

El origen de esta tendencia es el desarrollo económico de las últimas décadas. Las personas viven más años en una sociedad menos rural, con más educación, acceso a sistemas de salud y adecuados controles prenatales.

Además, una mujer que trabaja busca su desarrollo profesional y utiliza métodos de planificación, tiene menos hijos. Estos efectos combinados generan un menor crecimiento de la población y hacen que la pirámide poblacional se invierta lentamente.

Tener una población mayor tiene tres grandes implicaciones: 1) menor productividad, el rendimiento de una persona de 80 años no es igual al de una de 30; 2) proceso de menor acumulación y desahorro, menor ahorro implica menor inversión y esto afecta a los mercados financieros; además, 3) se llegará a tener un porcentaje mayor de población en situación de dependencia.

No está de más agilizar una reforma pensional que solucione la alta inequidad y aumente la cobertura pensional; porque, en últimas, solo 30% de los adultos mayores tiene ingreso al momento del retiro. Temas controversiales como el aumento en la edad de jubilación, en una población que vive más años, se deben examinar.

También es imperativo rediseñar los sistemas de salud públicos y privados para adecuarlos a las demandas de esta población. Este último punto incluye, según Christian Mora, director de la Cámara de Seguridad Social de Fasecolda, capacitar personal que atienda población en estado de dependencia.

Además, es necesario el desarrollo de otras políticas, como las adoptadas en países como Canadá, donde la importación de capital humano permite renovar la cadena productiva. O como en Argentina, donde existe un programa de cuidados domiciliarios que atiende a personas en esta etapa de la vida.

Finalmente, es necesario repensar las ciudades colombianas para diseñarlas de acuerdo a las limitaciones físicas de esta población.

Este gobierno tiene la oportunidad de hacer historia e impulsar medidas que beneficien a esta y a las próximas generaciones, porque como dice la canción: “el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos”.
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