| 11/27/2014 5:20:00 AM

Cuento de dos países

Perú planea bajar el impuesto a la renta al 26%. En Colombia, impuesto a la renta y CREE suman 43%. ¿Son tan diferentes las condiciones de ambos países como para que sus respuestas de política sean tan distintas?

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos” escribía Charles Dickens al iniciar su famoso Cuento de dos ciudades, en el que comparaba cómo Londres y París, o mejor dicho, Inglaterra y Francia, habían tomado rumbos tan diferentes luego del estallido de la Revolución Francesa. Quizás esa frase podría utilizarse cuando se escucha a los Presidentes y Ministros de Hacienda de Colombia y de Perú. Según la versión oficial, nunca Colombia ha estado tan bien en términos de crecimiento, inflación, desempleo y lucha contra la pobreza. Por el contrario, si se oye a los peruanos la situación no parecería nada fácil.

La verdad es que ambos países enfrentan retos similares: caída del precio de los commodities, contracción del sector minero, menores perspectivas de crecimiento en China, lenta recuperación global y una caída de la confianza empresarial que generaría menor inversión privada acentuando el ajuste cíclico de la economía. Además, las expectativas de inflación crecientes, con un elevado déficit de cuenta corriente, hacen inaplicables los estímulos monetarios vía reducción de tasas de interés por parte del Banco Central. Bajo este contexto, la última proyección de crecimiento de la economía peruana del Fondo Monetario Internacional (FMI) alcanza la lánguida tasa de 3,6%, muy por debajo del promedio de la última década.

Quizás por eso sorprende que los anuncios de política tributaria del Perú sean tan diferentes a los de Colombia. Alonso Segura, ministro de Economía y Finanzas del Perú, ha presentado al Congreso un Plan de Estímulo Económico para impulsar el crecimiento y la competitividad. Este plan incluye cambios tributarios, laborales y de inversión pública, los cuales buscan garantizar que la economía peruana crezca por encima de 5% en 2015, manteniendo esa senda después.

Lo más llamativo del paquete peruano es que, en un sentido contrario a la Ley de Financiamiento colombiana, se plantea reducir impuestos a las personas naturales y a las empresas. En los primeros se reducirán las tasas impositivas del impuesto de renta de personas de bajos ingresos, desde el 15% actual, a 8% a partir del 1 de enero de 2015. Así, cerca de 1,2 millones de personas mejorarían sus niveles de consumo.

Con las firmas, por un lado se reducirá gradualmente el Impuesto de Renta Corporativo, bajando de 30% a 28% en 2015, hasta 26% en 2019. Por el otro, se desarrollará un mecanismo de devolución del Impuesto General de Ventas (IGV, el mismo IVA colombiano) a las microempresas, para que puedan adquirir equipos. Cerca de 80% de los empresarios peruanos son microempresarios, por lo tanto esta medida podría beneficiar y mejorar la productividad de la economía.

El objetivo de estos cambios es promover la reinversión de utilidades de las firmas e incentivar la inversión privada. En palabras del ministro Segura, “a diferencia de nuestros países vecinos, que consideran medidas de incremento de impuestos, en el Perú creemos que un camino para incentivar la inversión es la adecuación de impuestos para hacernos más competitivos tributariamente, y generar más competitividad en la economía y ganancias de productividad en las empresas”. Este conjunto de medidas tributarias generará un crecimiento adicional de 0,8% del PIB en 2015.

En el proyecto presentado se trazan otras iniciativas que seguramente impactarán los hogares del vecino país, como la reducción del precio de los combustibles entre 4% y 5%. Del mismo modo se definen algunas modificaciones al régimen laboral, las cuales estimulan la formalización de trabajadores de la pequeña y mediana empresa.

Otras medidas son administrativas y tratan de agilizar la inversión pública, desembotellando el desembolso de recursos del Estado. Además, se emitirá deuda por 3.000 millones de soles (unos $2,2 billones) destinados a ensanchar la inversión pública.

Este conjunto de medidas generará, en palabras del Ministro peruano, un estímulo fiscal de 1,2% del PIB en 2014 y mayor a 2% en 2015.

Y no es que los peruanos no tengan una regla fiscal. Ellos tienen su propia ley de disciplina fiscal y sus metas están contenidas en el Marco Macroecómico Multianual (MMM) que equivale al Marco Fiscal de Mediano Plazo de Colombia. El MMM buscaba que la deuda pública se redujera de 19,6% del PIB en 2013, a 17,7% del PIB hacia 2017. Sin embargo, el gobierno del Perú decidió cambiar la trayectoria para “acelerar el crecimiento” y “mejorar la competitividad”, según el presidente Ollanta Humala.

Ante los nubarrones que enfrenta la economía mundial, Colombia piensa hacer exactamente lo opuesto: aumentar los impuestos. Los retos de la economía colombiana no parecen estar tan distantes de los que enfrenta el Perú. Sin embargo, la medicina que vamos a tomar es tan diferente que parecería para dos coyunturas totalmente distintas. Claro, existen diferencias sociales y económicas de fondo entre Perú y Colombia. También las existían entre Europa y Estados Unidos cuando empezó la crisis financiera mundial y las políticas fueron muy diferentes. La fórmula europea fue una de control del gasto y ajuste real. La de Estados Unidos fue una inmensa expansión keynesiana. Estados Unidos está terminando su expansión cuantitativa mientras que el Banco Central Europeo no encuentra la forma para comenzarla.

Hoy en día se ven los frutos de las dos políticas. Europa está al borde de caer en otra recesión y asusta a todos los mercados internacionales. Por el contrario, en Estados Unidos el desempleo ha bajado a niveles pre crisis y la pregunta no es “si” sino “cuándo” el Banco Federal de Reserva va a comenzar a subir las tasas para combatir la inflación; todos los expertos consideran que eso ocurrirá en cualquier momento de 2015.

Ojalá no pase lo mismo con Colombia y Perú. El Consejo Privado de Competitividad señaló que dos de los siete factores más problemáticos para hacer negocios en Colombia son la compleja y cambiante legislación tributaria y las tarifas impositivas. La gran subida del CREE y de la renta, que alcanzarán niveles de 43% sumados, así como la continuación del impuesto a las transacciones financieras y al patrimonio constituyen señales preocupantes para los empresarios y pueden afectar gravemente la inversión. Esto se suma a la promesa de campaña de revivir el pago de horas extras, proyecto que va en contravía de las políticas de formalización laboral adelantadas en el primer periodo Santos.

Mientras Perú adopta una estrategia keynesiana, Colombia busca la virtud fiscal a través de mayores impuestos, varios de ellos antitécnicos. Solo el tiempo dirá cual de los dos países hizo lo correcto. Queda esperar que cuando se narre la historia económica de este periodo, el narrador no continúe como Dickens escribiendo “[era] la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”.
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