| 11/13/2014 6:30:00 AM

Campanazo de alerta

El Gobierno debe ser sabio en sus decisiones fiscales y financieras. De eso dependerá que la economía tenga un aterrizaje suave ante el posible final del boom minero energético que nos volvió adictos al petróleo. .

El estudio dirigido por Hernando José Gómez con el apoyo de Jonathan Malagón y Carlos Ruiz –titulado Implicaciones de una destorcida en los precios internacionales del petróleo sobre la economía colombiana– da un campanazo de alerta sobre las consecuencias macroeconómicas para para el país de una caída estructural en el precio del crudo.

Varios elementos sugieren que existe un importante riesgo a la baja de los precios del petróleo. Adicionalmente, en el pasado los precios han presentado importantes caídas en cortos periodos de tiempo.

Ya que las exportaciones, así como los ingresos fiscales, se han vuelto petróleo-dependientes, una caída adicional tendría un gran impacto sobre todas las variables macroeconómicas del país. Actualmente el petróleo representa 55,2% de las exportaciones nacionales, 21,8% de los ingresos del gobierno nacional o 3,7% del PIB.

Los autores simulan el impacto de una caída permanente a US$60 en el precio del barril de petróleo, usando el modelo de equilibrio general de Fedesarrollo. Según sus cálculos, por cada dólar que caiga el precio del barril en promedio durante un año, los ingresos fiscales caen $432.000 millones, por lo que la caída a US$60, desde los US$80 que tiene actualmente, representaría una reducción adicional de ingresos gubernamentales por $8,64 billones. Hasta aquí no se ha hablado de lo que ya debe ser una realidad: el hueco en financiación debido a la caída del precio del barril desde US$97 hasta los niveles actuales. En otras palabras, la caída del barril de petróleo de US$100 a US$60 le reduciría al Estado los ingresos por aproximadamente $16 billones.

Los resultados son alarmantes e incluyen una contracción del PIB en el corto plazo y una gran devaluación de la tasa de cambio en los dos primeros años y luego una tendencia a la baja en los siguientes. Si una caída de este tipo se llegara a dar, el golpe a las exportaciones sería de aproximadamente US$16.000 millones lo que causaría una subida en la tasa de cambio de $572 por dólar o una depreciación de 28% en 2015, según la simulación. Si en 2016 la Inversión Extranjera Directa (IED) petrolera cae en US$7.000 millones (que es lo que se invierte en el sector aproximadamente), la devaluación sobre el escenario actual sería de $806; o sea, una devaluación en dos años de 39%; luego iría revaluándose lentamente pero tomaría años en volver a la senda actual.

Una caída en el precio del petróleo de estas proporciones haría que el crecimiento del PIB para el año entrante fuera 1,4%, aproximadamente 3 puntos menos que el proyectado para este año; habría una pérdida en el crecimiento en los años siguientes de aproximadamente 2,6% anual. En el largo plazo la economía retomaría su senda de crecimiento potencial pero con un costo irrecuperable en términos de riqueza de 13% del PIB para 2020. Lo anterior se traduciría en un PIB per cápita sustancialmente menor. Se daría una importante recomposición de la participación de los sectores en el PIB. Todas las actividades crecerían a menores tasas anuales en 2015-2021. Algunos sectores se desacelerarían más que otros. La minería pasaría de crecer 4,9% en el escenario base, a crecer -1,0%, mientras que la construcción pasaría de crecer 7,4% a crecer 4,2% en el mismo periodo. Los sectores que menos se desacelerarían serían la industria, que pasaría de crecer un promedio de 4,4% a 3,6% en el periodo 2015-2021, mientras que la agricultura pasaría de crecer en promedio 2,6% a crecer 1,5% durante el mismo periodo.

Los ingresos fiscales se contraerían en promedio más de 1% del PIB entre 2015 y 2021, en el escenario base. La tasa de desempleo promedio anual aumentaría a dos dígitos; la pobreza, que está con un nivel cercano a 30%, aumentaría a 34% y bajaría a su nivel actual solo en seis años. La clase media, se demoraría 4 años para volver a su nivel actual.

Como se menciona en el Editorial de esta edición, Colombia ha tenido un déficit de cuenta corriente durante los últimos seis años. Esto quiere decir que, en parte, el país ha crecido bien pero a costa de un mayor endeudamiento con el resto del mundo durante todo ese periodo. La caída en el precio del petróleo y de otras materias primas ha hecho que el mercado cuestione la financiación de ese déficit y que el peso se devalúe con el resultado esperado de aumentar las exportaciones y reducir las importaciones, así el déficit se reducirá. Todos estos son los efectos de una verdadera “reversión de la cuenta corriente”.

Dado que la expectativa general del mercado es que el petróleo no vuelva a sus niveles anteriores, lo más conveniente es que el ajuste en la tasa de cambio y en la cuenta corriente se dé gradualmente como se está dando. Es de señalar que, mientras el estudio dirigido por Hernando José Gómez representa casi una parada súbita (sudden stop) de los flujos de capital a Colombia, los mercados están aún abiertos para Colombia a tasas muy favorables.

El Gobierno debe pensar en hacer uso de sus fuentes de finaciación externas que aún están abiertas, para morigerar cualquier tipo de ajuste.

Hace varios años le preguntaron a Salomón Kalmanovitz en una conferencia, ¿qué le desearía él, como economista, a Colombia? Recordando que la economía deriva de la filosofía moral, Kalmanovitz, respondió: “Que no encontremos un pozo de petróleo más”. Quizá, más que acto de sinceridad académica, era uno de nostalgia. Una nostalgia de una Colombia cuya capacidad productiva se ha visto mermada por la bonanza del petróleo y las materias primas.

La reducción de la “maldición de los recursos naturales”, dada su generación de Enfermedad Holandesa, paradójicamente, abrirá nuevas posibilidades de crecimiento para los sectores transables de la economía que en la última década han retrocedido.

Al final, el ajuste no dependerá tanto del nivel y rapidez en que caigan los ingresos petroleros, como de cuán rápido aumenten las exportaciones y se reduzcan las importaciones, así como de la política contracíclica y de financiamiento que el gobierno nacional adopte. Si se obra bien, tal vez esta amenaza de crisis sea una oportunidad para rebalancear las cargas.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?