| 3/1/2012 4:00:00 PM

¿Daño colateral?

La adopción de estándares internacionales de contabilidad traería una disminución en el patrimonio de las empresas entre 15% y 36% en promedio.

El proceso de convergencia hacia normas internacionales de contabilidad e información financiera (NIIF o IFRS, por sus siglas en inglés) no será fácil para las empresas colombianas. No solo por los efectos tecnológicos y operacionales que implica –el rediseño de los sistemas internos de reporte y la capacitación de personal–, sino porque su aplicación podría tener un significativo impacto patrimonial.

Un reciente estudio de Baker Tilly Colombia Consulting sobre las entidades que reportan a la Superintendencia de Sociedades, indica que la aplicación integral de IFRS por primera vez traería una reducción de entre 15% y 36% del valor del patrimonio de las empresas del sector real. Esta cifra dependerá de la metodología que se utilice (IFRS FULL o IFRS SMEs).

En sectores como agricultura, ganadería, caza y silvicultura; hoteles y restaurantes; actividades inmobiliarias, de alquiler y empresariales, en las que las valorizaciones de la propiedad, planta y equipo tienen un gran peso, las reducciones patrimoniales incluso podrían ser superiores a 50%. 

En el comercio, donde el componente de los deudores comerciales y otras cuentas por pagar tendrían un fuerte ajuste en la caída en el patrimonio, sería alrededor de una tercera parte. Los sectores como explotación de minas y canteras se verían afectados por el reconocimiento como un gasto de la totalidad del impuesto al patrimonio.

Por esto, el Consejo Técnico de la Contaduría Pública (Ctcp) –órgano encargado de la regulación y planificación de la aplicación de los estándares– tendrá que ir con pies de plomo y ser muy cauteloso en la implementación gradual.

Por ejemplo, muchas empresas podrían entrar en causal de disolución ante la fuerte caída en su nivel de patrimonio, o tendrían que reducir sus activos dificultando su acceso al crédito. La conversión también podría provocar una caída de los ingresos tributarios del gobierno nacional en el corto plazo ya que un cambio de la política contable tendría efecto en las bases fiscales.

No obstante, el estudio también revela un impacto positivo en las utilidades de las empresas en periodos posteriores. Según la consultora, la reducción del gasto de amortización de activos intangibles que se dan de baja durante la transición, así como por la reducción del impuesto al patrimonio que se reconoce totalmente al principio; el ajuste en los rendimientos de otras inversiones y negocios conjuntos; la baja en cuenta de costos capitalizables, entre otros factores, traerán un aumento en los resultados financieros futuros de entre 54% y 214%. 

Esto significa que, si bien nuestras compañías son más pequeñas desde el punto de vista contable, la convergencia hacia IFRS les permitirá crecer más rápidamente. La conversión hacia los nuevos estándares es un requisito para una verdadera inserción internacional del sector empresarial.

El cambio 

Por años, la contabilidad colombiana ha respondido más a disposiciones de orden fiscal y reglas tributarias, que a tratar de mostrar la realidad económica de las empresas, como lo hacen las IFRS. Incluso, los Principios de Contabilidad Generalmente Aceptados (Pcga) en Colombia han permanecido estáticos desde la fecha de su promulgación en 1993.

Por esto, cosas que se hacen tradicionalmente en nuestra contabilidad tendrán que cambiar, lo cual afectará el patrimonio de las compañías.

Por ejemplo, las normas legales aplicables en Colombia permiten acelerar las depreciaciones y amortizaciones –y que posteriormente estas se reflejen en un incremento significativo de las valorizaciones– por lo que no responden a un análisis de los elementos económicos estructurales de vida útil, patrones de consumo y valores residuales. Esto significa que las valorizaciones de muchos activos y pasivos tendrán que ser objeto de verificación para poder determinar su verdadero valor. De hecho, muchos activos en Colombia tienen ajustes por inflación, que se aplicaron en el país hasta 2006, pero tendrán que eliminarse y disminuirán el patrimonio de las compañías.

Otro caso. Las normas colombianas permiten diferir el pasivo originado en el reconocimiento del impuesto al patrimonio, por lo que la partida no es reconocida con cargo a resultados. Bajo IFRS, deberá registrarse 100% en el primer año de su aplicación con cargo a las utilidades y clasificarse como un gasto operativo con lo cual afectará directamente el Ebitda.

Si bien el estudio es solo para las empresas del sector real, específicamente para las vigiladas por la Supersociedades, es claro que los efectos sobre las empresas del sector financiero podrían ser similares. Y si bien el patrimonio de la banca y los establecimientos de crédito en el país parecería ser de buena calidad, la Superintendencia Financiera estaría pensando en modificar la relación de solvencia con lo cual también se adelantaría a la adopción de Basilea 3.

Pero el efecto no es solo patrimonial. Los criterios más estrictos para la contabilización de pensiones de jubilación, derechos fiduciarios, operaciones o negocios conjuntos –grupos–, entre muchos otros aspectos, requerirán fuertes ajustes en la regulación, tributación –deducibilidad de ciertas operaciones– y en la supervisión.

Es claro que no será un cambio sencillo ante el aún alto desconocimiento del tema por parte del empresariado colombiano y la falta de preparación. Sin embargo, es un hecho que las empresas y los profesionales que no comiencen a actuar ya quedarán rezagados con este cambio que empezó y que tiene importantes impactos.

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