| 2/16/2017 12:00:00 AM

¿Cuándo volverá la inflación a la meta?

Los choques salarial y tributario postergaron la convergencia de la inflación y las expectativas a la meta. En esas condiciones, ¿podrá repuntar el crecimiento?

En enero de 2017 la inflación total al consumidor (5,47% anual) permaneció en la tendencia decreciente que sigue desde agosto de 2016, gracias al desvanecimiento de los choques que la sacaron de curso desde 2015: la devaluación del peso y una menor oferta de alimentos por el Fenómeno del Niño. Sin embargo, descendió menos de lo esperado por los analistas –5,34% en la encuesta del Banco de la República– y permaneció lejos del rango objetivo (2% – 4%).

El promedio de los indicadores de la inflación subyacente (5,61% anual) excedió todavía el límite superior de ese rango, por la resistencia a la baja de la que excluye los alimentos (5,26% anual). La inflación sin alimentos se incrementó de forma moderada (12 puntos básicos) por los aumentos en la de los bienes y servicios con precios regulados y la de los transables. Ellos reflejaron de manera parcial el impacto del alza en el IVA –cuya tarifa general se incrementó de 16% a 19% en la reforma tributaria– y, en el caso de los regulados, también incorporó el aumento del salario mínimo (7%), que superó la inflación del año pasado (5,75%).

Como las autoridades establecieron un plazo hasta el 31 de enero para que se reajustaran los precios de los bienes y los servicios con la nueva tasa del IVA, se espera que la inflación de febrero registre el resto de ese efecto. Según algunos analistas, el incremento de esa tarifa añadirá entre 0,3 y 0,7 puntos porcentuales a la inflación en 2017.

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De esta manera, los choques salarial y tributario retrasan la convergencia de la inflación básica y las expectativas hacia la meta. Por este motivo, el promedio de las proyecciones de los analistas desciende al rango objetivo apenas en 2018 y las expectativas del mercado, implícitas en los bonos de la deuda pública a 2, 3 y 5 años, siguen desalineadas de la meta (3% anual), en un rango entre 3,8% y 4,8% anual.

Por la desalineación de las expectativas y la incertidumbre sobre el entorno internacional –acrecentada con la elección del presidente Donald Trump en los Estados Unidos–, la Junta Directiva del Banco de la República mantuvo su tasa de intervención en enero (7,5%), a pesar de la lenta expansión de la actividad económica, causada por la postración de la demanda interna y la lánguida demanda externa.

La desregulación de algunos sectores y el estímulo fiscal propuestos por el presidente Trump, en razón del impulso que podrían dar a la actividad económica, inflaron los mercados financieros internacionales desde su elección. Sin embargo, como la economía está próxima al pleno empleo, también aumentaron las expectativas de inflación, sus tasas de interés de largo plazo y la posibilidad de que la Reserva Federal deba apurar el cronograma de incrementos de su meta para la tasa de interés sobre los fondos federales.

Con estas perspectivas de encarecimiento de la financiación externa, el todavía amplio déficit en la cuenta corriente del país –estimado por el Banco de la República en 4,5% del PIB en 2016 y para 2017 en 4% por algunos analistas y en 3,5% del PIB por el Gobierno– no facilita la reducción de la tasa de interés de referencia de la política monetaria doméstica.

Por el contrario, el ajuste del desbalance externo es recesivo porque requiere desacelerar la expansión de la demanda interna, como ocurrió en 2015 y 2016. Lo inquietante es que, según el último dato disponible, esta se contrajo (-1,1% anual en el tercer trimestre) por la caída de la inversión fija (-3,4% anual) y la ralentización del consumo privado (1,2% anual).

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Es probable que la demanda externa mejore algo este año, gracias al mayor crecimiento mundial y regional. También se espera que el repunte moderado de los precios de los productos básicos –en particular de los hidrocarburos– mejore los términos de intercambio y contribuya a un incremento mayor del ingreso nacional. Sin embargo, el impulso externo no será suficiente para retornar al crecimiento potencial (cercano al 3%).

Por tal motivo, las proyecciones de la tasa de crecimiento para este año del Banco de la República (2%), de los analistas (2,3%) y del Gobierno (2,5%) predicen un repunte respecto del estimado del año pasado (1,8%). Para garantizarlo, se requiere incrementar la demanda interna, sobre todo la inversión.

Sin embargo, la postura fiscal no puede ser muy expansiva. La disminución del déficit del Gobierno Nacional Central de 4% del PIB en 2016 a 3,3% en 2017, 2,7% en 2018, 2,2% en 2019 y 1,6% en 2020, con la cual se comprometieron las autoridades, requiere que sea menos estimulante. Para cumplir esas metas, que preservan la solvencia del Estado, ayudan a conservar el grado de inversión de la deuda pública y a mantener bajo el riesgo soberano, el Gobierno sustraerá recursos del sector privado (0,6% del PIB en promedio anual en ese periodo, de acuerdo con las estimaciones de Anif) y deberá disminuir el gasto público o conseguir ingresos adicionales entre 2017 y 2020.

En estas condiciones, su estrategia contracíclica se basa en impulsar la inversión, mediante los programas de edificación de aulas escolares y de vivienda, junto con la construcción de obras civiles, tanto a través de la mayor ejecución de las de los gobiernos regionales –cuyos ingresos por regalías aumentan y tienen ya planes de desarrollo–, como por la puesta en marcha de un mayor número de proyectos de infraestructura vial, bajo el esquema de concesiones de cuarta generación (4G), de los cuales este año se proyecta iniciar la ejecución de una quinta parte. Sin embargo, hay que esperar qué efectos traerá el plan Colombia Repunta, cuyo anuncio se daba al cierre de esta edición por el presidente Juan Manuel Santos (ver página 24), que tendrá inversiones en infraestructura y para el posconflicto, programas sociales y apoyo a algunos sectores.

En consecuencia, una gran parte de la tarea de reanimar la demanda interna recae en la política monetaria. Es probable que en la coyuntura actual la tasa de interés de intervención (7,5%), con la inflación corriente (5,5%) esté próxima a la neutral en términos reales (2%, según cálculos de Carlos Gustavo Cano). Por tanto, con el fin de estimular la demanda se requeriría recortarla. En este contexto, las proyecciones del repunte de la actividad económica de los analistas contemplan una reducción de 150 puntos básicos de la tasa de intervención del emisor en 2017. Con ello cerraría el año en 6%, de manera que, con unas expectativas de inflación de 4,5%, se tornaría más estimulante en términos reales (1,5%). En caso contrario, quizá la actividad económica repunte menos.

Como la magnitud del recorte depende de que converjan las expectativas, habrá que esperar su evolución. Mientras tanto, el soporte al crecimiento provendrá de Colombia Repunta.

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