| 9/16/2015 7:00:00 PM

¿Venezuela y Ecuador crean un enemigo externo para justificar dificultades?

En la frontera con Ecuador el arbitraje cambiario beneficia a sus ciudadanos, que compran a manos llenas en Colombia, mientras en la de Venezuela, el contrabando y la informalidad mandan.

Dicen que cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana. Y este aforismo podría explicar la calentura que por estos días se vive en las fronteras colombianas con Ecuador y Venezuela, cuyos problemas económicos internos están acabando la luna de miel con sus electores y los ha motivado a buscar enemigos externos para justificar sus dificultades.

En el caso de Venezuela, la caída de más de 50% de los ingresos por el desplome en los precios del petróleo tiene al gobierno buscando enemigos afuera para ocultar el fracaso de su modelo económico. Esto explicaría la decisión del presidente Nicolás Maduro de ordenar el cierre de los pasos fronterizos para “frenar el contrabando de extracción” que, según el mandatario, están acentuando la ‘guerra económica’ contra su gobierno.

En Ecuador, también afectado por la caída de sus ingresos petroleros y la amenaza de fuga de divisas, el gobierno decidió establecer un esquema de salvaguardias que castiga los productos colombianos. Incluso, el presidente Correa llamó a sus ciudadanos a no comprar en Colombia.

Pero, aunque las medidas anunciadas por los gobiernos vecinos buscan paliar la crisis económica y sus efectos podrían ser peores que la enfermedad. A pesar de las duras medidas, en las dos fronteras se ha disparado el contrabando por efectos del diferencial cambiario y la enorme rentabilidad de este tipo de negocios ilegales, según datos de cámaras binacionales.

El contrabando de gasolina –en el que participan venezolanos, encargados de proveerla– el negocio es tan rentable que hay quienes afirman que resulta mejor que el narcotráfico. La razón es sencilla: mientras con el envío de drogas al exterior los colombianos obtienen 5% de las utilidades y corren enormes riesgos, con la gasolina obtienen hasta 50% de rentabilidad y la exposición es menor.

Con Venezuela la situación en frontera es crítica pues la devaluación de su moneda en los últimos cuatro años alcanza 500%, lo que ha reactivado el contrabando en detrimento de las industrias y el agro de Norte de Santander, según José Miguel González, presidente de la Cámara de Comercio de Cúcuta.

Mientras el comercio informal florece, el legal sigue marchitándose. Entre enero y julio las exportaciones a Venezuela cayeron 39%, según el Dane, al pasar de US$1.172,2 millones a US$710,9 millones.

A esto se suma el flujo de trabajadores venezolanos hacia Colombia, en búsqueda de un salario que les resulte más favorable frente a su devaluada moneda, lo que ha impulsado la tasa de desempleo que ubica a Cúcuta entre las ciudades con mayores tasas de desocupación –cercana a 14%– y una informalidad laboral que alcanza 70%, la más alta del país.

El impacto se siente también en los negocios. Los dueños de las 250 casas de cambio de Cúcuta tienen casi en cero sus operaciones; las agencias de viajes, que habían vendido 6.000 paquetes turísticos para fin de año, renegocian condiciones con clientes y operadores venezolanos mientras en los centros comerciales han caído 30% las visitas. Esto ha motivado a los empresarios a pedirle al gobierno del presidente Juan Manuel Santos el otorgamiento de una ley de beneficios tributarios que estimule la llegada de capitales a la región, al estilo de la ‘Ley Páez’. 

Pero hay quienes aseguran que el cierre de la frontera ha afectado más a los venezolanos. En el caso del carbón, 6.000 toneladas que salían por puertos venezolanos eran transportadas por camioneros del vecino país que están literalmente ‘varados’ y a la espera de que se reactiven los negocios.

También Ecuador

Pero, si en la frontera con Venezuela llueve, en la de Ecuador no escampa. Allí se está dando un proceso inverso, pues miles de ecuatorianos han llegado a Ipiales atraídos por la fuerte devaluación colombiana.

En Ecuador la fuga de divisas es la mayor preocupación del gobierno de Rafael Correa que, ante la falta de herramientas de política monetaria –el país está dolarizado– impuso medidas de salvaguardia y llamó a sus nacionales a frenar las compras en Colombia.

Los más afectados con estas salvaguardias –con aranceles de hasta 45%–, son los empresarios formales. Es tal la ventaja cambiaria que obtienen los ecuatorianos en territorio colombiano, que se ha disparado el contrabando y la informalidad. La directora de la Cámara Colombo Ecuatoriana, Oli- va Díazgranados, dice que las salvaguardias “aumentaron el costo de vida, generando una avalancha de contrabando desde las fronteras y una pérdida de competitividad para los empresarios”.

 De hecho, el comercio con Ecuador se ha desinflado este año y al cierre del primer semestre las exportaciones colombianas a ese mercado cayeron 11%, al totalizar US$781 millones, mientras que las importaciones de ese país alcanzaron los US$402 millones.

En esta frontera el arbitraje es muy favorable a los ecuatorianos, que obtienen enormes ventajas al comprar en dólares pues, al cambio en pesos, obtienen mayor liquidez. En Colombia, con una devaluación de 66% en el último año, los productos resultan más baratos. Pero en este caso el gobierno colombiano no ha salido a quejarse públicamente de la “extracción” de sus productos por parte de los ecuatorianos, a imponer medidas para frenar la salida de estos bienes o a lamentarse de estarles subsidiando el consumo.

La pregunta es qué hacer en momentos en que las fronteras se han calentado. Germán Umaña, de la Cámara Colombo Venezolana, sugiere avanzar en propuestas de desarrollo a largo plazo y pensar en un modelo sostenible. 

La crisis económica está exacerbando los ánimos en las fronteras. Si no se toman medidas efectivas, las consecuencias serán impredecibles.
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