| 3/28/2012 6:00:00 PM

Crecer es cuestión de método

La solidez de la economía colombiana sigue dejando perplejo a más de uno. ¿Se puede soñar con crecer más allá de 7% de manera sostenida?

Colombia es un país concentrado en lo coyuntural y que se demora mucho en entender lo estructural. Por eso, el debate económico está hoy lleno de lugares comunes que rigen la discusión.

Este no sería un problema si se tratara de algo exclusivamente académico; pero esas premisas condicionan las decisiones de política y por eso vale la pena plantearse preguntas sobre los principales argumentos de la discusión económica actual: realmente, ¿Colombia es un país dependiente de la producción de materias primas? ¿Cuál es la naturaleza del riesgo crediticio por cuenta de los elevados niveles de deuda de los hogares colombianos? ¿Cuál será el impacto de una recesión internacional? Tal vez el país les esté dando las respuestas equivocadas a todas estas preguntas. Vayamos por partes. Según las más recientes cifras de crecimiento reveladas por el Dane, en 2011 la minería es el sector con mayor crecimiento (14%), un resultado sorprendente, porque las demás ramas de actividad crecieron en un rango entre 2% y 7%. Esa es la coyuntura y nadie puede poner en tela de juicio que el sector está ganando más espacio. 

Sin embargo, ese enfoque hay que matizarlo, porque de los asuntos estructurales nadie ha dicho nada hasta el momento. Ahí es donde las sorpresas empiezan a aparecer.

El sector más grande de la economía colombiana no es el que todo el mundo está diciendo: se llama “Establecimientos financieros, seguros, actividades inmobiliarias y servicios a las empresas” que, de acuerdo con el Dane, en 2011 tuvo un valor de $86,8 billones (base 2005), muy superior a los $34,7 billones que registró el de Minería y Petróleo. Así que Colombia no es un país exclusivamente minero ni petrolero; es, eso sí, un país bancario, inmobiliario y de servicios, todos ellos sectores donde la productividad es muy superior a los tradicionales de extracción básica.

El perfil de la economía colombiana cambió y ahora el riesgo es que se subestime el potencial del aparato productivo y se sobreestimen los riesgos futuros.

Lo mismo parece estar ocurriendo con la otra premisa del debate económico: los niveles de cartera en Colombia son elevados y eso es una amenaza para la estabilidad económica. Esta es una generalización que no da del todo en el clavo. La Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) ya advirtió que en Colombia el nivel de cartera del sector financiero es apenas de 37% del PIB, muy inferior al de otras economías como la de Chile, con 70% del PIB.

Así que el problema no es el tamaño del crédito; el riesgo es que ese volumen de deuda está en manos de muy pocos. Según un estudio del departamento de investigaciones de Bancolombia, el crédito de consumo está en manos de 4,5 millones de personas. Es decir, apenas 10% de la población. Y esto es así por cuenta de la alta informalidad que impide mayores niveles de bancarización. 

También hay cosas para decir sobre la otra premisa: la amenaza de la recesión externa. Hay un antecedente revelador: Colombia logró superar la peor tormenta internacional entre 2008 y 2009 (con cierre de la frontera venezolana incluido), creciendo a 1,7% y aplicando una política monetaria que le ayudó a matizar el ciclo recesivo.

Todos estos son matices nuevos en el análisis económico que deben ser incorporados para evitar diagnósticos errados. Frente al tema, al interior de las autoridades es posible identificar dos posturas: por un lado, está el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, quien ha señalado que el país está en un nuevo nivel de crecimiento sostenible. Por el otro, aparece el Banco de la República para el que el país está recalentado, porque el crecimiento real está casi un punto por encima del crecimiento potencial que debe ser 5%.

Por eso, el Emisor ha apretado las riendas para impedir un recalentamiento y nuevas presiones inflacionarias como las de 2007 y de 2008, año en que el IPC llegó casi a 8%. Los aumentos en tasas ya enfriaron la economía.

Las preguntas que ahora vale la pena hacerse son: ¿qué tanto puede crecer de manera sostenible la economía colombiana, generando empleo y sin inflaciones excesivas?

Lo primero que hay que decir es que los altos volúmenes de inversión, la caída del desempleo, el recaudo tributario, el aumento en los niveles de productividad de las empresas, entre otros indicadores, muestran que hay un cambio estructural en la manera de producir de los colombianos. Eso nadie lo puede negar.

“El país tiene para seguir creciendo al 4%, casi sin mover un dedo, solo con la reposición de equipos. Ese parece ser el nuevo piso”, explica un experto del equipo técnico del Gobierno que pidió no ser citado. Si se hicieran bien las cosas y el Banco de la República pusiera su granito de arena, ¿el crecimiento podría, en el mediano plazo, llegar al 7% y seguir así por varios años? 

La respuesta a esta pregunta condiciona las decisiones de las autoridades. Si seguimos con las mismas premisas y sin ningún matiz (Colombia es un país minero, la cartera es muy alta, la crisis mundial hundirá al país) la salida será mayores ajustes en el futuro próximo y un crecimiento menor para este año. Pero si se reconocen los cambios estructurales del aparato productivo, los desafíos pueden resultar muy diferentes.

Por ejemplo, si aceptamos que el riesgo de la cartera está referido exclusivamente a la alta concentración, el asunto no es aumentar el costo del dinero. Paradójicamente, hay que dar más crédito pero a nuevas personas; obviamente, cuidando que el uso de los préstamos de consumo no se salgan de cauce.

Otro matiz: ahora el país tiene que apostar por un mayor crecimiento de los sectores más competitivos, que son los que hoy están pagando los mejores salarios. Eso condicionaría, por ejemplo, las políticas de incentivo para el sector minero. 

¿Por qué no reemplazar esa estrategia por estímulos más agresivos para sectores intensivos en tecnología? Es necesario revisar las premisas que fundamentan el debate económico actual. Lo que está en juego es un mayor nivel de crecimiento, un requisito sine qua non para superar los graves problemas que todavía sufre el país.
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