| 12/16/2015 7:30:00 PM

Congresistas proponen dictar cátedras de finanzas en los colegios colombianos

Los colombianos se rajan en temas de cultura financiera. Para solucionar el problema se discute un proyecto de ley en el Congreso que llevaría estos tópicos a las aulas. Para algunos, la iniciativa es positiva, pero no es la solución. ¿Qué hacer entonces?

Muchos colombianos quedan desconcertados cuando les hablan de temas que les tocan el bolsillo. La comparación de tasas de interés en créditos hipotecarios, los rendimientos de los fondos de pensiones, las alternativas de ahorro e incluso el cálculo anual de los impuestos son ejemplos de los asuntos en los que reina el desconocimiento.

Algunos indicadores sustentan este “analfabetismo financiero”. En 2012, en la Prueba Pisa de alfabetismo financiero, Colombia obtuvo el último lugar entre 18 países evaluados y ni siquiera 1% de quienes representaron el país se encontró en el nivel de desempeño más alto. Asimismo, una encuesta realizada por la firma Cifras y Conceptos en las cinco ciudades principales del país, encontró que 73% de los encuestados calificaron su conocimiento financiero como bajo o medio y solo 20% realizó correctamente un cálculo de capital e interés simple.

Todo ello pasa en un ambiente en el que cada día los sectores público y privado se han metido a enfrentar estas talanqueras. Ejemplo de ello, afirma Santiago Montenegro, presidente de Asofondos, son los contenidos pedagógicos que ha impulsado el gremio de los fondos de pensiones para promover el ahorro y para que los trabajadores colombianos tomen decisiones informadas respecto de su pensión.

Fogafín, los bancos, las aseguradoras, el Banco de la República y Dividendo por Colombia, también le han jalado a estos proyectos. Alejandra Díaz, directora de responsabilidad social de Fasecolda, ve positivo que los colombianos, especialmente los de menores ingresos, conozcan los riesgos a los que están expuestos.

Por su parte, en el Emisor se cuenta desde hace varios años con una Exposición Monetaria Interactiva, que comprende módulos en temas de economía, como el dinero, la inflación, el banco central y la política monetaria. Además, se impulsan concursos para que estudiantes de colegio y universidades se interesen por profundizar más sobre estos temas.

Pese a los esfuerzos y las buenas intenciones, diagnósticos como el de Cifras y Conceptos muestran que la tendencia no cambia.

Propuesta de Cambio

Para coger el toro por los cuernos, un grupo de congresistas, en su mayoría de Cambio Radical, presentaron un Proyecto de Ley para que estos temas “cocos” sean abordados en el colegio, lugar donde se aprenden las lecciones que quedan para toda la vida.

La iniciativa, que este año fue aprobada en el Senado y que en 2016 hará curso en la Cámara, planteaba en su primera versión crear una cátedra de educación financiera. Sin embargo, luego de varias discusiones ha sido repensada, según la senadora Rosmery Martínez, como parte de “un proceso de inclusión curricular transversal”. En otras palabras, se incluirían algunos temas conexos; por ejemplo, el cálculo de una tasa de interés o los mecanismos de ahorro, en materias que ya existen en el currículo escolar, como sociales o matemáticas.

¿Cómo se implementaría en los colegios? La senadora Martínez aclara que “serían las mismas instituciones educativas, en el marco del respeto por la autonomía institucional, quienes decidirán cómo se hará la adaptación, para que no haya sobrecargas y estas puedan adaptarse de la mejor manera posible”.

Pese a lo bien que suena la propuesta y la necesidad de acciones urgentes, existen algunas dudas en torno a la conveniencia de la misma.

¿Es la solución?

Son varias las inquietudes que genera un cambio, por pequeño que sea, en los contenidos de la educación. Una de ellas es planteada por Santiago Castro, presidente de Asobancaria, quien aunque apoya la iniciativa, señala que “nuestro país no cuenta con la cantidad de docentes capacitados para abordar estos temas”.

Por esta razón, indica Castro, “los docentes de los colegios deben ser entrenados para poder transmitir los conocimientos e, incluso, capacitados para que ellos mismos puedan aplicar estos conceptos a título personal”.

Esta contingencia está en el radar de la senadora Martínez, quien estima que no debería ser este un motivo de claudicación, dado que todas las actividades humanas, por bien planeadas que sean, siempre se encuentran expuestas al riesgo. 

Otra de las cuestiones es expuesta por Catherine Rodríguez, investigadora de la Universidad de los Andes y experta en temas de educación; según ella, varios estudios han demostrado que los programas de educación financiera tradicionales no son efectivos.

Rodríguez precisa que la educación financiera puede tener efectos no siempre significativos en el conocimiento y, además, no necesariamente logran cambiar las actitudes de quienes se capacitan. En términos sencillos, las personas podrían conocer un poco más de la existencia de mecanismos de ahorro, pero no por ello van a empezar a ahorrar. Así ocurrió con el programa de educación financiera de Dividendo por Colombia y el Banco de la República, según lo encontró un documento de Nidia García, jefe de educación financiera del Emisor.

Entonces, ¿qué hacer?

Estrategias novedosas y efectivas se han desarrollado en otras latitudes. Un ejemplo de ello se dio entre 20.000 estudiantes –y sus padres– de 868 colegios de Brasil entre 2010 y 2011. Allí se integraron estos temas en las clases de portugués, matemáticas, ciencias e historia, con nuevos libros que incluían mensajes y ejercicios sencillos; por eso, una de las tareas consistía en construir un presupuesto familiar en casa.

Esta actividad, evaluada y liderada por Miriam Bruhn, experta en finanzas personales del Banco Mundial, encontró al final que el conocimiento de los estudiantes aumentó significativamente y el ahorro para las compras también lo hizo en 1,4%. Además, se encontró evidencia de mejores niveles de planificación financiera de padres e hijos. 

Otra iniciativa interesante que valdría la pena evaluar es el uso de programas de televisión para promover actitudes positivas, no solo de finanzas personales.Así fue posible que en Ruanda se generaran relaciones cordiales entre tutsis y hutus, dos etnias que estuvieron en un conflicto sangriento en ese país. La televisión ayudó a mejorar la visión que tenían unos de otros.

De la misma manera, hace pocos años las novelas brasileras de O Globo hicieron que las tasas de fertilidad femenina se redujeran en los lugares que recibían esta transmisión. La razón es sencilla: ayudaron a moldear la visión femenina del matrimonio y la familia. 

El Banco Central de Polonia invirtió en programas de televisión con componentes de educación, allí la política fue exitosa.

Valdría la pena revisar esta última estrategia, especialmente en un país donde se conoce más de las alineaciones de equipos de fútbol europeos o de la vida de los grandes capos de la mafia, que de mecanismos de planeación financiera.

Mientras en el Congreso sigue la discusión, conviene pensar en la reflexión de Catherine Rodríguez sobre lo que debería ser un programa de educación financiera: “simple, claro y que incite al cambio de actitudes”.
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