| 11/9/2017 12:01:00 AM

Colombia debe apurar las mejoras en competitividad

El progreso de la competitividad es un proceso de largo plazo. Por eso es vital establecer una agenda que tenga continuidad.

La mejora de la competitividad de un país se logra con una agenda de muy largo plazo, que constituye un extenso camino que va de la mano con su desarrollo económico y que hay que recorrer a través de los años.

En la medida en que se cumplen las metas, la competitividad mejora, pero la vara se va desplazando hacia arriba, porque el resto de los países también aumenta la suya. Por eso no se puede detener el trabajo en la competitividad, porque al hacerlo se corre el riesgo de retroceder.

Con ocasión del lanzamiento del Informe Nacional de Competitividad de 2017, la presidente del Consejo Privado de Competitividad (CPC), Rosario Córdoba, dialogó con Dinero para explicar qué está pasando con la competitividad del país.

¿En qué está Colombia en materia de competitividad?

Para juzgar el progreso en la competitividad conviene tener una perspectiva de largo plazo. En el caso de Colombia, por ejemplo, resulta útil comparar la situación del país en 2002, hoy y las metas que nos hemos trazado para 2032.

Al adoptar esta óptica resulta evidente que las condiciones económicas y sociales del país han mejorado de manera considerable desde 2005, cuando se crearon el CPC y el Sistema Nacional de Competitividad (SNC). En esa época, el país no venía de un estancamiento, sino de un retroceso en competitividad.

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Desde 1994 hasta 2004 no se había hecho mayor cosa en este campo. La preocupación fundamental en esa época era la seguridad. Ese problema nublaba la visión sobre el resto de los factores de la competitividad. Vivíamos tan preocupados por ella, que no nos dábamos cuenta de la mala calidad de las carreteras, por ejemplo, porque no las transitábamos por lo peligroso que podía resultar hacerlo.

¿Cómo empezó la tarea?

Un grupo de empresarios en esa época, preocupado por la inminencia del establecimiento de un tratado de libre comercio con los Estados Unidos, le planteó al presidente Álvaro Uribe la inquietud de la competitividad de la economía colombiana. Por medio de la nueva institucionalidad que se creó, el país estableció una agenda de competitividad.

La pobreza, la miseria y el desempleo –que cayó a un dígito– disminuyeron de una forma pronunciada, mientras que el ingreso per cápita se incrementó de modo notable y el crecimiento del PIB se aceleró más que en el promedio de América Latina. Ante la caída de los precios de los commodities y por tanto de los ingresos, para mantener estos buenos resultados se requiere acelerar la agenda de competitividad. Uno quisiera que las cosas mejoraran más rápido, pero es difícil llevar a cabo en una década lo que se ha dejado de hacer en cinco. Lo importante es establecer las prioridades en una agenda clara y comprometerse con ella.

¿Cómo le fue al país este año?

A pesar de que la nota de la competitividad de este año (2,9) fue similar a la del anterior (3), Colombia cayó cinco puestos, al 66 entre 137, en la escala del índice global de competitividad del Foro Económico Mundial. El descenso fue consecuencia de que cinco países se metieron adelante, porque mejoraron más que el nuestro. De ello se puede sacar la lección de que, si el país quiere lograr las metas que se trazó para el año 2032, tiene que mejorar más rápido su competitividad; es decir, acelerar la velocidad del pedaleo.

¿Por qué Colombia avanza tan lento en su competitividad?

En primer lugar, porque está estancada en las condiciones básicas de la competitividad. En segundo lugar, porque, aunque es un país de ingreso medio alto, muchas de sus regiones se quedaron estancadas en el siglo XIX. Por tanto, mejorar su competitividad tendría un impacto favorable sobre todo el país.

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¿Cuáles son las condiciones básicas?

Las instituciones son el principal obstáculo para mejorar la competitividad del país, como indica su localización en el puesto 117 entre los 137 que evalúa el FEM. Las instituciones son, quizá, la condición básica más importante, porque son la manera como se comportan e interactúan los diferentes actores de la sociedad: el Gobierno, el sistema judicial, los políticos, los empresarios y los trabajadores, el sector público y el privado, junto con las relaciones entre las regiones y el centro.

¿En qué más estamos mal?

Colombia también está muy mal en la educación básica y la salud, donde ocupa el puesto 88. La cobertura neta de la primaria en todo el país es baja (84%) y en algunas regiones es todavía menor, como en Guainía (50%). La calidad de la salud y el acceso a ella en algunas regiones también es precaria. A pesar del progreso reciente, el país tampoco está bien en la infraestructura, en la cual está en el puesto 87. Sus regiones y el país con el mundo no están bien conectados. Con independencia de la institucionalidad que tiene Colombia en el campo de la competitividad, es muy difícil aumentarla si el país no se compromete en mejorar esas condiciones básicas.

¿Quedó contenta con la reforma tributaria?

No. Hay unos principios básicos para la estructura tributaria: que sea simple, eficiente económicamente, equitativa y progresiva. El sistema tributario no es sencillo, es muy complejo –aunque avanzó algo en el tema de las personas naturales–, no es equitativo porque unos tienen privilegios y otros no; debería ser más progresivo y no es eficiente económicamente. Hay que ampliar la base, de 48 millones de personas solo 2 millones pagan renta.

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En el tema de innovación, ¿cómo vamos?

Innovación, competitividad, productividad son unos términos muy importantes pero no basta con tener el deseo de ser un país innovador, competitivo y productivo. Para que haya innovación en un país hay que generar los incentivos adecuados. No estoy hablando de subsidios. Colombia es en la práctica una economía cerrada. Si se sigue protegiendo la economía, no hay el incentivo para hacer nada diferente. Hay que generar el ecosistema para que funcione: competencia, rivalidad y las condiciones para que haya innovación.

¿Y el mercado laboral?

Uno no puede hablar de un país productivo y competitivo cuando no tiene un mercado laboral flexible que, además, no es eficiente y que cada día se inventa una nueva norma para volverlo más ineficiente.

¿Cómo se podría acelerar el progreso de la competitividad?

El Sistema Nacional de Competitividad e Innovación y los empresarios están comprometidos con la agenda de largo plazo para mejorar la competitividad del país. Pero hace falta el compromiso de los gobiernos para que haya continuidad en la agenda. Los gobiernos son temporales, pero la sociedad civil y los empresarios permanecen. Los países necesitan tiempo para desarrollarse. Por eso es fundamental persistir en la agenda. En consecuencia, para lograr la visión del país que nos fijamos para 2032, la continuidad de la agenda de competitividad es fundamental. Este principio adquiere una gran relevancia en una coyuntura política de polarización, como la actual.

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