| 9/1/2016 12:00:00 AM

Mal asegurados: No cubrirse frente al dólar está saliendo caro

Aunque ya se negocian más de US$240.000 millones anuales en coberturas cambiarias, aún son pocas las empresas que las usan. Es clave medir bien los riesgos y asesorarse para no terminar especulando.

Desde 2003, cuando el precio del dólar empezó a bajar, a los empresarios –que llevaban años acostumbrados a manejar una tasa de cambio predecible, que siempre iba al alza– les empezaron a recomendar que usaran instrumentos financieros que les permitieran protegerse del riesgo cambiario.

Pocos acogieron este consejo, pues se quejaban de lo costosos que eran dichos instrumentos, que se conocen como coberturas, y ninguno preveía que el precio de la divisa pudiera llegar a $1.652 en 2008, ni mucho menos que el país iba a pasar 11 años con una moneda revaluada.

Las entidades financieras lograron atraer algunos empresarios hacia las coberturas, que funcionan como un seguro en el que fijan un precio del dólar a futuro, para que así en las épocas de revaluación se aseguren una tasa de cambio más alta de la efectiva en el momento en que les llegan los dólares de sus exportaciones. Incluso el Gobierno incluyó las coberturas cambiarias entre los instrumentos con los que intentó ayudar a los sectores más golpeados con la revaluación, como los floricultores.

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Si bien en estos últimos años más empresarios accedieron a las coberturas cambiarias, las cuales tienen diferentes niveles de sofisticación, parece que no aprendieron la lección y ahora que el precio del dólar dejó de caer y llegó a máximos históricos ($3.434 en febrero pasado), las coberturas siguen ausentes y sufren los importadores, así como muchos empresarios que usan materias primas traídas del exterior.

A esto se suma el hecho de que por una combinación de mala asesoría y el afán de ganar más, las coberturas cambiarias se han convertido en un dolor de cabeza para algunas empresas, que en vez de protegerse del riesgo cambiario terminaron perdiendo. Ese es el caso de dos empresas del sector agroindustrial que midieron mal sus riesgos y sin saberlo se metieron en el negocio de la especulación, lo que implicó saldos en rojo por $350.000 millones.

Luis Godoy, experto en el tema y socio de la firma Gestión de Riesgo, considera que el problema se origina en el hecho de que algunas empresas no tienen clara cuál es su exposición al riesgo financiero, que no es otra cosa que las potenciales pérdidas por cambios en los precios de las variables que afectan sus flujos de caja. Por ejemplo, una exportadora de confecciones puede asumir que su riesgo es de revaluación, pero si su materia prima está indexada a precios internacionales, tiene una cobertura natural que reduce su exposición a la tasa de cambio; por otro lado, ¿está la empresa gestionando su exposición a la materia prima (algodón) la cual tiene una mayor volatilidad y solo se puede cubrir con contrapartes internacionales?

Como al comprar ropa

Para cubrirse de los cambios en los precios del dólar o de las materias primas que necesita una empresa existen mecanismos que permiten pactar hoy un precio de compra o venta a un plazo determinado. Uno de esos mecanismos son los futuros, que se negocian a través de la bolsa, bajo lo que se denomina un mercado estandarizado.

“Esto es como cuando uno va a comprar ropa a un almacén: las tallas, los colores y los diseños están ya definidos y uno escoge, así que con los futuros el empresario sabe que puede cubrirse de una subida o bajada del dólar, fijando un precio hoy que va a estar vigente, por ejemplo, en 30 días. Otra opción es cuando uno manda hacer la ropa con un sastre, que viene a la medida y ese es el mercado que se conoce como de mostrador u Over The Counter (OTC)”, explica Hernán Alzate, vicepresidente de tesoreria de Bancolombia.

En el mercado de mostrador es en donde se ofrecen las opciones más sofisticadas, que sumadas a una mala asesoría pueden llevar a la situación de los ingenios. Conocedores del sector dicen que el instrumento que usaron los azucareros son los llamados seagull apalancados, en las que se mezclan varias opciones financieras, con un fuerte componente de especulación.

“El error estuvo en que no buscaban estabilidad en el precio, sino ganar a toda costa y, si en el mercado cambiario hay volatilidad, en el de las materias primas hay mucho más. Por eso, con esas opciones si ganan es muy bueno, pero si pierden es terrible. El objetivo debe ser buscar estabilidad y no jugar a la ruleta”, dice un empresario y agrega que el problema está en que muchas veces las compañías se enfrentan a un sector financiero que ofrece productos enredados para comprar volatilidad barata y venderla cara.

Alzate acepta que en algunos casos se puede presentar una mala asesoría, pero la atribuye a bancos internacionales, que también son muy activos en el país ofreciendo estos productos. “Ellos llegaron a ofrecer derivados que se ajustan más a un hedge fund que a una empresa. En nuestro caso, y el de la banca colombiana en general, puedo decir que esa no es la estrategia, porque lo que buscamos es hacer relaciones de largo plazo con los clientes, por lo tanto no nos conviene ofrecerles una cobertura con la que pueden terminar perdiendo”, precisa.

En lo que respecta a la queja de que las coberturas son costosas, Godoy considera que, como todo seguro, la prima debe tener un costo directamente relacionado con la volatilidad del mercado y que cuando a las empresas les ofrecen alternativas para no pagar esa prima, vendiendo opciones enredadas, es cuando vienen los problemas. “El lío es que en el país no hay cultura de riesgo y muchos quieren ganar con cara y con sello. La clave está en educarse”, dice.

Alzate agrega que, entre más exótico es el instrumento financiero que se va a usar, este puede salir más caro, pues al no estar en un mercado estandarizado los precios son distintos. “Hoy las devaluaciones están a 8% y, aunque el negocio de las coberturas cambiarias ha venido creciendo, falta que lo usen más empresas, pues a medida que aumenta la demanda se forman mejor los precios”, precisa.

Más allá de la mala experiencia que tuvieron los ingenios, lo cierto es que si con dólar a la baja las coberturas eran necesarias, con la divisa al alza se vuelven indispensables. Solo con precios predecibles se puede hacer planeación de ingresos y gastos, así como operar mejor las empresas.

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