| 3/20/2014 11:00:00 AM

Los números de la paz

La creación de un Plan Colombia II y de un Ministerio del Posconflicto son algunos de los programas en los que trabaja un sector de la Unidad Nacional. Urge el diseño de políticas para atender el fin de la guerra.

Al margen del letargo en que parece haber entrado la discusión sobre drogas y narcotráfico en La Habana, los cálculos sobre la suerte que correrá el proceso de paz apuntan a que habría un acuerdo entre las partes durante el segundo semestre del año. Por lo menos esos son los presupuestos del gobierno de Juan Manuel Santos.

Pero más allá de las cábalas ,y mientras avanza el proceso de negociación en Cuba, la verdad es que diversos sectores del país tienen hoy sus baterías enfiladas en hallar respuestas a un interrogante: ¿cómo atender financiera y políticamente el cada vez más seguro escenario de posconflicto en Colombia?

Dentro del grupo de quienes buscan dilucidar el enigma, tal vez quien más ha avanzado es el presidente del Senado, Juan Fernando Cristo. No en vano planteó ante el gobierno estadounidense la creación de una especie de Plan Colombia II encaminado a redireccionar la actual cooperación económica que brinda Estados Unidos a Colombia para luchar contra el narcoterrorismo.

Esa ayuda ronda los US$400 millones al año, de los cuales dos tercios van a las fuerzas militares y policiales. Una partida que, tal y como advierte Cristo, debería ir –tras la eventual finalización del conflicto– al fortalecimiento del tejido social y del aparato de justicia del Estado. Pero, ¿desde qué entidad podría reorientarse la inversión de esos recursos?

Para responder la pregunta, un sector de la Unidad Nacional, encabezado por el senador Cristo, avanza en una propuesta enfocada a crear el Ministerio del Posconflicto. Tal ha sido el interés del parlamentario en materializar la idea que por estos días trabaja junto a un equipo de académicos en la elaboración de un documento que sirva no solo para trazar la ruta de la naciente cartera sino para formalizar la proposición ante el Presidente de la República.

Incluso, hay quienes van más allá y se atreven a asegurar que el mismo Cristo estaría interesado en postularse para ser el titular del Ministerio. De ser así, las tareas que allí le esperarían no serían menores. Tendría, por ejemplo, que jugársela por una estrategia para que el Estado, de la mano de la comunidad internacional, pueda ocupar aquellos territorios que alguna vez fueron controlados por la insurgencia, sirvieron de foco para el conflicto y estuvieron al servicio de actividades ilegales como la siembra de coca.

Pero ahí no se detendrían sus labores. Deberá además blindar al país para que no repita las ingratas experiencias vividas por algunas naciones centroamericanas cuando entraron en la etapa de la posguerra. Como ocurrió en El Salvador, que durante 12 años de conflicto recibió US$6.000 millones por parte del gobierno norteamericano para robustecer sus fuerzas militares, pero una vez firmó un acuerdo de paz con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), dicha ayuda se redujo en 80%. Las consecuencias entonces fueron nefastas: el resurgimiento de bandas delincuenciales, la creación de pandillas juveniles y la atomización de la insurgencia.

En resumen, si Colombia no quiere padecer lo vivido por los salvadoreños y pretende afrontar un periodo de posconflicto con políticas de largo aliento, al Gobierno no le quedarán más que dos opciones. La primera, invertir en la consolidación del Estado los miles de millones que hoy gasta en la guerra. Según cálculos de la empresa consultora Raddar, esa cifra podría ser cercana a los $440 billones durante los próximos 20 años. Y, la segunda, definir cuál sería la entidad encargada de administrar este enorme presupuesto. Por lo pronto, el Ministerio del Posconflictose abre camino.
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