| 1/19/2017 12:00:00 AM

Así va la reingeniería del IDU para sacar adelante los planes de Peñalosa

El IDU tendrá una prueba de fuego este año, cuando contrate las obras, estudios y diseños que señalarán el camino y balance de la administración Peñalosa. Así van los cambios del Instituto.

El escándalo de los Nule no solo dejó una profunda herida en el bolsillo y corazón de los bogotanos; también representó un grave daño reputacional sin precedentes en entidades clave de la ciudad, como el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU). Quienes conocen el caso Nule de cerca saben que el IDU fue el fortín político y económico para los corruptos en años anteriores. El caldo de cultivo era el ideal: débiles estándares de licitación, gestión contractual muy deficiente y altos presupuestos bajo su tutela.

“Mi familia me preguntaba cómo era posible que aceptara este cargo, teniendo en cuenta la reputación que tenía el Instituto y los antecedentes que todos conocían. Sin embargo, acepté por la gratitud que le tengo a esta ciudad y porque me gustan los retos, en especial los grandes”, explicó a Dinero Janeth Mantilla, directora del IDU desde comienzos del año pasado.

La funcionaria –abogada bumanguesa con amplia trayectoria en el sector privado y gobierno– sabe que no son suficientes los títulos y experiencia para capotear una entidad como el IDU. “Los funcionarios son buenos, el problema era devolver la credibilidad en el IDU”, indica.

También le interesaría saber cómo avanza la revolución de la infraestructura en Colombia

Por ello se necesitaba un revolcón profundo en la entidad. Era insuficiente un simple maquillaje. Una vez asumió el cargo, tuvo que reconfigurar los grupos de trabajo para empezar a dar resultados de inmediato. Dos consignas básicas: terminar lo iniciado y contratar lo que se necesita para sacar a Bogotá de la incertidumbre y el pesimismo. El primer desafío era terminar las 23 obras que había contratado el gobierno anterior y, por falta de recursos, corrían el riesgo de convertirse en elefantes blancos. En ese caso es necesario hablar de varias ampliaciones viales, el ya famoso y emblemático deprimido de la calle 94 y el cable aéreo de San Cristóbal, entre otras.

“Estas 23 obras registraban faltantes importantes en recursos y no podíamos dejarlos a medio camino. Las intervenciones que se contrataron vía valorización requerían unos $304.000 millones más, mientras que las que se contrataron con cupo de endeudamiento necesitaban otros $1,1 billones. Tuvimos que sacar del presupuesto distrital ese dinero y agilizar las obras”, relata la directora.

El otro gran frente del IDU en el primer año de trabajo se ha centrado en planear las obras que contarán con el sello Peñalosa. Allí el riesgo es grande, pues no hay espacio para repetir casos negativos como Nule, Odebrecht o Conalvías. ¿Qué hacer? Según Mantilla, la columna vertebral para recuperar la confianza en el IDU pasa por mejorar la matriz de riesgos en las contrataciones, optimizar el acceso a la información de las licitaciones a los ciudadanos y hacer mucho seguimiento a cada obra. “Es un trabajo muy duro, que compromete entre 19 y 20 horas al día, pero es la única forma de poner la casa en orden”, afirma.

Esto es todo lo que usted no sabía del proyecto del Metro de Bogotá

Para evitar o al menos frenar los escándalos de corrupción, el IDU implementó algunas prácticas como los pliegos únicos de contratación, los cuales evitan direccionar las adjudicaciones (licitación a la medida), así como los mecanismos de transparencia en las licitaciones. “En las audiencias públicas, un equipo de funcionarios recibe las propuestas de las empresas y las digitaliza de manera inmediata. Otro ingeniero se encarga de subir esa información a la web, así se evita la manipulación de las propuestas a favor de alguien”, explica Mantilla. ¿Será suficiente o efectivo?, suena a muletilla, pero el tiempo lo dirá.

Las obras de Peñalosa

En la calle se dice que la gestión de un alcalde se mide, en gran parte, por la cantidad de ladrillo (obras) que logra ejecutar. De ahí el afán de la administración distrital por no solo terminar lo que dejó Petro inconcluso, sino mostrar obras y resultados en medio de un creciente escepticismo por la gestión del alcalde y de una revocatoria en marcha.

Vea también: Lo bueno y lo malo tras un año de Peñalosa en Bogotá

Los planes son ambiciosos. Al menos en el power point. De la efectividad de los cambios impulsados por Mantilla dependerá que las diapositivas y los renders pasen del PC al concreto y acero.

Entre los planes inmediatos del IDU para este año está la contratación de estudios y diseños por $285.000 millones. “Nunca antes se había invertido tanto en diseños y estudios en la ciudad, es una forma de minimizar el riesgo y evitar líos como los que hemos visto”, dijo. El conjunto de estudios es tan amplio que las inversiones para ejecutar esos proyectos llegan a los $30 billones, cifra representativa para una ciudad con recursos limitados.

Mantilla es clara en afirmar que es posible que algunas de las 40 megaobras que se están estructurando en esos estudios las termine inaugurando la próxima administración. “Lo importante es dejar un conjunto de proyectos con estudios avanzados y en fase 3. Eso reducirá las posibilidades de que las iniciativas terminen desfinanciadas”, dice. En otras palabras, los diseños de detalle evitarán –al menos en gran medida– los sobrecostos y los tiempos adicionales de ejecución, los dos pecados que tienen a buena parte del sector infraestructura en el purgatorio.

¿Sabía que Bogotá se prepara para ambiciosos proyectos de infraestructura vial?

En todo caso, el IDU y el Distrito esperan dejar en construcción o contratada buena parte de esos 40 proyectos. El número mágico de obras dependerá del éxito logrado en la venta de la ETB y la participación que enajenará la Alcaldía del 20% de la Empresa de Energía de Bogotá. Si le va bien en esos dos negocios, habrá de dónde. De lo contrario se tendrá que pensar en nuevas opciones de financiación.

Entre los proyectos que podrían ver la luz del día y cuya licitación iniciarán este año se cuentan: la ampliación de la Avenida Caracas, entre Yomasa y Molinos; las ampliaciones de la Carrera Séptima y la Autopista Norte entre la 170 y el peajes Andes, así como la conexión de las troncales de Transmilenio de la calle 26 y NQS y, naturalmente, la construcción de la troncal de la Carrera Séptima que irá de la calle 32 a la calle 200.

Otras iniciativas, como el tramo de la ALO –entre Soacha y la calle 13– y la ampliación de la calle 63, la extensión de la NQS y el uso de los corredores férreos existentes, son obras que hacen parte del plan de ejecución. Casi todas están en power point o en la fase de topografía, pero muestran el camino que seguirá la ciudad en materia de infraestructura.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 526

PORTADA

Estas son las pymes más ganadoras de Colombia en 2017

Las pequeñas y medianas empresas se ratifican como las locomotoras del país, no solo por su aporte al empleo, sino porque su menor tamaño les permite capotear mejor la desaceleración. Estas son las que más facturan.