| 6/23/2016 12:00:00 AM

¿Colombia está en riesgo de estanflación?

La economía colombiana atraviesa una fase de desaceleración con una alta inflación. ¿Existe el peligro de que caiga en una estanflación?

Como resultado de dos choques externos comunes a otros países emergentes, Colombia sufre una desaceleración del crecimiento y una alta inflación. La pregunta es si el país se encamina hacia una estanflación, que es una situación en la cual la actividad económica se estanca, mientras que la inflación es elevada y persistente.

El crecimiento del PIB en el primer trimestre (2,5% anual) se desaceleró por una caída de la inversión en capital fijo (-3,7% anual) y la ralentización del gasto del Gobierno. La inversión se contrajo en maquinaria y en equipo de transporte; al tiempo que se estancó en la construcción de las obras civiles, tanto por la menor ejecución de obras públicas regionales y locales, como por el menor montaje de infraestructura para el transporte de los hidrocarburos.

El consumo privado sostuvo la demanda en casi todas las modalidades de bienes y servicios, pero cayó en los bienes durables. Un aumento leve de las exportaciones y un pequeño descenso de las importaciones permitieron que el sector externo hiciera un aporte positivo al crecimiento. Como la demanda interna se incrementó por debajo del producto, el déficit de las exportaciones netas disminuyó por segundo trimestre consecutivo.

El sector que frenó el crecimiento fue el de minas e hidrocarburos, cuya producción disminuyó por tercer trimestre consecutivo, como consecuencia de los descensos en la extracción de hidrocarburos y carbón, afectada por la menor demanda mundial y el descenso de sus precios internacionales. La ralentización de los sectores agropecuario –por el Fenómeno del Niño– y de servicios –por el ajuste de los servicios del Estado a la menor renta petrolera– también contribuyó a la desaceleración.

Los sectores que sostuvieron el crecimiento fueron el financiero, la construcción de edificaciones y el industrial. La producción de este último fue impulsada por la refinación de hidrocarburos, como efecto de la reapertura de la Refinería de Cartagena (Reficar). Al excluirlo, el crecimiento industrial (3,3% anual) superó el del PIB, con base en la mayor producción de 10 de sus 24 subsectores.

Como sugieren los analistas de Corficolombiana, la desaceleración en el primer trimestre puede estar sobredimensionada, porque tuvo menos días hábiles que el año pasado, por la conmemoración de la Semana Santa en marzo. Es probable que el mayor número de días laborables del segundo trimestre acelere la actividad económica respecto del mismo periodo del año pasado. Por tanto, es previsible que el crecimiento del segundo trimestre compense en alguna medida el del primero.

Hay factores que contribuirán a sostener el crecimiento el resto del año, como el comienzo de la construcción de las vías en concesiones de cuarta generación (4G) y una mayor ejecución de la inversión pública local y regional. El impulso de la reapertura de Reficar sobre la producción industrial se prolongará hasta finales del año.

Por su parte, la producción agropecuaria repuntará en el segundo semestre, al desvanecerse los efectos del Fenómeno del Niño. Continuará la expansión de la construcción de edificaciones con base en la realización de los programas públicos de vivienda.

Los términos de intercambio caerán menos de lo previsto, por el repunte de los precios de las materias primas.

Aunque no es previsible una aceleración del consumo, debido a la alta carga financiera de los hogares y al estrechamiento de la postura monetaria, una mayor confianza del consumidor en la encuesta más reciente de Fedesarrollo –pese a que el balance de respuestas sigue negativo– sugiere que se sostendrá. La afirmación de la confianza de los comerciantes y los industriales indica que es probable un repunte de la inversión. Por último, la financiación externa no será tan escasa como se pensó a comienzos del año, debido al tránsito más pausado que el esperado a la normalidad monetaria en los Estados Unidos.

Por estos motivos, es posible que la expansión de la economía colombiana en 2016 esté entre 2% y 2,5%, por encima del promedio de América Latina. Con esta perspectiva, el peligro de un estancamiento es bajo. Ese resultado es aceptable en comparación con las previsiones para los países de la región, si se contempla la magnitud del descenso de los términos de intercambio. Se debe tener en cuenta además que la menor inversión en el sector minero redujo el crecimiento potencial que, según Anif, se ubica en 3,5%.

La economía necesita incrementar esa capacidad de crecimiento por medio de una mejora de su competitividad. Para lograrlo debe reducir los costos laborales, de transporte y de energía, como sugiere Anif. Además, debe mejorar su infraestructura, sus instituciones y la eficiencia de sus mercados de factores, acelerar la acumulación de capital humano y la innovación, incrementar la inversión en investigación y desarrollo, pero sobre todo, preservar su estabilidad macroeconómica y financiera. Con este propósito es vital llevar a cabo la reforma tributaria estructural para conseguir el faltante que dejó la renta petrolera, remover trabas a la inversión privada y contribuir a mejorar la equidad.

Con el objeto de salvaguardar la estabilidad macroeconómica y financiera, el Banco de la República estrechó su postura para realinear las expectativas de inflación, quebrar los mecanismos de indexación y reducir el exceso de la demanda interna, que presiona la inflación al alza y profundiza el desbalance externo. Para lograrlo ha incrementado hasta ahora su tasa de interés de 4,50% a 7,25%. Como la inflación actual (8,2% anual) dobla el límite superior del rango meta (4%), las expectativas de inflación permanecen desalineadas (6,2% para diciembre de 2016), mientras que el desbalance externo apenas comienza a cerrarse y la tasa de interés del Emisor todavía es estimulante en términos reales (-0,95%), es probable que continúe el alza en junio. Sin embargo, en vista de que la inflación básica se moderó de una manera leve en mayo, indicando una menor presión de la demanda interna, como corroboran los resultados de las cuentas nacionales y de la balanza de pagos, es posible que el ciclo de incremento sea menos prolongado de lo previsto. La mayoría de los analistas cree que se detendrá en 7,5% este año.

De esta manera, a pesar de que la inflación y las expectativas desbordan el rango meta y tienen una tendencia al alza, hay síntomas de que pueden ceder en el segundo semestre. Se espera que en ese periodo comience a reducirse el efecto de los choques de oferta. Por tanto, es probable que la inflación en el transcurso del año entrante converja al rango meta, como prevé el Banco de la República; o en todo caso que se encamine hacia él, como espera el promedio de los analistas.

La economía colombiana tiene un marco de política económica eficaz que le ha permitido ajustarse de la manera menos traumática posible a los choques externos. La flexibilidad de sus mercados, además, preserva una resiliencia que hace posible asimilar esos impactos con un bajo costo en la actividad económica, el empleo y la inflación. En estas condiciones el riesgo de una estanflación sería bajo.

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