| 8/4/2017 12:01:00 AM

Así avanza el ajuste de las cuentas externas de Colombia

El final del superciclo de las materias primas condujo a un ajuste externo que se prolongó en el primer trimestre. ¿Cómo ha sido?

En el primer trimestre de 2017 la balanza de pagos continuó el ajuste que inició en 2016, para adaptarse al final del auge minero-energético. Sus últimos resultados siguen el mismo patrón de reacomodación, pero con una novedad. 

En este trimestre el déficit en la cuenta corriente (4,2% del PIB) se redujo 1,2% del PIB respecto del que se presentó en el mismo del año anterior. Como antes, la mayor parte del descenso se debió a una disminución (de 1,9% del PIB) del desbalance comercial (-2,7% del PIB).

Pero en esta oportunidad, a diferencia de los períodos anteriores del ajuste, la balanza comercial mejoró como consecuencia del incremento de los ingresos por exportaciones de bienes (24,5% anual), no por un descenso en los egresos por importaciones, que también aumentaron (7,1% anual). Esta tendencia se prolongó hasta mayo, cuando el déficit comercial acumulado (US$3.529 millones) se redujo (en US$1.770 millones) respecto del que correspondió al mismo período del año anterior.

En los primeros cinco meses del año, el valor de las exportaciones repuntó (24,9% anual), con base en los mayores ingresos por las ventas de hidrocarburos (33,9% anual) y carbón (72% anual). Los provenientes del petróleo y sus derivados se incrementaron por una elevación de sus precios (49,9% anual), mientras los del carbón aumentaron tanto por sus mejores precios (44,3% anual) como por su mayor volumen (27,6% anual).

El valor de las exportaciones de productos no tradicionales también repuntó (al 6,7% anual), por un incremento de las cantidades de las manufacturas basadas en recursos naturales (22,9% anual).

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En ese período los egresos por importaciones de bienes volvieron a aumentar (6,7% anual), después de la disminución que tuvieron en 2015 y 2016. El repunte en lo corrido de 2017 se debe a las mayores compras de equipo de transporte (33,6% anual), bienes de consumo duradero (6,9% anual) y materias primas para la industria (5,9% anual) y para la agricultura (18,1% anual).

Comparado con el máximo déficit alcanzado en el tercer trimestre de 2015 (-7,7% del PIB), el estrechamiento del desbalance en la cuenta corriente desde entonces (de 3,6% del PIB) es considerable. Ocurrió sobre todo por el descenso del déficit comercial (de -6,2% a -2,7% del PIB), que cayó por el desplome de las importaciones de bienes (de 20,5% a 14,3% del PIB).

Desde entonces las exportaciones de bienes no habían repuntado, por lo cual su incremento es un cambio incipiente en el patrón de ajuste de la balanza comercial.

Sin embargo, la prolongación de esta tendencia depende de los precios de las materias primas, sobre todo del petróleo, porque en la composición de las exportaciones predominan esos productos y no se prevé que su volumen de producción se incremente. Por el contrario, se espera una dismución paulatina de la producción de crudo hacia los 800.000 barriles diarios en los próximos diez años.

No se avisora tampoco un cambio súbito en la composición de las exportaciones, que introduzca bienes y servicios más elaborados, cuyas ventas contribuyan a estrechar de una manera menos incierta el déficit comercial, porque la competitividad de la economía mejora despacio.

En tales circunstancias, la dificultad para incrementar los ingresos por exportaciones estriba en que los precios de los hidrocarburos se han tornado muy volátiles en el último mes. Los operadores temen que el recorte vigente acordado entre la Opep y otros países productores no miembros resulte insuficiente para reducir el exceso de oferta, porque estaría compensado por el aumento de la producción de otras naciones.

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Durante el ajuste externo, el descenso en el déficit en la balanza de servicios también contribuyó a estrechar el desbalance en la cuenta corriente, por un descenso en las importaciones, pero su contribución (1,1% del PIB desde el tercer trimestre de 2015) ha sido menor. 

En contraste, los pagos netos por factores de producción al resto del mundo (-2,5% del PIB en el primer trimestre de 2017) se incrementaron por las mayores remesas de utilidades de las firmas extranjeras y los pagos más altos de intereses de la deuda externa, de manera que no facilitaron el ajuste. Tampoco ayudaron las transferencias corrientes netas, que disminuyeron en términos relativos.

El Ministerio de Hacienda y el promedio de los analistas encuestados en el Latin Focus Consensus Forecast prevén que el déficit corriente disminuirá de -4,3% del PIB en 2016 a -3,6% del PIB en 2017. El Gobierno espera un estrechamiento rápido a 2,9% del PIB en 2018, mientras que los analistas proyectan uno más lento, que lo mantendrá en -3,5% del PIB en 2018, con una convergencia gradual hacia 3,1% del PIB en 2021.

La cuenta financiera de la balanza de pagos también ha experimentado transformaciones importantes durante el ajuste del sector externo. Desde 2013 ocurrió un descenso en la inversión extranjera directa, junto con un incremento en la de portafolio y en el crédito, que adquirieron mayor protagonismo en la financiación externa. Sin embargo, el descenso del superávit en la cuenta financiera durante el último año (de 5,7% a 3,9% del PIB) se debió a una disminución de todos los flujos.

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La creciente importancia de la inversión de portafolio y del crédito le añade incertidumbre a la financiación externa de la economía, porque depende en buena parte de la liquidez disponible en los mercados internacionales y del sentimiento de los inversionistas. Estos están determinados en gran medida por las posturas de la política monetaria de los grandes bancos centrales del mundo. Es posible que estas tiendan a normalizarse en el mediano plazo, por la mejora en las perspectivas de crecimiento, de empleo y de inflación de las economías avanzadas. Con ello disminuiría la liquidez y tendería a encarecerse.

Recurrir en exceso al crédito tiene la desventaja de desmejorar la solvencia de la economía, como ocurrió con el aumento de la deuda externa de 21% a 40% del PIB desde 2012.

La mayor dependencia de la inversión de portafolio requiere conservar la confianza de los inversionistas en el desempeño de la economía. Para ello es necesario preservar la credibilidad de las instituciones y de la política económica.

Por estos motivos es vital que las autoridades perseveren en reducir el tamaño de los desbalances fiscal y externo en los que incurrió la economía, como consecuencia del deterioro de sus términos de intercambio, por el descenso de los precios de las materias primas.

También es imprescindible realizar reformas estructurales para mejorar su competitividad, aumentar su productividad y preservar su solvencia.

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