| 2/3/2012 7:00:00 AM

Ciudades con Prozac

Puerto Asís es el municipio que lidera el ranking de ciudades tristes, seguido de Armenia, Leticia y Popayán. Desempleo y violencia, los responsables de la depresión.

El descalabro financiero de DMG, un persistente problema de orden público y el alto desempleo son el cóctel explosivo que convirtió a Puerto Asís (Putumayo) en el municipio más triste de Colombia.

Con base en tres indicadores: tasa de suicidio, desempleo y consumo de antidepresivos, Dinero construyó un ranking que constituye un acercamiento básico e inicial al tema y podría dar luces sobre los problemas que estarían agobiando a la población colombiana.

Prueba de la tristeza en que viven los asisenses, es que este municipio ostentó el doloroso récord del mayor número de suicidios por cada mil habitantes entre enero y noviembre del año pasado: 0,08, frente a un promedio nacional de 0,04, de acuerdo con las cifras de Medicina Legal.

En el municipio más poblado de Putumayo (supera a la capital, Mocoa) 5 personas se suicidaron en los primeros once meses de 2011, un porcentaje muy alto frente a tan solo 58.500 habitantes que viven allí. Además, mientras en noviembre la tasa de desempleo nacional descendió a 9,2%, en la alcaldía de Puerto Asís calculan que pudo llegar a 16% (el mercado laboral de los antiguos territorios nacionales no es medido por el Dane).

Fabián Carvajal, coordinador de salud pública del municipio, tiene claro que una de sus batallas debe ser contra la depresión. Señala que Puerto Asís tiene 30% de habitantes que han sufrido desplazamiento forzoso y muchas veredas están alejadas y controladas por grupos al margen de la ley. Por eso considera que poco se puede hacer para llegar a la población con brigadas de salud o tratamientos. Confiesa que apenas el año pasado contrataron dos sicólogos para atender a las personas afectadas con problemas de salud mental, y por eso la idea es traer más profesionales para brindarles consulta gratuita.

Antidepresivos para todos

Justamente el hecho de que el tratamiento para la depresión esté incluido en el POS ha servido para popularizar los antidepresivos, que antes estaban restringidos a las clases altas de zonas urbanas, y hoy han adquirido un carácter masivo. No en vano, cifras de la auditora Close-Up International indican que el año pasado se hicieron 20.174 prescripciones de antidepresivos de primera generación (como Fluoxetina, Prozac y Zolof) en todo el país, 16% más que en 2010.

Los médicos han probado que el consumo de esas sustancias, que está al alza en el mundo, sirve para reducir los suicidios y por eso en zonas como Puerto Asís, donde el tratamiento apenas está comenzando, la solución radical para la tristeza se siente con más fuerza.

Armenia es la segunda ciudad del ranking. Allí, la desocupación afecta a 15,5% de sus habitantes, la tasa de suicidios es de 0,068 por cada mil habitantes y las prescripciones de medicamentos antidepresivos crecieron 5% el año pasado (en Bogotá, por el contrario, cayeron 7%).

Roberto Estefan, psiquiatra y decano de la facultad de ciencias de la salud de la Universidad del Quindío, dice que los intentos de suicidio y los que efectivamente se consuman son preocupantes en su ciudad, sobre todo porque se presentan en jóvenes y en mayores de 65 años. En estos últimos, la causa es la soledad y en los primeros, una mezcla de factores como no tener alternativas de ocio sano y el elevado flujo migratorio de jefes de hogar, que salieron del país a buscar futuro y dejaron a sus hijos a cargo de familiares.

Adicionalmente, para los cuyabros ha sido duro pasar de ser una región próspera a tener altos niveles de desempleo. “Eso genera angustia y desesperanza, al tiempo que magnifica problemas cotidianos del país como la corrupción o los huecos en las calles”, aclara Estefan y revela con preocupación una estadística de su práctica médica: hace unos años, 90% de los pacientes eran mayores de 25 años, hoy, 40% son adolescentes.

En el tercer lugar de este sombrío escalafón está Leticia, cuya tasa de suicidios se ubica en 0,06 y, aunque en la alcaldía no saben cuánto es la tasa de desempleo, están seguros de que supera con creces el promedio nacional. Esta capital está muy influenciada por la cultura alegre de sus vecinos brasileños, la cual fomenta de paso el consumo de alcohol y drogas, y no resultan buenos consejeros cuando se está triste, opina Marcia Alejandra Vallejo, secretaria de salud de la capital del Amazonas. A eso se suma la situación de la población indígena, a la que es más difícil llegar con brigadas de salud.??Guerra y narcotráfico.

Un desempleo de 16,6% y una tasa de suicidios de 0,05, ubican a Popayán en el cuarto lugar entre las ciudades más tristes de Colombia y, aunque no hay cifras sobre el consumo de antidepresivos, se podría inferir que está al alza, como en el resto del país. En el vecino departamento del Valle las prescripciones aumentaron 23% en 2011.

Para el psiquiatra y profesor de la Universidad del Cauca, Andrés Dulcey, el suicidio en su ciudad es un problema de salud pública, con múltiples causas, como la guerra, pues el Cauca sigue azotado por el conflicto.

El estrés postraumático de este tipo de situaciones es difícil de tratar y además genera desplazamiento hacia Popayán, con las consecuencias sociales y económicas que conlleva. También hay condiciones de vulnerabilidad congénita, pues la depresión puede venir en los genes. De hecho, en sus estudios logró comprobar que en una vereda del Tambo, 25 de los 99 miembros de una familia eran bipolares.

Ibagué cierra el top 5, con una tasa de suicidios de 0,05 y un desempleo que por años la ubicó en el primer lugar de desocupación (hoy destronada por Popayán).

En la Costa Caribe el panorama es inverso. Sus tres ciudades principales, según este ranking serían las más felices del país. En Barranquilla, Santa Marta y Cartagena, pocos se suicidan y el desempleo castiga a un menor porcentaje de su población.

Quizás sean los costeños, con su alegría, los que han ayudado a clasificar a Colombia –en repetidas ocasiones– entre los países más felices del mundo, pero mientras el promedio ríe, muchos otros lloran.

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