| 6/22/2017 12:01:00 AM

¿A qué se debe el crecimiento de la cartera en mora?

La cartera vencida de la banca colombiana sigue creciendo. ¿Qué explica esta tendencia y qué tan preocupados debemos estar?

El sector financiero colombiano sigue enfrentando desafíos. Las más recientes cifras de aumento en la cartera revelan que, a pesar de los buenos resultados, es necesario estar vigilantes. Los pronunciamientos de las agencias calificadoras y, específicamente, la decisión de Moody’s del año pasado de reducir la perspectiva de la banca colombiana han hecho que, tanto las autoridades como los expertos, pongan la lupa sobre uno de los sectores claves de la economía local.

Los más recientes resultados –a abril de este año– vuelven a lanzar señales de alerta. La cartera morosa del sistema financiero llegó a un máximo de 4,2%, lo que significa un crecimiento de 32% en el último año, al pasar de $12,7 billones a $17,6 billones en ese mismo período.

Por eso vale la pena preguntarse qué está pasando y si estas señales son síntomas de algún padecimiento que debiera preocupar al país.

El superintendente financiero, Jorge Castaño, reconoció que la tendencia de la cartera morosa es al alza, aunque insistió en que la solidez del sistema sigue intacta y explicó las razones técnicas de su diagnóstico.

Según él, el deterioro que se viene mostrando forma parte de la respuesta de los consumidores frente a la desaceleración de la economía. Para él, los niveles de cartera vencida están todavía lejos del pico de la última década, 5%, lo que muestra que todavía hay solidez financiera en los hogares que los lleva a seguir honrando sus deudas de manera juiciosa. Aun así, explicó que la Superintendencia sigue al detalle el comportamiento de todos los indicadores del sector.

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Cabe destacar que, en el caso del resultado de abril, la mayor incidencia se dio por parte de la cartera que empezaron a castigar los bancos, correspondiente a los pasivos de Electricaribe, que son cerca de $1,8 billones. Aunque para algunos analistas este deterioro viene desde antes.

Para Castaño, las entidades financieras están revelando el riesgo de manera eficaz y eso sincera los balances de las compañías. “Eso lo ha hecho bien el sistema”, dice.

Dentro de la cartera que ya ha sido castigada, entre otras, están parte de los préstamos asociados a Saludcoop y otras entidades del sector salud, cuyo impacto se sintió en las vigencias anteriores.

Así mismo, se ha administrado el impacto originado por el caso de Odebrecht, en particular en el caso de Ruta del Sol II, pues el Gobierno logró establecer una salida para pagarles a los acreedores, entre ellos los bancos, y buscar mecanismos para que la obra continúe.

Todavía hay un interrogante grande sobre la situación de los sistemas integrados de transporte masivo, pues el impacto en la banca depende del caso que se esté hablando: bien sea Bogotá, Cali, Barranquilla o Cartagena. Cada sistema de transporte tiene sus propias particularidades financieras y eso hace que el diagnóstico varíe de una ciudad a otra.

¿Banca fuerte?

A pesar de estas tendencias, el Gobierno es optimista en cuanto a la solidez de los establecimientos de crédito. Según el superintendente Castaño, la banca se comprometió a capitalizar el próximo año un promedio de 62,5% de las utilidades que genere.

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“Tenemos compromisos firmados por los banqueros que, a cierre de 2017, capitalizarán 62,5% de las utilidades de este año. El año pasado los compromisos promedios eran de 55%”, comentó. Esto es posible gracias a una regulación que estableció el Gobierno hace tres años como incentivo a la capitalización de la banca. La medida establece que, para poderles computar las utilidades en la relación de solvencia, lo que les aumenta el capital, tiene que haber un compromiso irrevocable sobre cuánto de las utilidades van a capitalizar al finalizar el año; tal compromiso es una carta dirigida a la Superintendencia, donde se informa el monto autorizado por la asamblea de accionistas para este fin.

Este fortalecimiento patrimonial debe sumarse a la reserva legal, a las provisiones ordinarias y a las provisiones contracíclicas; todo ello sumado da que el sistema financiero tiene hoy una sólida posición de solvencia, señaló el funcionario.

“A nosotros nos interesa mucho que los bancos sigan teniendo la capacidad de seguir prestando. La gran preocupación es que en un momento los bancos digan ‘no quiero volver a prestar plata’. Si uno revisa sólo utilidades, ve que hay un sector con una buena dinámica, generando utilidades importantes y eso es un parte de tranquilidad para el ahorrador”, comentó Castaño.

Ese ejercicio de capitalización es lo que explica que el nivel de rentabilidad venga cayendo, pues hoy el capital de la banca colombiana es muy superior al de hace unos años y eso lleva a que, por ejemplo, la rentabilidad sobre el capital (ROE, por su sigla en inglés) muestre un menor nivel frente a las vigencias anteriores. Para Castaño, hoy los niveles de rentabilidad son más bajos que los de los dos años anteriores, pero están dentro de los niveles históricos del sector.

Otra señal positiva para Castaño es el ritmo de crecimiento de los activos de la banca. Dentro de esta categoría están básicamente la cartera, las inversiones y los inmuebles. Hoy el nivel de activos se ubica alrededor de los $1.300 billones, un nivel que, según el Superintendente, no se había visto en la historia de la banca nacional.

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Al ser consultado sobre la caída en los niveles de provisiones, lo que podría mostrar un proceso de deterioro acelerado, Castaño explicó que se trata de la transicionalidad natural de las provisiones. Si una entidad castiga una cartera este mes, eso queda inmediatamente expresado en su balance, pero la norma le obliga provisionar la mitad de ese crédito 180 días después y 100% del crédito 400 días después. Eso hace que primero se note un deterioro en la cartera y que sólo meses más adelante se refleje un aumento en las provisiones. Para Castaño, las provisiones van a volver a subir de nivel prontamente.

Otro de los temas sensibles para el sector es la exposición que está a punto de asumir en los proyectos viales y de infraestructura.

El tema ha empezado a preocupar al Gobierno, pues, si bien este año deberían desembolsarse $7 billones a las obras, según pudo establecer Dinero, a la fecha esta cifra apenas supera los $600.000 millones.

Aquí, tanto los constructores como la banca deben dinamizar el desarrollo de las obras para que haya irrigación de créditos para los proyectos, pero con las garantías suficientes, gracias al análisis juicioso de los hitos de cada uno de ellos. Así, la banca debe hacer un esfuerzo de inteligencia por comprender el negocio de la ingeniería, como los constructores deben preparar todo el arsenal de información que requiere la banca para quedar tranquila con los créditos que otorga.

Por ello, el Gobierno debe garantizar que este diálogo entre los dos sectores se dé eficazmente, pues la financiación de vías de 4G es la gran apuesta de la banca para crecer su cartera comercial y un motor de crecimiento de la economía.

Sin lugar a dudas son momentos desafiantes para la banca, que enfrenta una tendencia al alza en la cartera morosa, golpeada por operaciones en dificultades, como Electricaribe, Ruta del Sol II, los transportes masivos de las ciudades y hasta el sistema de salud, pero también por una economía con lento crecimiento y un sector ad portas de nuevas exigencias regulatorias.

Sin embargo, es claro que el sistema está pasando por un momento de solidez en su capital, lo que es una señal de tranquilidad para que la banca pueda seguir irrigando crédito a una economía que lo necesita. Esa es una tarea inaplazable.

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