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Alejandro Ordoñez, Procurador General y Miguel Gómez, Representante a la Cámara.

| 5/17/2013 11:00:00 AM

Carrera contrarreloj

La revocatoria y una eventual sanción disciplinaria en contra de Gustavo Petro avanzan a pasos afanosos. ¿Qué implicaciones tienen ambos procesos para Bogotá y el país?

Los últimos días de mayo serán definitivos para dilucidar los dos mayores enigmas que hoy no paran de rondar la mente de Gustavo Petro: ¿prosperará la revocatoria? y ¿tendrá el procurador, Alejandro Ordóñez, los suficientes arrestos para sancionarlo con la destitución? Interrogantes que si bien es cierto no serán despejados antes de que termine este mes, sí empezarán a encontrar respuestas contundentes más temprano que tarde.

La razón es simple: el 18 de mayo vence el plazo para que la Registraduría decida tirar al traste o, por el contrario, bendecir las más de 600.000 firmas que recaudó el parlamentario Miguel Gómez, con el propósito de ‘destronar’ democráticamente al Alcalde. Y, por su parte, en la Procuraduría está planteado formular cargos en contra del mandatario capitalino antes de que inicie junio. Todo por cuenta del desmadre que generó el nuevo modelo de recolección de basuras en la ciudad.

Es evidente que no se trata de un tema menor. Al punto que, si Petro termina revocado o destituido, el país presenciaría en primera fila el acontecimiento político más importante del año y que, entre otras cosas, sentaría un precedente histórico en Colombia. Pero mientras se desenmaraña el final de esta trama, no son pocos los interrogantes que surcan el aire: ¿se tratará todo esto de una persecución a los planteamientos de izquierda del Alcalde por parte de los sectores más radicales de la derecha? ¿Cuáles son las armas de defensa que tiene entre manos Petro? ¿Qué significaría para el país y para el propio burgomaestre su eventual salida del Palacio Liévano?

De laureanistas y otras paradojas

Para entender los alcances y la viabilidad de la revocatoria que adelanta Gómez Martínez, no está de más echarles un vistazo a dos aspectos que, pese a tener matices tanto anecdóticos como paradójicos, esconden el verdadero origen de este proceso que actualmente está en marcha. En 1991, cuando el entonces presidente César Gaviria convocó la Asamblea Nacional Constituyente, un manojo de excombatientes del M 19 –por esos días recién desmovilizados– desempeñó un rol protagónico en la redacción de la nueva Carta Política. Dentro de los puntos que lograron incluir allí está, precisamente, el de permitirles a los ciudadanos revocar por la vía democrática a sus gobernantes. La paradoja es que 22 años después, Petro, un exmilitante de ese grupo guerrillero, podría convertirse en la primera ‘víctima’ del propio invento de sus compañeros de lucha.

A eso habría que sumarle una anécdota para muchos desconocida. Aunque ha sido Miguel Gómez el abanderado del proceso revocatorio, quien ha estado detrás de la idea es el exalcalde de Bogotá Jaime Castro. Su motivación se remonta a los días en que dirigía los designios de la capital y el entonces representante a la Cámara, Gustavo Petro, emprendió una cruzada para revocar su mandato. Los planes se vinieron a pique cuando algunos advirtieron que las firmas recogidas no eran suficientes para llevar a cabo la revocatoria de Castro.

A primera vista, estos relatos solo harían pensar que la historia le estaría jugando una mala pasada al alcalde Petro. La realidad, sin embargo, muestra otra cosa: más de 60% de los bogotanos desaprueba su gestión, a estas alturas no logra consolidar un equipo de trabajo estable, su capacidad de ejecución es cada vez más cuestionada y ni para qué mencionar los enredos de las basuras y del impuesto de valorización.

Argumentos de sobra para que Miguel Gómez afirme que la revocatoria es cuestión de vida o muerte. Desde la otra orilla, Petro y su guardia pretoriana, no obstante, están convencidos de que todo esto obedece a una persecución de los sectores más radicales de la derecha.

Toma y dame

Más allá del sabor a revancha que pueda esconder este pugilato cargado con golpes de derechas y ripostas de izquierda, lo cierto acá es que tanto a Gómez como a Petro les esperan días complejos para tratar de ganar sus respectivas batallas. Por el lado del congresista, el paso más difícil está dado: la recolección de firmas. Por eso, solo debe esperar los resultados de la Registraduría que, de validar las rúbricas, convocaría a los bogotanos a participar en la revocatoria.

Bajo ese escenario, tanto Gómez como Petro tendrían menos de dos meses para adelantar una campaña masiva que le apunte a divulgar sus intereses. El representante a la Cámara tendría como tope un presupuesto de $ 1.000 millones para convencer a los ciudadanos de salir a sufragar a favor de la revocatoria. Petro, por su lado, debería ver cuál camino tomar en la encrucijada: si promover el abstencionismo o invitar al 32% de bogotanos que lo llevó a la alcaldía en 2011 a apoyarlo nuevamente en las urnas.

Pero mientras decide qué ruta tomar, lo inocultable acá es que por estos días el mandatario ya empezó a desenfundar dos armas para hacerle frente a Gómez Martínez: mostrar resultados y congraciarse con otros sectores políticos.

No es fortuito que en las últimas semanas haya confiado a un consorcio colombo-español la tarea de hacer los estudios de detalle del metro pesado, o que hubiera presentado ante cientos de espectadores –en la Plaza de Bolívar– una flota de camiones compactadores de basuras. O, incluso, que sacara al aire un comercial de televisión en el que se muestra en desacuerdo con el cobro de la valorización.

Además quiso congraciarse con el Polo Democrático, luego de reconocer en público la –según él– importante labor de Clara López en los avances que tuvo la estructuración del metro cuando era alcaldesa. Y, por último, creó una suerte de comisión para que verifique la autenticidad de las firmas recopiladas por Gómez.

Haber adoptado esta estrategia, solo muestra que en el fondo de su alma al Alcalde lo asalta el temor de que las mayorías en pleno opten por revocar su mandato. Algo que, de ser así, significaría para su carrera política un golpe devastador.

Todo lo contrario a lo que podría pasarle si es el procurador Ordóñez quien lo destituye. En este caso, Petro quedaría como una especie de mártir al que se le cortaron las alas para llevar a cabo su proyecto político en Bogotá. Así que sería, incluso, una oportunidad de oro para reencaucharse y volver a aspirar a la Presidencia.

Los bogotanos, el país entero y hasta el mismo Gustavo Petro están a la expectativa. Así que mientras se van surtiendo las cosas, lo único que espera la ciudad –independientemente de cuál sea el final de esta historia– es que la decisión que se adopte le devuelva a la capital el estatus que tuvo durante las administraciones de Mockus y Peñalosa.


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