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Aníbal Gaviria, Alcalde de Medellín.

| 12/12/2012 6:00:00 PM

Buenos alumnos

Bogotá y Medellín pasan la prueba de la calificadora Moody’s por su disciplina fiscal. Sin embargo, enfrentan una dura amenaza: sus altos pasivos pensionales suman casi $18 billones. No tienen cubierto ni 20% de ese monto.

En su primer año de gobierno, los alcaldes de Medellín, Aníbal Gaviria, y Bogotá, Gustavo Petro, han tenido dos estilos de gobierno muy distintos y han afrontado diferentes niveles de crítica, pero a los ojos de la poderosa calificadora Moody’s ambos coinciden en mantener en orden las finanzas de sus respectivas ciudades y, por lo tanto, no ponen en riesgo, por ahora, el pago de las deudas de ambas urbes.

En su visita anual a cada ciudad, María del Carmen Martínez y Laura Ximena Rubio, las dos analistas de Moody’s encargadas de evaluar esas capitales, hablaron con Dinero y aseguraron que en el reporte que emitirán a principios del próximo año no cambiarán las calificaciones de Bogotá y Medellín, que hoy está en Baa3, el primer nivel dentro de la escala de grado de inversión, cuya máxima nota es Aaa.

De hecho, hoy las dos principales ciudades del país tienen una mejor nota que Guadalajara, Monterrey y Cancún (con todo y que México tiene una calificación más alta que Colombia), Estambul y Buenos Aires, pero son superadas por la municipalidad de Querétaro, también en México, y por Río de Janeiro.

Las analistas destacan el bajo endeudamiento de Bogotá y Medellín, que es de 24,1% de los ingresos totales de la primera y de 10,6% para la segunda, así como el hecho de contar con equipos profesionales en sus respectivas secretarías de Hacienda y un marco institucional favorable que les permite recaudar de forma eficiente.

El gran lastre de ambas urbes, que además es una talanquera histórica, son los pasivos pensionales no fondeados. Según las cifras del Ministerio de Hacienda, al cierre de 2011 el pasivo pensional de Medellín era de $2,4 billones, de los cuales tenía cubiertos 15,3%, mientras que para Bogotá alcanzaba $15,2 billones, con un cubrimiento de 12,53%.

No obstante, en el caso particular de Bogotá, Moody’s encuentra debilidades adicionales: sus altos requerimientos anuales de liquidez y la posibilidad de que se sobreendeude para construir el metro. El presupuesto aprobado por el Concejo de la ciudad para el año entrante será de $13,6 billones, de los cuales $11 billones se destinarán a inversión. Sin embargo, no se aprobó el cupo de endeudamiento por $4,3 billones, lo que deja desfinanciado el presupuesto de 2013.

En lo que se refiere al metro, aún no se tiene el cálculo exacto de cuánto va a costar. Sin embargo, ya se había aprobado un cupo de endeudamiento de $800.000 millones para este proyecto.

No subir el déficit

Si bien el modelo económico de Petro no ha despertado preocupación entre los analistas de Moody’s, pues Bogotá sigue registrando altos ingresos por recaudo de impuestos y por dividendos de las empresas distritales, su plan es monitorear de cerca sus políticas y prioridades, para saber si estas ayudan a reducir el déficit fiscal de la ciudad, que está alrededor del 14% de los ingresos totales (caso contrario al de Medellín, donde hay un superávit de 4%).

Las finanzas de Bogotá tienen la ventaja de que la ciudad concentra 16% de la población del país y genera 25% del PIB nacional; además, su generación de riqueza es superior al promedio nacional, lo que permite una buena base para obtener recursos.

Medellín también tiene una adecuada generación de ingresos propios (con 2,3 millones de habitantes y 12% del PIB nacional), al tiempo que en Moody’s destacan que mantiene una política activa en el registro de sus contribuyentes, actualiza los avalúos catastrales cada cinco años y está ajustando el valor del predial. No obstante, les preocupa que la capital de Antioquia tiene 42% de su deuda en moneda extranjera y una alta exposición a un riesgo de tasa de cambio (que suba el precio del dólar), para el cual no está cubierto. Bogotá, por su parte, tiene 72% del saldo de su deuda en pesos.

Las analistas de Moody’s consideran que mientras en ambas ciudades se mantenga la disciplina fiscal, el ciclo político no debe ser un problema. Creen que la nota podría subir si siguen mejorando en temas como el recaudo por predial, pero podría bajar si se aprovechan de su grado de inversión para gastar sin control y endeudarse de manera acelerada.

Ojalá la positiva visión que tienen las calificadoras de las dos más importantes ciudades del país (Standard and Poor’s también acaba de ratificar la nota de BBB- para Bogotá) sea un buen augurio para los bolsillos de sus ciudadanos.
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