| 4/3/2014 12:00:00 PM

Tormenta agrícola

La mala situación del agro no solo tiene golpeado al sector sino también al Banco Agrario, que tiene hoy la mayor morosidad entre sus pares y ha reducido sus ganancias. No obstante, tiene $10 billones en tesorería.

Con solo cinco meses en el cargo, el abogado Álvaro Navas Patrón llegó a la presidencia del Banco Agrario para tratar de amainar un incendio que comenzó el año pasado con los paros agropecuarios y que hoy tiene en problemas a 54.000 de los 96.000 créditos de la entidad. 

La consecuencia de esta situación es que a enero pasado el Banco Agrario registraba una morosidad de 8,6%, mientras para el promedio de los 24 bancos que operan en el país era de 2,7%.

A eso se sumó una caída de las utilidades del Banco, que a enero de este año llegaron a $30.210 millones, es decir, 31,9% menos que un año atrás, mientras que las ganancias de sus colegas bajaron 17% en promedio. Esto llevó a que el BBVA le quitara al Banco Agrario el cuarto lugar en el ranking por utilidades. 

“La explicación para estas cifras no es otra que la falta de mecanismos que sirvan para asegurar las contingencias relacionadas con la actividad agrícola en el país, que no solo está afectada por fenómenos climáticos, sino por temas como el orden público, los precios internacionales de los productos que se cultivan y de los insumos, como fertilizantes”, explica Navas Patrón. 

La vocación del Banco Agrario es atender el campo y a los agroindustriales, razón por la cual es muy vulnerable a la situación del sector y aunque es la entidad crediticia con la mayor participación en préstamos agropecuarios, no es la que maneja los mayores montos. Sus clientes tienen créditos promedio de $20 millones y son, justamente, los que tienen menor capacidad de apalancamiento cuando se presentan problemas.

De la cartera agropecuaria del país que se coloca con líneas de Finagro, 88% corresponde a créditos del Banco Agrario y 12% a los de los bancos comerciales, pero estos tienen la mitad de lo que valen todos los préstamos. 

Cada vez que se presentan problemas con el agro, el Gobierno responde refinanciando créditos y, aunque los recursos para dichas ayudas no salen del Banco Agrario –pues se giran directamente del presupuesto de la Nación–, la entidad se ve golpeada por la morosidad.

No solo se retrasan en sus pagos quienes están ilíquidos, sino otros que están a la expectativa de las ayudas gubernamentales, pese a no tener derecho a las mismas, pues están dirigidas a productos particulares y a retrasos de pagos dentro de fechas específicas. 

Teniendo en cuenta que el dinero para refinanciar o condonar créditos no sale de las arcas del Banco, su presidente aclara que de todas maneras el proceso de cobrar o normalizar cartera tiene un costo, pues deben tener funcionarios dedicados a ese trabajo que podrían estar vendiendo nuevos créditos. Además, atribuye la merma de las utilidades al mismo factor que golpeó a los demás bancos: la caída en los precios de los TES, donde tienen concentradas sus inversiones. En el caso particular del Banco Agrario, cualquier movimiento de dichos papeles se siente con fuerza pues en tesorería tienen $10 billones. 

“Enero fue un mes duro: más deudores de los que teníamos previsto dejaron de pagar y a eso se sumó la caída de dos créditos de Banacol, firma que entró a proceso de reorganización, por $75.600 millones”, comenta Navas Patrón. 

Su nombramiento en el banco causó revuelo. Según el portal La Silla Vacía, Navas es una ficha de los conservadores, que tienen captados los principales cargos del sector agrícola, y se le critica su falta de experiencia como banquero. El funcionario dice que él fue llamado por el presidente Santos, quien estaba buscando una persona con un bagaje distinto al del banquero tradicional, dado que, ante la perspectiva del posconflicto, se requiere descentralizar y atender mejor el campo. 

“Debido a la desconfianza en el Estado como banquero, muchos de los procesos del banco se centralizaron, ahora lo que viene es volver a descentralizar para llegar adonde los demás bancos no están”, asegura Navas Patrón, no sin antes mencionar que, aunque no es banquero, sabe de descentralización y trabajó en la Superintendencia de Valores. 

Justamente la injerencia de los conservadores ha generado suspicacias sobre una politización del Banco, que es negada rotundamente por Navas Patrón, quien dice que él no ha cambiado la nómina ni ha traído gente nueva.

En la calificadora BRC Investor Services tampoco ven el tema de cooptación política como un riesgo para el banco y, de hecho, le mantienen la máxima nota (AAA), con el argumento de que ante cualquier eventualidad el accionista mayoritario puede responder.

Lo que sí ve la calificadora es que la morosidad no va a ser un tema que se solucione pronto, más con la situación del agro. Navas Patrón, por su parte, considera que de aquí en adelante lo que deben hacer es cambiar la aproximación a los clientes e incursionar en nuevos negocios. Incluso estaría pensando en financiar infraestructura para el campo, aprovechando los $10 billones que tienen en caja. Dado que los bancos comerciales están reacios a meterse en ese frente, el Banco Agrario podría ser un plan B.
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