| 9/5/2014 6:00:00 AM

Juntos pero no revueltos

Con tres años de operaciones y nuevo socio, el Mila ha sido un éxito como mecanismo de promoción e imán de inversiones, pero no como plataforma de negociación. Desconocimiento, el responsable.

En mayo de 2011 arrancó una de las ideas de integración más aplaudidas dentro y fuera del país. Su objetivo era unir tres mercados de acciones pequeños y poco profundos, los de Colombia, Perú y Chile, con el fin de crear uno más atractivo para los inversionistas.

Tres años después, el balance del Mercado Integrado Latinoamericano (Mila) es dulce y amargo. Dulce porque puso a los tres países en el radar de los administradores de portafolios de todos los tamaños. También se crearon nuevos índices y vehículos de inversión atados al Mila, al tiempo que quedó claro que Brasil no era el único mercado de acciones relevante de Suramérica e, incluso, logró reclutar un nuevo integrante, México, que llegará a finales de este año.

La parte amarga está por el lado de las transacciones pues, si bien el objetivo del Mila no era crear una nueva bolsa, sino lograr una integración que aumentara los mercados individuales, los negocios realizados a través de su plataforma son muy pocos, en especial si se comparan con los que se hacen en cada uno de los países miembros. Mientras en Perú –que tiene la bolsa más pequeña del grupo–, se transaron US$4.897 millones el año pasado, en Mila apenas fueron US$140 millones.

Juan Pablo Córdoba, presidente de la Bolsa de Valores de Colombia, considera injusto evaluar así al Mila y aclara que este es un proceso que no se da de la noche a la mañana. El primer año solo se negociaron US$16 millones y hoy el crecimiento es evidente.

Además, a la hora de la transacción influyen diversos factores, incluso la costumbre de los inversionistas nacionales de solo mirar a Estados Unidos cuando van a colocar recursos en el exterior. “En el pasado era entendible que los inversionistas no miraran a América Latina por su inestabilidad económica, pero hoy, con un panorama distinto y con un grupo de países que van avanzando en la misma dirección, el Mila aparece como una muy buena oportunidad para diversificar”, insiste.

Trabas regulatorias

Alejandro Pérez-Reyes, jefe de asset management de Credicorpcapital, coincide en que este es un proceso lento que además debe venir acompañado de educación para las personas naturales –para las que está enfocado– pues los fondos de inversión no requieren del Mila para mover sus recursos en esta región, dado que lo hacen directamente. Cree que las trabas están por el lado de la regulación y en algunos temas tributarios. Por ejemplo, mientras en Colombia las acciones están exentas, en Perú y Chile son gravadas.

Córdoba asegura que el tema de los impuestos es una excusa, pues cuando una persona invierte en el exterior, ya sea en Europa o Estados Unidos, debe ajustarse al régimen tributario de cada país y que, al menos en el caso de Chile, ya está claro que los colombianos que inviertan allá no pagan impuestos de ganancia de capital, tema que también se busca con Perú.

Adicionalmente, los reguladores de los tres países están trabajando alineados y ya se establecieron los mecanismos para sacar provecho de las ventas de acciones que se hagan en cualquiera de los países miembros.

Es más, Córdoba y otros comisionistas consultados atribuyen al Mila la emisión de acciones que realizó Terpel en el país, pues a través de esta empresa no solo se accede a las estaciones de gasolina que operan en Colombia, sino a la chilena Copec, hoy dueña de Terpel y una de las firmas más grandes del país austral. Hasta el cierre de esta edición, la acción de Terpel había subido más de 22% y eso se atribuye a chilenos que estarían comprando en el país.

Felipe Campos, jefe de investigaciones de Alianza Valores, está convencido de que el rezago transaccional del Mila se explica por el lado de la demanda, dado que las personas naturales –al menos en Colombia–, apenas manejan entre 5 o 10 nombres de emisores locales (en el país hay 83 y con el Mila llegan a 650) y eso dificulta que se interesen por otros nombres a nivel regional. “Si a eso se suma la gran retirada de las personas naturales de la bolsa colombiana en los últimos años, –por pérdidas en colocaciones primarias, la crisis de Interbolsa, la descolgada de petroleras, etc. –, los pocos que quedan se vuelven aún más temerosos para seguir otros mercados”, subraya.

El presidente de la BVC acepta la necesidad de educar a los inversionistas e incluso reconoce que quienes menos le han sacado provecho al Mila han sido los colombianos. De los US$53 millones que se negociaron de enero a junio de este año, 93,83% se hizo desde Perú, 5,97% desde Chile y 0,20% desde acá.

“Aún hay mucho por mejorar: que los comisionistas les ofrezcan a los clientes la posibilidad de invertir en Mila y más ajustes regulatorios, pero también es cierto que esta idea ha tenido un impacto difícil de medir, pero que no se puede negar”, reitera Córdoba y enumera hechos como el ingreso al país de firmas comisionistas de bolsa de la región: Credicorp, BTG Pactual y Larraín Vial, entre otras. Al mismo tiempo, se ha incrementado la participación de extranjeros en las negociaciones con acciones colombianas: de ser 5% hace cinco años, pasaron a representar 25% hoy.

Con el ingreso de México, el Mila va a tener un nuevo aire y más inversionistas que poco a poco ayudarán a seguir subiendo las transacciones y a que el sabor dulce eclipse por completo al amargo.
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