| 6/9/2016 12:00:00 AM

Informalidad en Colombia, una de las más altas a nivel internacional

¿Qué relación existe entre la informalidad que se registra en los mercados laboral y de vivienda? Análisis de Camacol y del Banco de la República.

Colombia registra una de las tasas de informalidad más altas frente a los estándares internacionales, no solo en el mercado laboral –donde alcanza 47% de los ocupados–, sino también en el de la vivienda, con 22%.

Una alta informalidad en ambos mercados es un síntoma de su mal funcionamiento, el cual conduce a una asignación ineficiente de los recursos que impide a la economía mejorar su competitividad e incrementar su productividad. En esta medida, la informalidad laboral y la de vivienda no permiten aumentar la capacidad de crecimiento de la economía en el largo plazo y por eso imposibilita un mayor bienestar para la población.

Pero más allá de verse esta realidad en forma aislada, determinar si existe una relación entre ellas puede contribuir al diseño de unas estrategias más eficaces para combatirlas. Por este motivo, Camacol y el Banco de la República llevaron a cabo una investigación para despejar la incógnita.

Su primer hallazgo fue que, a pesar de que se ha venido registrando una disminución de la informalidad en estos mercados, que tuvo lugar de una manera casi generalizada en las trece áreas metropolitanas del país entre 2009 y 2015, las diferencias entre las tasas de las ciudades persisten, sobre todo en el caso del mercado laboral. Por eso, aunque en todos los casos la informalidad laboral se redujo y el promedio urbano cayó, las ciudades con las mayores tasas en 2009 son las mismas que tienen las más altas hoy, lo cual se repite con las que tenían las más bajas. Bogotá con 41,6%, Manizales con 43,8% y Medellín con 41,6%, por ejemplo, mantienen una informalidad laboral por debajo del promedio urbano del país (47,3%), mientras que el resto de las 13 principales áreas metropolitanas conserva unas tasas que lo exceden.

La persistencia de las disparidades en la informalidad en el mercado de la vivienda entre las ciudades del país también es alta, pero menor que en el laboral. De este modo, por ejemplo, la informalidad de la vivienda en Cali, Villavicencio y Pasto, que excedía el promedio urbano de 25,6% en 2009, en la actualidad está por debajo, pues se redujo a 22,1%. Sin embargo, en Bogotá (17%) y Bucaramanga (14,5%) la informalidad de la vivienda casi no se modificó, pero permaneció por debajo del promedio. En Barranquilla (34,5%) tampoco cambió y se mantuvo por encima. En el resto de ciudades permaneció arriba de él, pero se redujo de un modo apreciable.

Una segunda observación del estudio es que existe una relación directa muy estrecha entre la informalidad laboral y la de la vivienda, tanto en diferentes países como en las ciudades de Colombia. En nuestro caso la relación se mantiene en el tiempo, de manera que ambos tipos de informalidad tienen la misma tendencia decreciente en el largo plazo en las zonas urbanas del país. Además, mientras 30% de los habitantes de una vivienda informal tiene empleos informales, 84% de los trabajadores con empleo formal habitan viviendas formales.

Debido a esa estrecha correspondencia, la investigación halla también que, aunque tiene una alta dispersión entre las ciudades, la probabilidad promedio de que un trabajador informal en las 13 principales áreas metropolitanas del país habite una vivienda informal (35%) es mucho mayor que la un trabajador formal (20%). De manera simétrica, la probabilidad promedio de que un habitante de una vivienda informal en esas ciudades sea un trabajador informal (67%) es mayor que la que tiene el morador de una vivienda formal de ser un trabajador informal (cerca de 47%).

En consecuencia, el trabajo encuentra que uno de los principales determinantes de la informalidad en el mercado de la vivienda en las ciudades de Colombia es la informalidad del mercado laboral, por encima del ingreso y del tamaño de los hogares. De modo similar, la informalidad de la vivienda es uno de los principales determinantes de la informalidad laboral en el país, al lado del ingreso del hogar. Por estas razones, los dos tipos de informalidad se retroalimentan: la presencia de una de ellas aumenta la probabilidad de que se presente de manera simultánea la otra.

Por tanto, las estrategias diseñadas para disminuir la informalidad en el mercado laboral pueden también contribuir a reducirla en el de la vivienda, porque mejoran las condiciones de los trabajadores para acceder a una vivienda formal: incrementan su estabilidad laboral, sus ingresos, su capacidad de ahorro y su acceso al sistema bancario. Al mismo tiempo, las medidas dirigidas a promover el acceso a la vivienda formal pueden generar un entorno que facilite a sus habitantes conseguir un empleo formal.

Estos resultados sugieren que la lucha contra ambos tipos de informalidad sería más eficaz si se estrechara la coordinación entre las políticas para enfrentarlas.

Eso contribuiría a mejorar la competitividad y a aumentar la productividad de la economía, con lo cual se elevaría la tasa de crecimiento potencial y se incrementaría el bienestar de un mayor porcentaje de la población.

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