| 3/30/2017 12:00:00 AM

Las dudas frente al Autoregulador del Mercado de Valores (AMV)

La crisis de Interbolsa dejó herido al Autorregulador del Mercado de Valores. Para algunos, no vale la pena que siga, otros consideran que es clave para generar confianza y desarrollar los negocios bursátiles.

Aunque el mercado de valores opera en el país desde 1928, solo hasta 2006 se creó una figura de regulación con la que se buscaba que todos aquellos que compraban y vendían acciones, bonos de deuda o divisas se vigilaran a sí mismos y se comprometieran a realizar sus negocios bajo parámetros éticos, so pena de ser sancionados o incluso expulsados del mercado.

Esa figura se llamó el Autrorregulador del Mercado de Valores (AMV), el cual asumió una labor que ya hacía el rector del mercado de la Bolsa con los comisionistas, pero a la que se le dieron más dientes y le ampliaron su ámbito a todos los intermediarios del mercado; es decir, a bancos, fiduciarias, aseguradoras y fondos de pensiones, entre otros.

La figura de autorregulación no existe en muchos países (está en Estados Unidos, Japón y Canadá), pero en Colombia se quiso crear para darle mayor seriedad y sofisticación a un mercado que, para 2005, estaba en pleno crecimiento. Es más, la Ley de Mercado de Valores de ese mismo año es la que le da vida al AMV y lo vuelve una figura obligatoria para todos los actores del mercado, que además deben acudir a esta entidad para presentar allí los exámenes de certificación que les permiten operar.

Durante sus primeros años, el AMV logró ajustar bastante el mercado y reducir las malas prácticas, como la de usar los recursos de los clientes en operaciones no autorizadas por ellos. Así mismo, eran frecuentes los comunicados de prensa en donde se anunciaban sanciones a jugadores del mercado cuyo mayor castigo no era el monetario sino reputacional, dado que la información era replicada por los medios.

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Hasta ahí el objetivo se estaba cumpliendo y el AMV trabajaba con la Superintendencia Financiera mediante un acuerdo de entendimiento, que debía evitar la duplicidad de funciones, pero que hoy ya no está vigente.

Las cosas cambiaron con la crisis de Interbolsa, que para algunos no fue detectada a tiempo ni por el AMV ni por la Superfinanciera, pero que claramente no fue responsabilidad de los reguladores sino de los accionistas de la que fue la mayor comisionista de bolsa del país.

El siniestro de Interbolsa no solo golpeó la confianza del mercado de valores, también dañó las relaciones entre el AMV y la Superfinanciera, llevando a cambios en los liderazgos de las dos entidades. En el Autorregulador estaba al mando Roberto Borrás, quien no terminó su mandato, que es de tres años –estuvo dos–; mientras que a Gerardo Hernández, quien ejercía como Superintendente Financiero, la Procuraduría le impuso una suspensión por diez meses.

Tema de costos

Desde entonces el AMV cada vez suena menos en los medios, mientras que algunos de sus vigilados han aumentado sus críticas contra esta figura, a la que tildan de costosa e ineficiente. Se sabe incluso de algunos gremios financieros obligados a estar en el AMV que están buscando una figura legal para que solo los supervise la Superfinanciera y no más el Autorregulador.

Jaime Humberto López, presidente de Asobolsa, explica que el AMV no se puede acabar de forma caprichosa, pues su existencia es un mandato de Ley, pero considera que debería reenfocar su labor más en una promoción del mercado y de buenas prácticas, que de vigilancia y control, pues allí se traslapa con la Superfinanciera.

“Además es un organismo cuyo mantenimiento es costoso, al menos para nosotros los comisionistas, pues el cobro se hace por el volumen operado y nosotros respondemos por entre 30% y 35% del mercado. No vemos el costo beneficio”, reitera y dice que el AMV y la Superfinanciera son como dos futbolistas de un mismo equipo que intentan pegarle un cabezazo al balón y, no solo no le dan, sino que se aporrean mutuamente.

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López agrega que para las comisionistas, que hoy no pasan por un buen momento financiero –ver tabla– es muy oneroso responder a los requerimientos del AMV. “Se le está yendo la mano revisando todas las operaciones, pero no vemos valor agregado”, insiste.

Otra es la visión de Mauricio Rosillo, quien fue el primer presidente del AMV y uno de sus promotores. Sostiene que en encuestas realizadas con los intermediarios del mercado, más de 90% ve valor en la autorregulación, pues es indudable que da confianza y evita las malas prácticas.

En su concepto, lo que se debe hacer es ajustar las normas que regulan al AMV para que funcione mejor. Su primera recomendación es que se ajuste el gobierno corporativo de la entidad, de manera que lo integren personas muy conocedoras del mercado, que le den mayor liderazgo. Así mismo, cree que es necesario eliminar la obligatoriedad, dado que es una condición que hace que los vigilados no se sientan cómodos con la figura, como sí lo sienten cuando deciden voluntariamente que los supervisen. Aceptan este control porque saben que es un sello de calidad.

Otra sugerencia de Rosillo está en que el AMV sea más preventivo y proactivo, ajustándose a la economía digital, así como promoviendo la educación financiera.

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La Superintendencia Financiera, por su parte, emitió recientemente una circular externa en la que ordenó al AMV implementar un plan anual de actividades de supervisión y regulación, que para algunos es intervencionismo y merma la independencia de la entidad.

En la Superfinanciera responden que el modelo de autorregulación de Colombia, así como en otras jurisdicciones, impone que sean ellos los encargados de supervisar al AMV. Así que es “apenas natural que se adopten instrumentos que faciliten la labor de coordinación entre las funciones de la autoridad pública y la autoridad privada”.

Además, el memorando de entendimiento que enmarcaba la coordinación entre las dos entidades se hizo cuando la Superfinanciera estaba integrando a la Superbancaria y a la Supervalores, pero con el tiempo evidenciaron la necesidad de mejorar el instrumento.

Gerardo Hernández, ex superintendente Financiero y ahora codirector del Emisor, agrega que es importante mantener el AMV, no solo porque es muy costoso acabar con una institución, sino porque cumple una labor importante para el mercado. “Lo que se debe hacer es ajustes para que funcione mejor y lograr una coordinación completa”.

Es un hecho que a nadie le gusta ser vigilado y la existencia de mayores controles no es garantía de que no se vayan a cometer irregularidades; pero, si algo quedó demostrado con la crisis de Interbolsa es que la vigilancia es clave para recuperar la confianza y, por ende, para que los mercados se desarrollen.

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