| 9/28/2017 12:01:00 AM

La reactivación del crédito necesita mayor competencia

Después de una exitosa profundización, el crédito en Colombia se estancó. ¿Reactivarlo requiere mayor competencia?

Existe una relación directa muy estrecha entre el crédito y la actividad económica. En el largo plazo, un mayor saldo del crédito incrementa la capacidad de producción de la economía, porque canaliza el ahorro para financiar la ampliación del capital.

De esta manera, una expansión notable del crédito en Colombia entre 2003 y 2015, ayudó a aumentar el producto potencial del país, a incrementar su ingreso por habitante y a disminuir la pobreza.

En el cortoplazo, el crédito transfiere el ahorro desde los individuos que tienen excesos hacia los que tienen defectos, para financiar parte del consumo y la inversión, por lo cual permite acrecentar la demanda y la actividad económica.

No obstante, cuando el crédito aumenta muy por encima de su tendencia de largo plazo durante un período prolongado crea condiciones que arriesgan la estabilidad económica de los países, por un endeudamiento excesivo y una alta carga financiera. Por eso, durante los dos últimos auges de la economía las autoridades se esforzaron en prevenir un desbordamiento del crédito, en 2008 y en 2015, que hubiera amenazado la estabilidad financiera del país.

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De manera desafortunada, esos esfuerzos contribuyeron al estancamiento del crédito en 2016 y en 2017, que no ayuda a reactivar la demanda interna ni a dinamizar el crecimiento, justo cuando la economía enfrenta una desaceleración pronunciada.

En consecuencia, en la coyuntura actual es vital reanimar el crédito para que contribuya a expandir el gasto doméstico, de manera que se pueda conjurar la amenaza de que la economía caiga en una recesión.

Esa tarea no parece fácil por la alta carga financiera de los hogares, la lenta transmisión de la política monetaria al sistema bancario y el estrecho espacio para reducir la tasa de interés de intervención del Banco de la República, debido al riesgo de un rebrote inflacionario y de una desalineación de las expectativas en lo que resta del año.

Por estas razones, quizá sea útil preguntarse si una eventual falta de competencia en el sistema bancario entorpece la transmisión de la política monetaria.

Con frecuencia se plantea que entre mayor sea la concentración de la actividad bancaria en unas pocas instituciones, menor sería la competencia.

Como en otras partes del mundo –Estados Unidos, el Reino Unido, Japón y América Latina, por ejemplo– la concentración de la banca en Colombia siguió una tendencia ascendente desde comienzos del siglo, aunque en el país fue un poco más acentuada. No obstante, comparada con los estándares internacionales, la concentración doméstica no luce desproporcionada.

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Según los datos del Banco Mundial (BM) para 2015, los tres principales bancos del país concentran 65% del total de activos del sistema, en línea con los promedios latinoamericano (67%) y mundial (66%); pero por encima de la de otros países de la región, como Panamá (42%), Chile (42%) y México (51%), y la de otras naciones más avanzadas como Estados Unidos (35%), Japón (46%) y el Reino Unido (48%). Sin embargo, sería inexacto inferir de ello que en el país hubiera poca competencia en la banca.

Barreras y competencia

La literatura más reciente sobre la organización industrial estableció que el comportamiento de las firmas en el mercado depende sobre todo de la existencia de barreras de entrada y salida en cada rama de actividad, más que de la concentración. Por eso, para caracterizar el comportamiento de los bancos se utilizan medidas directas de fijación de los precios y de poder de mercado.

Entre ellas, el estadístico H de Panzar y Rose, mide la elasticidad de los ingresos por intereses a los precios de los insumos. Elevados valores de H significan un alto grado de competencia, que es perfecta cuando llega a la unidad. Por el contrario, bajos valores de H sugieren poca competencia, cuya total ausencia se presenta en el monopolio, cuando es cero. En todos los demás casos, cuando el indicador está entre uno y cero, habrá una competencia monopolística, con una mayor o menor intensidad.

El valor de H calculado para Colombia en 2015 por el BM (0,56) sugiere que la banca que opera en el país compite de una manera monopolística, con una mediana intensidad, no muy lejana del promedio mundial (0,59) y del Reino Unido (0,59), e incluso mayor que la de Suiza (0,52), Estados Unidos (0,46) y Japón (0,44). Sin embargo, esa intensidad es menor que la de América Latina (0,69), los países de ingreso medio alto (0,61) y alto (0,62), Chile (0,81), Brasil (0,74), Uruguay (0,73) y la Zona del Euro (0,73).

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Otro indicador que dimensiona el comportamiento de la banca es el índice de Lerner, que se basa en un cálculo del margen, que resta el costo marginal de los ingresos por activos. Altos valores del índice sugieren una baja competencia y viceversa.

El índice de Lerner del BM para la banca en Colombia siguió una tendencia ascendente un poco más pronunciada que la del resto del mundo desde el comienzo del siglo. Su valor actual (0,46) está cerca del promedio regional (0,44) y de los países de ingreso medio alto (0,42), pero lejos de los de ingreso alto (0,39), el promedio mundial (0,36), la Zona del Euro (0,3) y los Estados Unidos (0,2). Por último, el indicador de Boone, que mide la elasticidad de los beneficios a los costos marginales, también permite hacerse una idea del grado de competencia de una industria. Entre más negativo sea su valor, mayor será la intensidad de la competencia.

El indicador de Boone calculado para la banca en Colombia por el BM, tuvo una tendencia creciente como en otras regiones del mundo desde comienzos del siglo, aunque en el país fue mucho más pronunciada.

Esto sugiere un deterioro de la competencia en la banca alrededor del mundo en este período. Sin embargo, el valor actual que tiene en el país (-0,06) está cerca de los Estados Unidos (-0,04) y América Latina (0,03), lo cual indica una intensidad similar de la competencia.

Estos indicadores sugieren que la banca en Colombia tiene una concentración similar a los estándares regional y mundial, compite de una forma monopolística con una intensidad próxima al promedio global y opera con un margen cercano a la media latinoamericana y de los países de ingreso medio alto.

De ello no se deducen comportamientos anticompetitivos que dificulten la transmisión de la política monetaria al sistema bancario ni a sus usuarios. Pero una mayor intensidad en la competencia podría facilitar una transmisión más rápida, que es vital para reactivar la demanda por crédito, estimular el gasto doméstico e impulsar la actividad económica.

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