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¿Y si no es Santos, quién?

| 7/28/2013 3:34:00 PM

¿Y si no es Santos, quién?

El Gobierno, con razón, no puede negociar. No tiene qué ni con quién negociar. Todos son grupos mafiosos que buscan impunidad para sus actividades.

por Fanny Kertzman

El tercer año de gobierno es el año de los paros. El año en que le miden el aceite al Gobierno. Mientras más débil el gobierno, más cede y más se estimulan otros paros. Que lo diga Ernesto Samper, cuyo Ministro del Interior, Horacio Serpa, se especializó en ir a negociar paros y prometer todo y lidiar nuevamente con el mismo paro al año siguiente, cuando no se había cumplido con nada. Así puede sobrevivir un gobierno cuatro años. Pero no ocho.

Un paro requiere unos financiadores, que son los que buscan objetivos específicos. En el Catatumbo la guerrilla necesita una zona de reserva campesina, un Caguancito en la frontera con Venezuela, una narcorepública independiente. Las Farc tienen recursos ilimitados para prolongar el paro. Les paga a los campesinos que son la carne de cañón, y desde la retaguardia lanzan bombas incendiarias y tatucos.

En el paro de los mineros, unos delincuentes, mezcla de Farc, Bacrim y otros elementos, protestan contra la destrucción de máquinas de la minería ilegal. La carne de cañón son los campesinos, como en el Catatumbo, pagados por los verdaderos beneficiados del paro.

Y así con cada protesta que haya en el país. Detrás del subsidio a los cafeteros se ha montado una empresa criminal que negocia con los mismos y no llegan a sus verdaderos beneficiarios. Los interesados en el negocio montan un nuevo paro cafetero para refrescar los recursos del subsidio directo, que ya están agotados. Detrás del paro de los camioneros debe haber intereses muy fuertes, de grandes empresarios, que simplemente desean fletes más altos. Los grandes transportadores ponen a sus choferes a dormir en las carreteras y se embolsillan los beneficios.

El Gobierno, con razón, no puede negociar. No tiene qué ni con quién negociar. Todos son grupos mafiosos que buscan impunidad para sus actividades delictivas, la mayoría, o cómo sacarle recursos a la ubre del Estado, los menos. La única manera de desactivar la seudo-protesta es con el uso de la fuerza, el Esmad, y la captura de los cabecillas y autores intelectuales.

Mientras tanto, el proceso en la Habana languidece y se desdibuja. Los negociadores del Gobierno están cansados, saben que no se está llegando a nada, que el show es una mamadera de gallo monumental, donde desde la impunidad de la Habana se planean paros armados, sangrientas emboscadas al ejército, compra de secuestrados y secuestros.

Juan Manuel Santos está encartado, no sabe cómo dar por terminado ese show, sin que él salga herido de muerte para las próximas elecciones. ¿Va a seguir echándole gasolina a la farsa de la Habana? ¿Cómo se desmonta de semejante encarte? ¿Sí tiene el carácter para hacerlo? Una señal peligrosa es que no fue capaz de terminar con la misión observadora de la ONU de una, de un tajo, sin darse placitos de un año. Ahora Santos dice que va a lanzar en Catatumbo una “ofensiva humanitaria”. ¿Qué será eso? ¿Bombardearán alimentos desde el cielo?

Mientras tanto los opositores se organizan para las próximas elecciones. El uribismo se prepara sin tener, desafortunadamente, al gran candidato. Que sea Pachito, que sea Óscar Iván, realmente va a dar lo mismo. Si fuera un Óscar Naranjo, la victoria sería obvia e inmediata. Pero no lo hay.

Los Verdes, por su lado, buscan candidato pero están tan perdidos que postulan a Ingrid Betancur. La figura más detestada de Colombia después de Piedad Córdoba y las Farc. La izquierda también se organiza y, si son inteligentes y disciplinados, en semejante río revuelto, tienen posibilidad de ganar con un 20%, tal como lo hizo Petro.

Claro que un gobierno de la izquierda sería un desastre nacional, como el de Petro o el de Chávez o Maduro o los Castro, sobre todo si gana un Iván Cepeda. Adiós a la confianza inversionista. Bienvenidas las expropiaciones. Se robarían hasta las reservas internacionales como está ocurriendo en Nicaragua. Se desbarataría el país, las instituciones, la economía, el sector privado, la Fuerza Pública.

No nos queda de otra que votar por Santos. Porque como decían antes, ¿si no es Santos, entonces quién?

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