Opinión

  • | 2017/02/16 00:00

    Un segundo aviso: ‘Algo va mal’

    El libro Algo va mal de Tony Judt es hasta cierto punto también un llamado de atención a cómo la economía es más determinante en la vida de las sociedades que los mismos órganos políticos.

COMPARTIR

Hace un par de años tuvo bastante impacto el libro de Piketty El capital del siglo XXI. Infortunadamente, en esta era del mundo virtual y del avasallamiento por parte de los ‘comunicadores’, lo que antes se llamaban ‘tratados’ de alguna profundidad no encuentran suficiente interés, y cualquier noticia –especialmente si es un escándalo– los desplaza al olvido.

Bien entendido lo que ese autor propone es la reivindicación de la economía política como materia diferente y más importante que la llamada economía pura. La tesis central no se reduce a sugerir que por la vía de la tributación progresiva a la riqueza se lograría la redistribución de la riqueza y del ingreso. Esto no es un descubrimiento ni una propuesta sorpresiva.

La novedad en su tesis fue la afirmación según la cual no es cierto que el desarrollo o crecimiento económico de un país se acompaña naturalmente de una tendencia a acabar con las desigualdades; es decir, hace caer en cuenta que la razón de ser del manejo económico no debe ser el crecimiento de la economía, sino que su verdadera función es servir de medio para lograr los objetivos sociales que se buscan.

Entre nuestros economistas esto no fue bien entendido pues no lograron salir del enfoque ‘economisista’, destacando uno u otro de los argumentos complementarios o demostrativos sin entender el planteamiento central. Por supuesto los análisis de la economía convencional hacían parte del desarrollo teórico, pero se podría hacer el paralelo con la relación entre la física y las matemáticas, en el sentido que cualquier demostración de una fórmula de física requiere el conocimiento y uso de las matemáticas.

También le puede interesar: Lo que nos dejan el modelo y la filosofía del neoliberalismo

El hecho es que lo que estamos viviendo como turbulencia política –que denominan ‘populismo’– es una consecuencia clara de lo predicho por aquel autor: el capitalismo se destruye a sí mismo si no interviene el Estado para evitar su desboque.

Un reciente libro que puede ser igual de importante pareciera ser una radiografía complementaria desde el enfoque puramente político de lo que significa el momento y el modelo que nos ha tocado vivir en los últimos treinta años. Si la versión de Piketty se basaba en demostrar que eran erradas las premisas sobre las cuales se contaba para asumir que la tendencia natural de la economía capitalista era al crecimiento y que este acababa con la desigualdades, este nuevo libro se refiere a los resultados que tal error ha producido.

Se trata del libro Algo va mal de Tony Judt.

Es hasta cierto punto también un llamado de atención a cómo la economía es más determinante en la vida de las sociedades que los mismos órganos políticos; o a cómo el supeditar la intervención estatal a los requerimientos de un modelo económico puede reflejarse en resultados indeseables en los campos social y político.

Transcribo su propia presentación:

“Gran parte de lo que hoy nos parece «natural» data de la década de 1980: la obsesión por la creación de riqueza, el culto a la privatización y el sector privado, las crecientes diferencias entre ricos y pobres. Y, sobre todo, la retórica que los acompaña: una admiración acrítica por los mercados no regulados, el desprecio por el sector público, la ilusión del crecimiento infinito.

Le sugerimos leer: El Gobierno logra una unanimidad

No podemos seguir viviendo así. El pequeño crack de 2008 fue un recordatorio de que el capitalismo no regulado es el peor enemigo de sí mismo: más pronto o más tarde está abocado a ser presa de sus propios excesos y a volver a acudir al Estado para que lo rescate. Pero si todo lo que hacemos es recoger los pedazos y seguir como antes, nos aguardan crisis mayores durante los años venideros”.

Aunque su punto de referencia sería lo que es entre nosotros el ‘neoliberalismo’, da por sentado que es algo que fue y ya pasó.

“Durante los primeros años de este siglo, el «consenso de Washington» había ganado la batalla. En todas partes había un economista o «experto» que exponía las virtudes de la desregulación, el Estado mínimo y la baja tributación. Parecía que los individuos privados podían hacer mejor todo lo que hacía el sector público”.

El libro se refiere a Estados Unidos y Europa, pero igual se puede aplicar –y con mayor énfasis- a nosotros. En especial el comentario de una colega que le dio la motivación al describir así el efecto que le produjo la conferencia de la cual a su turno desarrollaría el libro:

“… afirma que le indigna nuestro conformismo político; defiende la necesidad de disentir de nuestra forma de pensar guiada por la economía, la urgencia de una vuelta a la conversación pública imbuida de ética. Ya nadie habla así”.

Lea también: ¿Hasta dónde puede llegar el efecto Trump?

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 516

PORTADA

Top of mind 2017: Las marcas más recordadas por los colombianos

Las marcas se enfrentan a un escenario de cambios estructurales en el comercio y una economía que sigue desacelerada. ¿Cuáles son las más recordadas? Ranking de Dinero e Invamer Gallup