Opinión

  • | 2016/11/10 00:00

    Tributaria: la historia del plebiscito se repite

    Como el rechazo al SÍ, que no lo fue a la paz sino en buena parte al Gobierno, así ha sido el efecto que ha producido la propuesta de reforma.

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Se han buscado toda clase de explicaciones para entender el resultado del plebiscito, partiendo de la base de que no es concebible que más de 6 millones de colombianos estén en contra de la paz.

La respuesta obvia es que el Acuerdo de La Habana y el manejo del plebiscito fueron mal planteados.

Con la reforma tributaria la historia se repite.

El cálculo del Gobierno fue que entre el Acuerdo logrado y, sobre todo, el éxito del plebiscito producirían un estado de opinión que motivaría una actitud de total respaldo del Congreso a lo que se le presentara. En otras palabras, se contó con el ‘pupitrazo refrendatorio’, porque ni habría interés, ni nadie se atrevería a decir que la reforma debería depender de los Congresistas.

A lo largo del año se lanzaron algunos globos de ensayo sobre eventuales aspectos puntuales para ver las reacciones por parte de los diversos sectores, pero se mantuvo hasta el último momento la reserva del contenido que tendría el proyecto. No se ‘socializó’ con los sectores de la población interesados, ni se consultó con los miembros del Congreso, ni, según las declaraciones de algunos miembros del gabinete, se consensuó dentro del mismo equipo de gobierno.

La situación cambió y, como sucede con el NO al plebiscito, nos encontramos ahora con que le toca al Congreso estudiar –y al Gobierno defender– el contenido de lo propuesto.

En aquel, el punto único de fondo era el desarme y desmovilización de las Farc y los elementos de una justicia transicional que toca crear para ello, incluyendo los no debatibles, como era el deseo que fueran a la cárcel, que no pudieran hacer política y que no se destinaran recursos para su reinserción. Lo demás eran enunciados inocuos, absurdos, obvios, o superfluos, arandelas innecesarias que solo complicaron el proceso y crearon justificaciones para el NO.

En este caso lo no discutible es que se necesita aumentar el recaudo por la coyuntura derivada de la caída de los precios del petróleo y concretar una reforma estructural que está pendiente desde hace años. Pero si lo primero sí amerita un trámite de ‘urgencia’, lo segundo requiere por el contrario un estudio detenido. Se cae en el mismo error de pretender –como en el plebiscito– que se apruebe un paquete sin que se conozca el contenido.

Es inevitable y lógico el incremento del IVA; al fin y al cabo, aunque en sí mismo no es progresivo, no solo no deja de ser la primera fuente de ingresos, sino que es un impuesto existente en todo el mundo con tasas superiores a 16%. También lo es la ampliación de la base tributaria, que afecta a quienes hoy por lo bajo de sus ingresos no tributan, pero que deben contribuir a las necesidades colectivas para el progreso del país.

Pero temas como los impuestos a la vivienda social o la renta presuntiva o el ‘monotributo’ son elementos que le dan innecesariamente a lo accesorio el carácter de debatible y polémico.

Al igual que para los verdaderos calificados en el Derecho era una insensatez el cuento de darle categoría de ‘bloque de constitucionalidad’ al Acuerdo e incluir en la Constitución su texto, a los expertos en tributación les parece insólito que se afirme que el gravamen a las operaciones bancarias es antitécnico y que se concluya quitándole el carácter de transitorio para volverlo permanente. O ven igualmente antitécnico y regresivo el impuesto a los dividendos, que afecta con el mismo porcentaje al pequeño accionista y al gran empresario, sin considerar para nada la totalidad de ingresos de cada uno.

Es natural que quien hace una propuesta la presente enunciando bondades con lo que se busca; al igual que es normal que se ofrezcan medidas e instrumentos que supongan cumplir ese cometido.

Nunca nadie dirá que toca exprimir al contribuyente, y aún menos que busca una redistribución que favorezca a los ricos en detrimento de los pobres.

Pero esto es lo que sucede en el caso presente. Y lo que se intenta vender deja de ser creíble por los antecedentes de los vendedores: la promesa de Santos en cuanto a que no crearía más impuestos, y que quien la traiga sea quien hace apenas dos años, con los mismos argumentos, inventó los mecanismos que hoy dice que toca desaparecer (Iman, Imas, Cree, Impuesto a la Riqueza).

Como el rechazo al SÍ, que no lo fue a la paz sino en buena parte al Gobierno, así ha sido el efecto que ha producido la propuesta de reforma.

Y el resultado también será parecido en el sentido de que a La Habana se llevaron los negociadores del Gobierno 410 posibles puntos sugeridos para modificar el acuerdo, y de lo que podría anexar el Congreso a esta reforma tributaria, ya se habla de 200 adiciones (posibles micos) que se le intentarán colgar.

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