Opinión

  • | 2017/04/27 00:01

    Todo para lograrlo, pero al final “no se puede”

    Lecciones de la experiencia colombiana con la identificación biométrica.

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Su huella digital podría ser su clave para hacer transferencias financieras, para hacer trámites con el gobierno o registrar contratos privados, para depositar su voto, para hacer compras por internet y para subirse a un avión o a un bus de transporte público.

Estas y muchas otras posibilidades se están desaprovechando en Colombia, a pesar de que la Registraduría tiene el registro digital de las huellas de todos los colombianos adultos (y de los menores con tarjeta de identidad). Su huella está encriptada en el revés de la cédula de ciudadanía, y puede ser leída con un sencillo dispositivo electrónico. Incluso si usted no tiene la cédula a mano, su huella puede ser leída por un sensor conectado al registro biométrico de la Registraduría.

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Estonia y la India son los dos líderes mundiales en identificación biométrica. En Estonia la tarjeta de identidad (que equivale a la cédula) tiene un chip que permite usarla como tarjeta de acceso al transporte público. El costo del tiquete se carga a una cuenta personal, lo cual elimina la expedición de tiquetes. El registro de viajes puede operar como sistema de seguridad pues queda la prueba de quién viajó en cada tren o bus. La tarjeta de identidad también se usa para registrar los votos y como documento de viaje internacional dentro de Europa.

Puesto que en Estonia la identificación biométrica se utiliza para integrar toda la información que tiene el gobierno sobre cada persona, es ilegal que una entidad pública le pida a alguien información que el gobierno ya tiene. Esto ha facilitado todos los trámites, desde conseguir un pase de conducción hasta cobrar la pensión.

Suena factible para un país desarrollado de 1,3 millones de personas, como es Estonia. Pero, ¿funcionaría para un país grande y subdesarrollado? India, con una población casi mil veces la de Estonia, está demostrando que sí es posible. En menos de siete años, India ha logrado registrar con información biométrica de huellas digitales e iris al 99% de la población adulta, a pesar de que no existía antes un documento nacional de identidad. El Aadhaar, semejante a nuestra cédula de ciudadanía, se creó para impedir el fraude masivo que había en el pago de todo tipo de subsidios, desde transferencias condicionadas (semejantes a Familias en Acción) hasta subvenciones para la compra de bidones de gas para cocinar. Con la disminución del fraude ya se ha recuperado varias veces el costo del programa.

El Aadhaar se usa también para controlar el ausentismo de los maestros y empleados oficiales –otro problema crónico en la India–, para registrar los teléfonos celulares y para recibir pagos de la seguridad social. Pronto se integrarán todas las bases de datos oficiales. Cualquier persona tendrá acceso inmediato a su propia información y podrá solicitar su envío (total o parcial) a quien la requiera, sea el banco, el potencial empleador o el médico.

La pregunta es por qué Colombia, que cuenta con un excelente sistema de registro de identidad, con información digitalizada de las huellas dactilares recogidas desde 1952, no aprovecha mejor las posibilidades del sistema. Desde 2014 las notarías utilizan un eficiente sistema de identificación mediante huella digital que ha facilitado mucho los trámites notariales. También se usa la huella para los trámites de migración y está empezando a adoptarse para expedir pases. Se espera que en el segundo semestre de este año las entidades financieras comiencen a utilizar la huella digital en cajeros automáticos y otras transacciones. El registrador Juan Carlos Galindo ha dicho que los registros biométricos se pondrán también a disposición de las entidades de seguridad social. Pero, como hemos visto, las posibilidades son muchas, muchas más.

¿Qué está impidiendo, por ejemplo, que la huella dactilar sea el método de identificación para ejercer el derecho a votar y controlar el fraude electoral? Puesto que ya se ha usado con éxito rotundo en unas cuantas elecciones atípicas locales, es intrigante que no se haya adoptado en las elecciones nacionales.

Como en tantos otros asuntos, en Colombia el espíritu pionero se desorienta fácilmente en los laberintos jurídicos y desfallece tan pronto como se enfrenta con los grupos de presión y los intereses políticos.

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Es posible que la Ley 1581 de 2012 que estableció la protección de datos personales sea una barrera para la integración de la información personal en un solo sitio. Las entidades públicas prefieren evitar cualquier riesgo jurídico relacionado con el habeas data. El problema con esta actitud defensiva es que ignoran que es su obligación contribuir a la producción de bienes públicos, como la información. En Colombia la mayoría de las entidades públicas responden más a los objetivos inmediatos y los temores de sus jefes que a los mandatos y necesidades de la sociedad.

Arrancamos muy bien pero por el camino perdemos los objetivos. Nos ha ocurrido tantas veces que ya estamos acostumbrados a no lograr nada. Nos conformamos con el “no se puede”.

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