Revista Dinero

| 4/17/2013 6:00:00 PM

Thatcherismos Que Ojalá

¿Qué cosas vería Margaret Thatcher en la Colombia actual? ¿Qué diría? Tres especulaciones.

por Alberto Carrasquilla

Venerada por unos, entre los que me incluyo sin ambigüedades, y odiada hasta el límite tragicómico de convocar una fiesta (poco exitosa, valga decirlo) para celebrar su fallecimiento, Lady Margaret Thatcher fue una de las más importantes figuras del Siglo XX.

Supongamos, a manera de modesta reflexión chapineruna en honor a su legado, que Margaret Thatcher, desde el más allá, le echara una mirada a la Colombia actual y rindiera, después, un informe acerca de lo que vio. Voy a especular que ella haría cientos de comentarios puntuales, girando alrededor de tres principios esenciales: la presunción de gratuidad, la limitación dorsal y la animadversión hacia el ánimo de lucro. Me explico.

En primer lugar, quedaría aterrada con la incapacidad que tenemos de juzgar nuestro ordenamiento institucional con base en sus resultados prácticos locales y mundiales y, en consecuencia, con nuestra impotencia para vislumbrar el rumbo del progreso, mucho menos para corregir los impedimentos que lo hacen tan esquivo. La Constitución de 1991 nos ubica, filosóficamente, al lado de los Estados de Bienestar que fueron consolidándose en occidente en los años cincuenta del siglo pasado y, de esta manera, nos sintoniza con una institucionalidad y un conjunto de incentivos que, según ella, llevaron a los países al fracaso. Su primer asombro, pues, la presunción de gratuidad en pleno Siglo XXI. En gran síntesis, su obsesión fue la contraria; darle un timonazo a esa manera de andar, sacudir a Inglaterra de la modorra socialista que la carcomía. Su caballito de batalla fue devolverle importancia a los valores éticos –Victorianos, si se quiere– del trabajo y la responsabilidad individual. En alguna ocasión dijo “(...) los socialistas están felices, hasta que se les acaba el dinero ajeno”. Mientras que en países como Suecia, un antiguo bastión del Socialismo Europeo, se implementan con gran éxito reformas profundas en la línea que Thatcher defendió en los años setenta y ochenta, en Colombia no hacemos sino profundizar el hueco, gastando el dinero ajeno y sin reparar en resultados ni en implicaciones. Nos resbala aquello de que: “(....) No existe ningún derecho, sin que antes alguien haya cumplido una obligación”. 

Segundo, le produciría urticaria la limitadísima espina dorsal que tipifica los tiempos que corren, la preponderancia del “consenso” como metodología y de la “imagen” como instrumento funcional. “Para mí, el consenso” dijo, “parece ser el proceso de abandonar toda creencia, principio, valor y política. Es algo que ni nadie cree, ni nadie objeta”. Al amparo de una búsqueda permanente del consenso, que siempre es un asunto bien complejo, se abandonan los hilos conductores, que siempre son sencillos y siempre son polémicos porque la gente los entiende, y hay debate democrático. “Amo la discusión, amo el debate. No espero que alguien simplemente se siente ahí y esté de acuerdo conmigo”. La “comunicación” es simple cuando el énfasis son los hilos conductores, los principios fundamentales y la comunicación va creciendo en complejidad a medida que la búsqueda de consenso le va metiendo al debate una serie creciente de peros, de incisos y de condiciones. No siempre se impone aquello que uno cree pero: “(...) Uno puede tener que pelear una batalla más de una vez para ganarla”. La imagen, francamente, le importaba muy poco. “Si usted quiere gustar, estará listo a ceder en cualquier cosa, en cualquier momento y no lograría nada”.

Tercero, yo creo que le aterraría la animadversión que tenemos hacia la iniciativa privada y el ánimo de lucro. Comparemos, por ejemplo, la andanada reciente contra el sector minero energético o contra la participación privada en la prestación del servicio de salud, para no ir más lejos, con unas palabras que Lady Thatcher pronunció en 1977, refiriéndose a los pozos petroleros del Mar del Norte, para entonces una novedad en el debate. “(...) el Mar del Norte no es un mar socialista. Su petróleo no es un petróleo socialista. Fue hallado por la empresa privada. Lo taladró la empresa privada y lo está trayendo a tierra la empresa privada”. Paz en su tumba.

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