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| 4/17/2013 6:00:00 PM

Teodora: la nueva mejor amiga

¿Cómo se les ocurre a los asesores de imagen del Presidente que esta pueda mejorar si se junta con los dos personajes más detestados por la opinión pública, como son Piedad Córdoba y Gustavo Petro?

por Fanny Kertzman

El presidente Juan Manuel Santos ha cambiado su estrategia de cara a la reelección. En una reciente encerrona de la cúpula del gobierno en Hatogrande, a la que asistieron los Silva, Miguel como parte del nuevo equipo de comunicaciones, y Gabriel como vocero informal del Presidente, se decidió apostarle a la paz. Dado que el tema de las locomotoras estaba atascado y que la lupa de la extraña Contralora ha impedido que los funcionarios públicos se arriesguen a ejecutar un peso en obras públicas, so pena de pasar el resto de su vida en la cárcel y perder el patrimonio, había que cambiar de canción.

Como aparentemente la paz marcaba alto en las encuestas, decidieron jugársela por ahí. Semana dice que la marcha del 9 de abril puede ser el “punto de quiebre” del proceso de paz. Y lo será, probablemente, pero en contra. Porque los colombianos fuimos engañados. Esa marcha fue organizada por Teodora Bolívar con recursos probablemente del narcotráfico de las Farc, o de PDVSA. No fue una marcha de los colombianos. Fue una marcha fariana. De hecho, en la única ciudad que funcionó fue en Bogotá donde llegaron más de 800 buses con campesinos reclutados.

¿Cómo se les ocurre a los asesores de imagen del Presidente que esta pueda mejorar si se junta con los dos personajes más detestados por la opinión pública, como son Piedad Córdoba y Gustavo Petro? Esa foto con Petro sembrando el arbolito está destinada a convertirse en la imagen del fracaso del proceso, así como la silla vacía fue el símbolo del fracaso del Caguán.

Iván Márquez está en la misma tónica de siempre: “No hemos combatido toda una vida (…) para terminar engrilletados en las cárceles de los victimarios”, dice en una entrevista el 2 de abril, en la emisora bolivariana La Voz de la Resistencia. Márquez rechaza el Marco Jurídico para la Paz porque “este tema no es asunto de este Congreso, sino materia sublime de una augusta Asamblea Nacional Constituyente”. No solamente no pagarán cárcel y no habrá reconocimiento a las víctimas, también habrá que hacerles Constituyente. Y continúa “[quieren] encorsetar los diálogos de paz de La Habana en los afanes de los tiempos legislativos y los tiempos electorales que desviven al establecimiento....no nos endosen por favor las angustias de los tiempos electorales”.

De manera que las negociaciones continuarán a ritmo Farc, y las elecciones de 2014 se harán en medio del proceso. Santos, siendo tan inteligente, se dejó meter en la entelequia de lo que serán unas elecciones donde no se votará por un candidato, sino a favor o en contra de las conversaciones de La Habana. Ojo, no a favor o en contra de la paz. Porque todos queremos la paz. Para los colombianos la paz es un fin, no un medio como lo es para la guerrilla terrorista, un medio que les permite mantener sus privilegios actuales, disfrutando del monopolio del narcotráfico, viviendo en Venezuela, montando en Harley y bailando con Tanja.

Está bien que el Gobierno sea discreto. Pero por favor no nos digan mentiras. Lo que está pasando en la Habana, o mejor, lo que no está pasando es un misterio. Semana acaba de concluir que van cinco semanas sin negociaciones y aún no hay fecha para la próxima ronda. No se ha llegado a ningún acuerdo en el subpunto 1 de 35. Roy Barreras y la delegación del Congreso fueron, según el comunicado oficial de Presidencia, a hablar sobre las víctimas, cuando lo cierto es que fueron a apurar a las Farc, para poder convertir en Ley lo que se acuerde si el proceso se evacua antes de julio.

Después de la Marcha Patriótica en Bogotá, Santos se fue a Medellín dizque para participar en la de acá. Pero cuando llegó, las menos de 800 personas que salieron a la calle ya se habían dispersado. Si no conseguía apoyo popular, entonces conseguiría apoyo del notablato. Y, oh sorpresa, ese mismo día había Asamblea de Proantioquia, donde estaban todos los cacaos y cacaítos. No les quedó de otra que salir a apoyar el proceso; en palabras del director de Proantioquia, Juan Sebastián Betancur: “Señor Presidente, siempre habrá detractores que nunca le van a perdonar sus aciertos”.

Pero a un interlocutor como Márquez, que ni siquiera ha reconocido que son narcotraficantes y que sigue secuestrando a pesar de sus enmiendas, es imposible creerle.?Me recuerda demasiado cuando Pastrana decía allá en el Caguán: “yo sí le creo a Tirofijo”.

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