Opinión

  • | 2014/05/29 06:00

    La situación del sector agropecuario vista por sus actores

    La pujanza o dinamismo que ve el Ministro de Agricultura no coincide con las estadísticas: no aumenta sino disminuye el crecimiento con el cual veníamos.

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La reciente encuesta de opinión empresarial agropecuaria (EOEA) realizada por la SAC en asocio con Finagro, Banco Agrario, Bolsa Mercantil de Colombia, Colinagro, Corpoica e Incoder muestra una perspectiva diferente de la que pregona el Ministerio de Agricultura.

Revela que hay una contracción en materia de inversión en compra de maquinaria, de adecuación de tierras, de obras de infraestructura y de ampliación del tamaño de la unidad productiva, no solo confirma que, exceptuando la compra de animales, sigue la tendencia a la baja en todas las actividades que estudia, sino refleja marcadas caídas entre el primer trimestre de 2013 y el de 2014.

La encuesta registra una disminución de la ampliación de los cultivos de 26% (el año anterior fue 23% y este 16%), destacándose los rubros de cultivos semestrales de clima cálido –arroz– y frío –papa–, es decir, los que más pesan y a más agricultores involucran.

Un segundo renglón de compra de maquinaria y equipos se redujo pasando de 11% a 7%, siendo los casos de cultivos de clima cálido y ganadería los de mayor caída al bajar a 5% y 6% respectivamente; es decir, en promedio la nueva inversión disminuyó respecto al año pasado 36%.

En cuanto a la adecuación de tierras su ampliación bajó de 16% a 11% –31%– ; y el resto de aumento de recursos destinados a instalaciones y obras de infraestructura cayó de 15% a 11% –27%–, siendo los que peor suerte corrieron los cultivos semestrales de clima cálido y la ganadería de leche (el incremento en esos respectivos sectores disminuyó 6% y 9%).

El aumento de la inversión en el sector agropecuario por unidad productiva es natural y en porcentajes muy altos por ser proporcional al inmenso desplazamiento de nuestros campesinos, pues esa porción de población pasa de ser productor a ser simplemente consumidor. Pero el tamaño de la crisis se ve en que, por ejemplo, dice la EOEA, mientras en los diez años anteriores la proporción de productores que ampliaron su inversión se ubicó dentro del rango de 25%-35% en la actualidad se registra apenas en 17%.

También recoge la encuesta el orden de afectación de los diferentes factores y aquel en el cual incide en las diferentes actividades:

El más desfavorable en este trimestre fue el de costos de producción, en donde el balance de respuestas (la diferencia entre respuestas favorables y desfavorables) pasó de 2,1% a -17,3%, y los cultivos en los que se reportó mayor intensificación en la preocupación sobre los costos de producción fueron: economía campesina y cultivos semestrales de clima cálido.

La encuesta refleja que las expectativas para el segundo trimestre son de relativa mejoría y que el porcentaje de productores agropecuarios encuestados que espera una situación económica buena aumenta de 21% a 36%, logrando superar a los que esperan una situación económica mala, que se reduce de 33% a 22% (lo cual es de esperar pues empeorar más es difícil).

Esta cantidad de datos y porcentajes se pueden resumir en que la pujanza o dinamismo que ve el Ministro de Agricultura no coincide con las estadísticas: no aumenta sino disminuye el crecimiento con el cual veníamos.

Pero más grave que la diferencia con los escenarios de los que habla el titular de la cartera es el escepticismo con el que se reciben las medidas que divulga. El diferir los créditos a 10 años y con intereses bajos pareciera un alivio para el sector. Pero siendo para los deudores de menos de $20 millones, sus efectos lo son para un número muy grande de individuos pero muy pequeño en el total del problema –una medida puramente demagógica, o peor, preelectoral–; parece una buena y justa medida desde el aspecto social, pero no es una medida económica para subsanar la crisis generalizada que vive el sector; la solución tiene que responder a la crisis que igualmente afecta a todos los demás, claro, con una distribución que conlleve justicia social (no se trata de que se refinancie en esas condiciones a los medianos y grandes productores).

Caso contrario es el de la supuesta disminución de costos de 30% de los insumos al permitir su importación a los particulares. Hasta ahora siempre han podido hacerlo si cumplen los requisitos y permisos exigidos. Luego, no se sabe si eso implica que tendrán menos requisitos, pero sí que existía un sobrecosto inexplicable. Y por otro lado solo se podrá aprovechar en economías de escala, lo que beneficiaría a los grandes productores que de hecho ya compiten con las casas distribuidoras, pero no se ve al campesino de los famosos $20 millones importando directamente lo que consume.

Es evidente que con medidas para que se levanten los paros o para conseguir votos no se puede manejar el campo.
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