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¿Si no es Santos, quién?

| 5/2/2013 6:00:00 PM

¿Si no es Santos, quién?

Al presidente Santos le basta con presentar cualquier promesa porque no tiene con quién controvertir su viabilidad o contenido.

por Juan Manuel López Caballero

Comienza la etapa electoral (incluso pasó la primera fecha de inhabilidades) bajo las nuevas reglas de reelección. La preocupación con la reforma que la permitió fue más por la manera de adelantarla que por las consecuencias que traería (entre otras, no se sabía que el gobierno Uribe acabaría todo enjuiciado ni Uribe después –o sea ahora– como loco). Pero en cambio se previó que en adelante los gobiernos serían de 8 años, aunque sin saberse hasta dónde esto sería inevitable, independientemente de lo que resultara ser la gestión de quien fuera el presidente.

Lo estamos viendo ahora.

Del balance de Santos lo menos que se puede decir es que deja mucho que desear (falta de reformas; cero infraestructura; desempleo y desigualdad; más expectativas creadas que respuestas posibles en restitución de tierras, ley de víctimas, vivienda gratis; crisis económica del campo y la industria).

Un mandatario que acabando su tercer año se dedica a prometer multimillones a futuro es porque no puede hacer mucha campaña alrededor de la gestión realizada.

Lo anterior se pretende corregir u ocultar con el plan Pipe (que más que a ‘Productividad y Empleo’ podría referirse a ‘Populismo Electorero’, ya que, como todo gobierno en campaña electoral, aumenta el gasto para mejorar la imagen). Pero la verdad no es ni ‘plan’ ni ‘de choque’.

Un plan de choque que, según dice el Ministro de Hacienda, no afecta las cifras fiscales, no puede tampoco alterar la situación inmediata de la economía. Buena parte de los elementos del ‘Plan’ los contemplaba el presupuesto ya aprobado; de otra parte, según lo dice el comunicado oficial, “no todo se gira este año”; algo también se refiere a traslados presupuestales; y otras medidas son arandelas sin incidencia directa en el propósito declarado. Cuando en términos reales lo que se adiciona ronda apenas 1% del presupuesto nacional, mal se puede esperar un resultado de ‘choque’.

El grueso del ‘plan’ –$2,1 billones– corresponde a vivienda; pero, respecto a las promesas del inicio del Gobierno o de la gran promoción de las ‘casas gratis para los más pobres’, ni siquiera con lo que se destina a subsidios para casas, entre $80 y $200 millones, y los $48.000 millones para vivienda rural, se cumplen las 400.000 soluciones que se suponían construir en el cuatrienio, y no se menciona ni cuántas casas gratis a la fecha se han entregado (parece que ni 2%), ni cuántas faltan por consolidar contratos (parece que cerca de 80%), ni el abandono o la suspensión de cualquier posibilidad de continuar o repetir esa promoción. Los $1,2 billones de ‘medidas arancelarias’ son solo cuentas pero no desembolsos del Gobierno.

Los $711.000 millones para la infraestructura se sumarán al cronograma que hoy hace que apenas para febrero de 2014 se espere el comienzo de los trabajos de las primeras cuatro licitaciones del ‘paquete de $50 billones’ del que tanto habla el Gobierno. En lo que respecta al agro y la industria la pérdida de competitividad por la apreciación del peso no se subsana con medidas como la disminución en costos de energía, o liberando la importación de materias primas y bienes de capital que no se producen en Colombia, o trabajando 24 horas en los puertos, o aumentando las partidas de lucha contra el contrabando.

No significa eso que las medidas sean contraproducentes o no puedan ser beneficiosas; simplemente no cumplen con el propósito que se asegura tienen, y sirven solo el objetivo de mejorar la imagen de un gobierno que ha decepcionado.

Pero no se le da mayor importancia a analizar esto porque lo paradójico es que para efectos del debate sobre la reelección eso no afecta nada pues Santos no lo necesita.

De hecho, el presidente Santos no ha tenido programa, ni representa línea ideológica, ni defiende escuela económica, ni se ciñe a algún modelo de desarrollo (por el contrario, adhiere por inercia al neoliberalismo del Mercado y el no al Estado, no Intervención y no Planeación).

Pero le basta con presentar cualquier promesa porque no tiene con quién controvertir su viabilidad o contenido. Electoralmente no hay rivales en el escenario de derecha; el autodenominado ‘puro centro’ es tan poco serio que hasta Pacho entra en competencia con los otros candidatos, incluso en condiciones ventajosas. En el centro izquierda o izquierda democrática solo Eduardo Verano aparece y, aunque tiene más aceptación e imagen en las filas democráticas que cualquiera de los uribistas en la derecha, es difícil tener suficiente peso para confrontar a Santos y la espuria ‘Dirección del Liberalismo’; en la izquierda, Clara López se desgasta más en hacer distancia de la Marcha Patriótica y de Petro que en abrir un horizonte de concertación para un frente amplio.

La ironía es que los únicos con suficiente arrastre para representar electoralmente corrientes ideológicas son los expresidentes Uribe y Samper. El primero impedido por la Constitución; el segundo probablemente comenzando a oír cantos de sirena, pero consciente de que sus dificultades y su lucha no serían frente a las ventajas del candidato reeleccionista, sino el tener que enfrentar la oposición que alrededor de él mismo se consolidaría. Por eso la pregunta se voltea con resignación o angustia: ‘¿quién, si no es Santos?’.

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