Opinión

  • | 2016/02/04 00:00

    Predicciones: ¿A quién creerle?

    El que mejores predicciones hace no suele ser el más convincente ni el más famoso.

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¿Se firmará el acuerdo de paz con las Farc en marzo? ¿Será aprobado el acuerdo en un referendo este mismo año? ¿Subirán el IVA a 19% o más? ¿Se reabrirá el comercio fronterizo con Venezuela antes de que termine 2016? ¿Cerrará el año con un precio del petróleo de por lo menos US$50? ¿Se mantendrá la tasa de cambio hasta diciembre próximo en un rango entre $3.000 y $3.500?

Responder bien estas y muchas otras preguntas es esencial para diseñar un plan de negocios para este año. Se dedican muchos seminarios y columnas de opinión a responder estas preguntas, pero es difícil saber a quién creerle.

Aquí van algunas lecciones según Daniel Gardner y Philip Tetlock en Superforecasters, seleccionado como uno de los mejores libros de 2015 por el Financial Times y el Economist. En primer lugar, no le crea necesariamente al que mejor habla o a quien presenta sus argumentos en forma más convincente. Los buenos oradores suelen tener la capacidad de ver el mundo a través de un solo lente, pero toda situación difícil de pronosticar está llena de matices y aspectos confusos.

En segundo lugar, tampoco tenga demasiada fe en los expertos de renombre o en los especialistas del tema. Usualmente las predicciones de los famosos dan menos en el blanco que un mico lanzando dardos. Y esto porque los más afamados usualmente tienen posiciones que defender y una gran resistencia a reconocer públicamente sus errores pasados.

Y menos crea en que porque una organización tiene modelos muy sofisticados o enormes recursos de investigación va a hacer las mejores predicciones. Los modelos macroeconómicos más refinados matemática e intelectualmente tienen gran parte de la responsabilidad de grandes crisis no previstas, como la crisis financiera mundial que estalló en 2008. La predicción errónea del enorme sistema de inteligencia de Estados Unidos sobre la presencia de “armas de destrucción masiva” en Iraq es culpable de una guerra cuyas consecuencias aún se están viendo. El problema es que las grandes organizaciones sufren a menudo del síndrome del consenso y, cuando no, del síndrome de los silos. El consenso anula la crítica y el enfoque heterodoxo. Los silos llevan a descuidar las interrelaciones y a ignorar aspectos del problema que no son responsabilidad de nadie.

Pero, entonces, ¿cuáles son los rasgos del “súper pronosticador”? Para responder esta pregunta, Gardner y Tetlock analizaron los pronósticos de 20.000 personas sobre 500 eventos. Quienes hacen las mejores predicciones son generalmente individuos cautelosos: no toman nada como una verdad definitiva; humildes: aceptan que la realidad es demasiado compleja; y nada fatalistas: no creen que el destino sea una explicación de lo que ocurre.

En la forma como piensan, los súper pronosticadores son curiosos insaciables y reflexivos. En sus métodos de trabajo son analíticos, no les tienen miedo a los números y tienen sentido de las probabilidades y sus matices. Y, claro, están dispuestos a trabajar duro para hacer cada vez mejores proyecciones.

Mientras que los buenos pronosticadores son como viejos zorros, que tienen un recurso distinto para cada situación, los malos pronosticadores son más bien como el puercoespín, que siempre reacciona de la misma forma.

Así que no coma cuento, adopte una posición escéptica frente a los gurús y explore con calma quién tiene los rasgos del buen pronosticador. Incluso puede ser usted mismo.

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