Opinión

  • | 2014/08/08 06:00

    El primer estornudo

    La Ronda 2014 de la ANH no salió bien. Esto tiene unas consecuencias importantes para el futuro de la economía en el país.

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Digámoslo claro: la Ronda 2014 de la ANH no salió bien. De 95 bloques en total, solamente se adjudicó 27%. Y el hecho de que el Gobierno tuviese como meta colocar 30% no es un argumento a favor de la Ronda. Más bien refuerza el hecho de que ni siquiera el gobierno, ex ante, consideraba que la ronda iba a salir bien. Y así fue.

Dos cosas positivas. La primera fue que la totalidad de los yacimientos descubiertos no desarrollados, que son los de menor riesgo, fueron adjudicados. La segunda, que se asignaron unas áreas en el offshore, seguramente por las excelentes condiciones que la ANH diseñó para estas últimas, en particular la relajación de la regla de precios altos y barriles acumulados. Anadarko, una compañía petrolera norteamericana independiente con alrededor de 2.700 millones de barriles de reservas, fue la protagonista de la historia del offshore, quedándose con tres bloques y comprometiendo una inversión de US$260 millones, el mayor oferente de toda la Ronda.

Desde el punto de vista de los no convencionales, uno de los pilares de la promoción utilizados para la Ronda 2014, lo que sucedió fue lamentable. De 18 bloques en oferta, solamente se adjudicó uno, a Parex. Las razones fundamentales, en mi opinión, por la falta de interés en los no convencionales, son tres. La primera, lo ocurrido recientemente con los permisos y licencias ambientales en relación con la explotación de hidrocarburos, y las exigencias cada vez más estrictas, algunas rayando en lo absurdo, que hace el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible a la industria. La segunda, que las reglas ambientales para los yacimientos no convencionales se conocieron apenas una o dos semanas antes de que se cerrara la Ronda. Y, la tercera, la perspectiva de que en Colombia los no convencionales difícilmente recibirán licencia social por parte de las comunidades en cercanías a estos bloques.

Saber cuáles fueron las razones por las cuales los resultados fueron los que fueron es importante. Pero igual de importante es entender qué implica para el país y para el futuro de la industria, pues de ello depende mantener el atractivo, cada vez menor, a propósito, de Colombia como destino petrolero.

La consecuencia más de fondo es probablemente fiscal. No es un secreto que las cuentas fiscales del país están apoyadas en no menor medida en los ingresos provenientes de la explotación petrolera, no solamente vía regalías sino también vía impuestos pagados por las compañías petroleras en Colombia. Los presupuestos de la Nación consideran una industria petrolera vigorosa, con producciones llegando a niveles de 1,2 y 1,3 millones de barriles en los próximos dos años, y manteniéndose así por un tiempo. Sin embargo, con la falta de adjudicación de bloques viene la falta de exploración, y así es imposible encontrar crudo adicional para soportar estos ingresos. Este problema se ve acentuado por las miles de promesas de gasto que se han hecho durante los últimos años. Paperos, cafeteros, lo que resulte del proceso de negociación con las Farc y el ELN.…la lista es interminable.

Otra consecuencia de fondo es impedir el desarrollo local de las comunidades donde se explota crudo. Así los enemigos de la industria no lo crean, los efectos de la industria petrolera a nivel local son por mucho más positivos que negativos. La contratación de mano de obra regional, la transferencia de tecnología y la construcción de infraestructura son apenas algunas de las cosas que logra la industria en áreas geográficas relativamente extensas donde, no nos digamos mentiras, en muchos casos nunca va a llegar el Estado colombiano.

Lo fiscal puede tener una solución de corto plazo, en la forma del recobro secundario. Esto es, la aplicación de tecnologías que permitan, en los yacimientos existentes, aumentar el factor de recobro de crudo e incrementar así la producción (sí, efectivamente a lo STAR). Esto debería ocurrir de manera silvestre en los contratos suscritos con la ANH, pues el mercado genera ese incentivo. En los contratos de asociación con Ecopetrol, sin embargo, este incentivo se puede perder dependiendo del plazo y las condiciones de dichos contratos. Bien haría el gobierno nacional en revisar este tema, pues los incentivos en los contratos de asociación no son claros.

Si se revisan las proyecciones de producción de crudo de Colombia hacia futuro, casi todas las curvas muestran una participación no menor de recursos no convencionales. Como estos se alejan cada vez más, hay que ver cómo se saca más jugo de lo ya existente. Y esperemos que, tanto la industria, y en particular el Gobierno, reconozcan el estado de cosas, para ver si se toman las decisiones y las acciones requeridas, y ojalá las mismas no se reflejen exclusivamente en reformas tributarias.
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