Opinión

  • | 2014/09/07 18:05

    Tensión Fiscal

    La infraestructura, la educación y la paz generan crecimiento. ¿Deberíamos excluirlos de la regla fiscal? De pronto, si es con filtro de mercado.

COMPARTIR

Los asistentes a la reciente Convención Bancaria fueron testigos de una tensión seria entre el anuncio de apego estricto a las reglas fiscales que, de una parte, hizo el Ministro de Hacienda, confirmando lo esbozado en el Marco Fiscal de Mediano Plazo donde la inversión pública cae, y los loables y sustanciales programas de gasto que esbozaron sus colegas. Estos, que podríamos llamar los programas nuevos, se suman a faltantes asociados a programas que ya están causados, estimados con prudencia por Villar y Forero en Fedesarrollo en los órdenes de 2 puntos del PIB por año, sin duda van a mantener muy entretenidas las discusiones en Colombia.

Al Ministro de Hacienda le van a llegar, tarde o temprano, creativas argumentaciones girando alrededor de la idea de que tal o cual componente del gasto público no debería formar parte de las restricciones que impone la regla fiscal. Aunque hay razones fuertes para pensar que gastar dinero en mejorar la infraestructura, en mejorar la educación o en consolidar la paz jalonaría crecimiento económico en el futuro, lo cierto es que excluir un componente del gasto de la restricción impuesta por la regla fiscal no es más que una maroma contable que atenta contra nuestra frágil credibilidad institucional.

La alternativa de eliminar proyectos de alto impacto económico y social, en el supuesto de que los tuviéramos listos, tampoco es razonable. Dejar de hacer una carretera, cuya rentabilidad económica y social es alta, por la sencilla razón de que no podemos reducir el gasto en pensiones, es una decisión miope.

Una propuesta para enfrentar la encrucijada es excluir de la regla fiscal proyectos de gasto público en cuya razonabilidad financiera haya apostado el sector privado, patrimonio en mano. A grandes rasgos, la idea es ofrecer en el mercado de capitales títulos de largo plazo cuya rentabilidad sea una función del comportamiento del PIB en el futuro. Si se financian carreteras y el crecimiento económico en efecto sube, una parte importante del recaudo tributario adicional, derivado del mayor crecimiento causado por las carreteras, se trasladaría a los tenedores del bono y ese sacrificio de recursos fiscales futuros se compensaría con ahorros fiscales presentes. Me explico.

El bono que podríamos llamar TESPIB tendría dos componentes. Una tasa de retorno predeterminada, sustancialmente inferior a la tasa de bonos de igual maduración emitidos a tasa fija. Si el bono es a 20 años, por decir algo, y la tasa de los TES con esa maduración es 6%, el componente fijo sería 3% y se pagaría anualmente. El segundo componente estaría atado al comportamiento del PIB observado a lo largo de la vida del bono en relación con una trayectoria estimada con antelación y contenida en el prospecto de la emisión. Suponiendo que esa trayectoria planteara una tasa promedio de 4% anual, cualquier crecimiento por encima de 4%, promediando por ejemplo, las cifras cada 5 años, implicaría un premio para los tenedores de los bonos y este componente flexible podría pagarse en la forma de bullets quinquenales. La idea sería que si al cabo de los 20 años la economía crece 4%, el inversionista termine recibiendo una tasa igual a la de los TES de tasa fija e idéntica maduración, pero si la economía crece 5% el inversionista gane mucho más y si crece 3% gane mucho menos.

Es claro que bajo esta propuesta al Gobierno le toca convencer a los inversionistas que sus programas son serios y que la plata tendrá esos destinos. Muy probablemente, lo ideal sería aislar los proyectos y los TESPIB en patrimonios autónomos claramente delimitados, especiales e intocables. Desde luego, habría fuertes incentivos para que la vigilancia y el control de estos patrimonios autónomos fueran extremadamente cuidadosos y es por eso que, en mi opinión, tienen el mérito para ser excluidos de las restricciones derivadas de la regla fiscal.

El punto de fondo es que el Gobierno publicó en junio un documento según el cual en los años venideros la carga tributaria no sube, la regla fiscal se cumple y la inversión pública baja en grado importante. Este escenario implica tensiones sustanciales, dadas las urgencias que tienen los ministros del gasto y es importante estudiar alternativas distintas a la de seguir ordeñando a las víctimas usuales de nuestro horroroso estatuto tributario.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?