Opinión

  • | 2016/04/14 00:00

    Reflexiones panameñas

    La divulgación de los Panama Papers va mucho más allá que la simple revelación de aquellos quienes utilizan sociedades en ese país para diversos fines.

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Mucho se ha escrito en la prensa en relación con el episodio denominado Panama Papers, que terminó en la filtración de millones de documentos privados de la firma de abogados panameña Mossack Fonseca. Esta divulgación, liderada por el diario alemán Süddeutsche Zeitung, por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y por Connectas en las Américas, se ha concentrado fundamentalmente en revelar los nombres de varios pesos pesados, tanto en Colombia como a nivel global, que tienen sociedades en Panamá.

En el caso de Colombia han salido a la luz pública varios nombres de empresarios y políticos que aparecen en la lista, algunos de los cuales han salido a dar las explicaciones correspondientes. De esta revelación existen cuatro aspectos que quisiera destacar.

El primero es el tamaño de la noticia y el enfoque que se le ha dado a la misma, en el sentido de que, en el fondo, la noticia no es nueva. Desde hace muchos años existen en Colombia individuos y empresas que tienen sociedades en Panamá, utilizadas para diversos motivos, que van desde los legítimos de negocios hasta los turbios y crípticos, consistentes en tratar de esconder del fisco colombiano recursos para evadir impuestos, o para esconder platas con orígenes ilegítimos e ilegales. En otras palabras, la noticia no debería ser sorpresa para nadie.

Esto me lleva a destacar el segundo aspecto de una filtración como esta, y es el fenómeno que este tipo de noticias tienen de meter a todo el mundo en el mismo costal. No todos aquellos que tienen sociedades en Panamá lo hacen para esconder recursos y evadir impuestos. Existen cientos de colombianos que constituyeron estas sociedades de manera legal y legítima, y que las utilizan para realizar giros normales de sus actividades profesionales, las cuales están probablemente declaradas en Colombia. En parte, por ejemplo, por la restricción de tener cuentas en dólares en el territorio nacional, es que algunos se ven obligados a abrir sociedades en Panamá y otros destinos off shore. Pero esto no quiere decir que este tipo de operaciones se hagan a las escondidas, y mal haría la opinión pública en juzgar a todos con el mismo rasero. Aunque esto –como todos sabemos– es difícil, pues la opinión casi siempre es implacable.

Los otros dos aspectos de los Panama Papers tienen que ver con algunas reflexiones que creo yo hay que hacerse y que son mucho más de fondo que la noticia revelada hasta ahora. El primero tiene que ver con las “licencias” otorgadas en el mundo actual para operar en relación con el surgimiento de las redes sociales. Mientras antes la sanción a alguien que infringía la ley se impartía a través de la justicia, hoy además existe un mecanismo de sanción más complejo, que es el de la sanción inmediata de la sociedad. Hoy en día la información se conoce de manera inmediata a través de las redes y la gente se forma su opinión en cuestión de segundos, generando olas de rechazo o aprobación a ciertas actuaciones. Si se combina este fenómeno con el de “un solo costal” que mencioné arriba, lo que tenemos en las manos es una verdadera bomba atómica que hasta ahora se está conociendo y aprendiendo a manejar.

Finalmente, la última reflexión gira en relación a la seguridad de los sistemas y la tecnología. Es aterrador pensar que la información privada está a disposición de un puñado de muchachos con un computador que son capaces de “hackear” un sistema informático y acceder a información privada e íntima. Esto no solamente presenta retos para la arquitectura informática a nivel global, en términos de ciber-seguridad, sino que implica unos retos enormes para los aparatos de justicia nacionales e internacionales que hoy, en mi entender, no pueden actuar sobre información conseguida a través de estos mecanismos.

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