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¿Qué pasa con el arroz?

| 2/24/2013 4:00:00 PM

¿Qué pasa con el arroz?

Al arroz y a la reciente protesta de los cultivadores no se les ha dado la relevancia que merecen.

por Juan Manuel López Caballero

El arroz es el consumo básico de los colombianos; sigue al café en cobertura regional (de él depende la economía de más de doscientos municipios), en cantidad de hectáreas utilizadas (350.000), en generación de empleo, y en valor total de la cosecha; pero es además el de más inversión en adecuación de tierras (distritos de riego), y con los complementos de transporte (2,6 millones de toneladas en paddy y 1,3 en blanco) y requerimientos de insumos y de proceso industrial es el que más pesa en la economía vinculada al campo.

En los dos últimos años la productividad por hectárea ha disminuido en promedio en el país en cerca de 30% (en unas regiones más que en otras) por lo que se ha conocido como ‘la bacteria’, que aún no se sabe exactamente qué la causa o cómo se complementa con otros males (en particular el cambio climático). Con un faltante de entre 5% y 15% somos casi autosuficientes, pero es el producto de mayor protección aduanera (70%).

La CAN abre las puertas de la producción ecuatoriana y peruana cuya ventaja reside en sus costos sensiblemente menores (de aranceles en los insumos, de combustibles, de mano de obra, etc.), y las trabas legales –fitosanitarias, etc.– que se puedan poner son simplemente sustituidas por el contrabando. Como no hay integración de agricultores y molineros y el producto solo se puede comercializar pasado por el molino, los productores son la contraparte de los industriales; dentro de un modelo típicamente oligopólico, de estos últimos los cinco más grandes tienen cerca de 80% (los dos primeros más de 50%) del manejo del proceso, adquiriendo la cosecha de 20.000 agricultores, creándose una doble posición dominante, ante los proveedores y en la industria.

La mayoría de los cultivadores no son dueños de las tierras ni de la maquinaria y por esto entran y salen según las condiciones del momento; los ciclos así son inevitables y con ello las variaciones de precios al productor muy marcadas.

¿Qué está pasando hoy?

A estas condiciones se suma el TLC con nuevos actores (v.gr. grandes superficies –tipo Éxito–) que entrarán importando arroz blanco sin depender de los molinos; y con Fedearroz siendo la parte colombiana en el trader que recibe sus ingresos por el diferencial de precios interno y externo que se generan con la importación. Como ella maneja el Fondo Nacional del Arroz y la cuota de fomento arrocero de todos los productores y, además, ejerce la representación gremial, se crea una situación en la cual ella misma pasa a ser su propia competencia.

En cuanto al Gobierno, al estimar un faltante del orden de 250.000 toneladas asumió que lo mejor es adelantarse a subsanarlo; con los tratados internacionales se compensaría ese déficit y al mismo tiempo la importación debería bajar el precio al consumidor. Así aprobó la importación de 90.000 toneladas de la CAN, las 79.000 de las subastas del TLC correspondientes a 2012, y se adelantaron las subastas de 2013 comenzándolas en febrero.

Los molineros que fijan el precio al productor entran en la subasta de los permisos de importación; al desaparecer la necesidad de comprar localmente destinan a eso sus recursos; por eso su interés los lleva a que el precio ofrecido internamente no sea para abastecerse del producto nacional sino para usarlo de referencia en el valor del diferencial con la importación y, por eso, la revaluación del peso también gravita en contra del precio interno.

Así, a la disminución de la producción se agrega que el precio que recibe el agricultor cayó en un 30%. Los molinos importadores se llenaron de inventarios adelantados, afectando las expectativas de compra en la cosecha que entra. Y como los costos en la cadena productiva subieron cuando por la ‘bacteria’ se disparó el precio del paddy, pero no han bajado con esa caída, ese desfase hace que cualquier resultado sea de pérdidas en el cultivo. El resultado de este modelo de intervenciones improvisadas y casuísticas del Estado, sin proyecto de mediano o largo plazo, es que el consumidor tiene el arroz más caro del hemisferio mientras todo parece converger hacia acabar con el productor.
La pregunta es: ¿El caso del arroz es un mal de un sector o la manifestación de una crisis general? La protesta de los arroceros se sumó a la de los cafeteros, de todos los rubros de la agricultura, de la industria, a la coyuntura del sector carbonífero, etc.

Revaluación, TLC, ‘enfermedad holandesa’, o crisis del modelo ‘minero-energético’, el hecho es que las alarmas están prendidas en todos los sectores generadores de riqueza del país, que ni están contribuyendo a crearla, ni viviendo la bonanza que proclama el Gobierno.

Amparos piden tanto actividades antes líderes –los textiles o el café–, como el nuevo sector exportador o las tradicionalmente poco afectadas por las medidas o políticas gubernamentales como la ganadería.

De donde surge la otra pregunta: ¿crisis temporal o fracaso del modelo?

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